El empresario plantea que el verdadero reto del turismo en el país es mantener un crecimiento sostenido con orden y reglas claras, porque, desde su visión, “crecer es importante, pero crecer con orden es imprescindible”.
El crecimiento en valor, impulsado por turismo y “premiumización”, redefine un mercado del vino dominado por importaciones y presionado por la carga fiscal.
Más de 4.6 millones de botellas de cerveza se consumen diariamente en el país, mientras las fábricas amplían su portafolio hacia segmentos premium y de mayor valor agregado.
La reconfiguración de las cadenas globales de valor también abre la posibilidad de que la República Dominicana se convierta en una plataforma logística y productiva en el Caribe.
Nuevas preferencias del consumidor de bebidas espirituosas empujan a los productores de ron y Whisky a elevar el nivel de la calidad de sus propuestas.
El crecimiento del mercado mundial del ron y la premiumización de la categoría impulsan el posicionamiento internacional de etiquetas dominicanas junto a destilados de Guatemala, Barbados o Venezuela.
La ecuación industrial dominicana cambió. No es solo menos camisetas. Es más complejidad, más cumplimiento, más integración en cadenas donde la calidad no es negociable.
Industria, promoción comercial y marcas coinciden en que la DO “Ron Dominicano” comienza a transformar la narrativa internacional del destilado: de producto tradicional a categoría aspiracional vinculada al origen, la trazabilidad y el lujo.
Proyectos en Miches, Cabo Rojo y Punta Bergantín, que sumarán unas 10,000 habitaciones al sector, abren una nueva era del turismo, que apunta a un visitante que aprecia el lujo y la sostenibilidad.