Construir el sistema eléctrico del futuro no consiste únicamente en instalar nuevos activos. También implica desarrollar las capacidades necesarias para que esos activos entreguen el máximo valor a lo largo de toda su vida útil.

Cuando se habla del futuro energético de República Dominicana, la conversación suele centrarse en la capacidad que el país necesita incorporar para acompañar su crecimiento. La discusión es lógica. La demanda continúa aumentando, la matriz energética sigue evolucionando y el sistema requiere inversiones constantes para responder a las necesidades de una economía cada vez más dinámica.

Sin embargo, existe otro aspecto de la transición energética que merece una atención similar: las capacidades necesarias para operar el sistema que estamos construyendo.

Durante años, el sector se ha enfocado en desarrollar infraestructura. Nuevas plantas, nuevas tecnologías y nuevos proyectos han sido el motor de una transformación que continúa avanzando. Pero a medida que el sistema gana sofisticación, también aumenta la necesidad de contar con profesionales capaces de gestionar esa complejidad.

La industria energética siempre ha sido una industria de conocimiento. Detrás de cada activo existe una combinación de experiencia técnica, criterio operativo y capacidad para tomar decisiones en entornos donde la confiabilidad es fundamental. Lo que está cambiando ahora es la cantidad de información disponible para respaldar esas decisiones.

La inteligencia artificial está acelerando esa transformación. Herramientas capaces de analizar grandes volúmenes de datos, identificar tendencias operativas o anticipar posibles desviaciones comienzan a formar parte de la realidad cotidiana del sector energético. Ya no se trata únicamente de contar con información. La diferencia está en la capacidad para