El gasto por atleta, las estadías extendidas y el perfil de consumo elevan el atractivo de un segmento que busca consolidarse entre retos fiscales y de competitividad.
A las seis de la tarde del sabado, cuando cerraba la zona de transición del Ironman 70.3 Cap Cana, cientos de bicicletas quedaban estacionadas bajo estricta vigilancia. No eran bicicletas comunes. Entre todas, acumulaban cerca de US$10 millones en valor, según estimaciones de los organizadores. Algunas costaban más que un vehículo de gama media. Otras habían viajado miles de kilómetros junto a atletas.
Pero esas bicicletas son apenas una pieza visible de una cadena de consumo más amplia entre hospedaje, alimentación especializada, bienestar, transporte, equipamiento técnico, entrenamiento, experiencias turísticas e incluso potencial inmobiliario. Justo esta escena resume el negocio que República Dominicana busca desarrollar alrededor del turismo deportivo premium.
Más allá de la competencia, eventos como el Ironman 70.3 funcionan como una vitrina de un ecosistema económico ligado al wellness, el deporte y experiencias de mayor valor agregado, precisamente el tipo de visitante de alto gasto que el destino busca atraer en su apuesta por diversificar la industria turística.
En esa apuesta, Cap Cana se ha convertido en un laboratorio para medir el potencial del segmento. Este evento llega a un destino que ya concentra infraestructura vinculada al deporte, desde campos de golf hasta marina deportiva, dentro de una oferta de más de 9,000 habitaciones (unas 3,000 hoteleras) y un modelo que combina turismo, residencia y experiencias de bienestar. La intención no es limitarse a albergar un evento de alto perfil, sino probar si el deporte puede convertirse en otro motor de atracción de visitantes de mayor gasto.
“Es un evento que impacta positivamente a muchas áreas”, explica Wilber Anderson, CEO de SBR Sports, empresa organizadora del Ironman 70.3 Cap Cana. “El año pasado hubo un gasto promedio de US$4,800 por grupo familiar. Esos grupos familiares de atletas son de 3.7 personas y ese monto no incluye ticket aéreo”, afirma.

La ecuación económica del evento no se limita al atleta. Según Anderson, el impacto ocurre porque el visitante suele permanecer entre cinco y seis días en el país, mientras algunos prolongan la estadía hasta dos semanas. “Estamos hablando de un impacto económico alrededor de US$6 millones para el área, para Cap Cana y para República Dominicana”, sostiene.
La lógica del turismo deportivo premium apunta justamente hacia ese perfil de visitante: menos volumen y mayor capacidad de gasto. Javier Herrera, director ejecutivo de SBR Sports en República Dominicana, plantea que competir frente a destinos con más tradición en triatlón (como México, Colombia o Costa Rica) no pasa necesariamente por cantidad de atletas o tamaño del mercado.
“No es un tema de tamaño, es un tema de calidad”, afirma. Aunque reconoce que otros países cuentan con comunidades deportivas más amplias y años organizando competencias Ironman, sostiene que República Dominicana intenta posicionarse desde otra propuesta de valor: infraestructura, amenidades y experiencia del visitante.
La estrategia se apoya particularmente en Cap Cana. Anderson define el destino como el “factor diferencial” que explica la posibilidad de construir una edición premium del circuito global. “Aquí hay seguridad, carreteras, infraestructura hotelera, restaurantes, entrenamientos, gimnasios, playa. Eso es lo que da el toque premium”, señala.
Herrera va más allá y asegura que dentro de la marca existe una evaluación para posicionar a Cap Cana como una edición VIP dentro del ecosistema Ironman. “Ya Ironman como marca está pensando poner el nombre del Ironman 70.3 Cap Cana como el Ironman VIP a nivel mundial”, afirma.
La apuesta no es menor si se considera el perfil económico del atleta de resistencia. El propio Herrera utiliza una imagen para explicar el tipo de consumidor al que apunta este segmento: “Hoy por la tarde, en transición, amanecen US$10 millones en bicicletas”. Según detalla, una bicicleta de nivel medio puede costar alrededor de US$3,000, mientras modelos de alta gama superan los US$20,000.
Ese poder adquisitivo modifica la lógica tradicional del turismo deportivo. Para Jorge Subero Medina, presidente ejecutivo de Cap Cana Ciudad Destino, no se trata de sustituir el turismo de lujo, sino de complementarlo con nuevas categorías de consumo.
“No es cuestión de discriminar un turismo de otro, es cuestión de complementar el turismo de República Dominicana”, afirma. “El que tiene una bicicleta y compite tiene una bicicleta de US$20,000. Sigue teniendo ciertos privilegios”.
Subero explica que la visión de Cap Cana consiste en construir un ecosistema donde deporte, wellness, residencia y turismo convivan bajo una misma lógica de permanencia. El complejo cuenta con más de 9,000 habitaciones, de las cuales más de 3,000 corresponden a hotelería, pero insiste en que el modelo trasciende la ocupación hotelera.
“Nosotros estamos creando una ciudad”, sostiene. “Tú tienes colegio, bancos, supermercados. Estamos apostando al turismo wellness, a que las personas se mantengan haciendo ejercicio”.
La aspiración de largo plazo es que el turista deportivo se transforme en un visitante recurrente o incluso en un inversionista. “El turista que vino aquí a este evento posiblemente viene el año que viene, posiblemente se convierte en turista inversionista”, dice Subero.
Sin embargo, el negocio del turismo deportivo premium también enfrenta limitaciones estructurales.
Herrera identifica una de ellas en la carga tributaria sobre productos deportivos importados. “Estamos hablando de un ad valorem de alrededor de 20% y encima un impuesto sobre otro impuesto; si no me equivoco da cerca de un 42%”, explica.
El impacto, asegura, ya ha tenido consecuencias concretas para el evento. Relata el caso de la marca colombiana Suárez, encargada de comercializar indumentaria deportiva durante la primera edición del Ironman. Aunque, según cuenta, las ventas fueron positivas, la empresa decidió no regresar.
“Nos dijeron: nos encanta acompañarte, pero los impuestos nos mataron”, afirma Herrera.
La logística también representa un costo relevante. Transportar bicicletas de competencia puede añadir entre US$200 y US$300 al presupuesto de viaje de un atleta internacional. Para reducir esa barrera, SBR Sports alcanzó un acuerdo con Arajet, mediante el cual los competidores que viajan con la aerolínea reciben transporte gratuito para sus bicicletas.
“Siempre se le puede buscar la vuelta”, dice Herrera, aunque insiste en que desarrollar una industria de turismo deportivo requiere coordinación entre sector privado, patrocinadores y autoridades.
A su juicio, todavía existe un déficit de comprensión empresarial sobre el potencial económico de este mercado. “Hay muchas marcas que saben lo que es un Ironman, pero muchas otras no. Quisiera que las empresas vinieran, vieran de qué se trata y apoyaran mucho más”, señala.
El desafío también pasa por construir comunidad deportiva local. Anderson sostiene que la sostenibilidad del modelo no depende exclusivamente de traer eventos internacionales, sino de ampliar la base de atletas nacionales.

“No puedes tener muchos eventos si no tienes comunidad”, afirma. Según los organizadores, República Dominicana ya es el país con mayor representación dentro del Ironman 70.3 Cap Cana 2026 y la comunidad local de triatletas registró un crecimiento de 33%.
El dato sugiere una transición importante: el turismo deportivo premium no solo depende de atraer visitantes extranjeros, sino de construir un mercado interno capaz de sostener el ecosistema durante el resto del año.
El negocio detrás de este segmento, coinciden los organizadores y desarrolladores, no está únicamente en una carrera de un día. Está en la capacidad de transformar un evento deportivo en una plataforma de consumo extendido, permanencia turística y relaciones de largo plazo con visitantes de alto gasto. El reto, ahora, consiste en determinar si República Dominicana puede convertir esa oportunidad en una industria más allá de eventos puntuales.

Es así como el turismo deportivo premium (particularmente el vinculado a deportes de resistencia como el triatlón) emerge como uno de los nichos bajo observación, no solo por la capacidad de atraer viajeros internacionales, sino por el perfil económico del atleta, el tiempo de permanencia y el gasto asociado a quienes suelen viajar acompañados.
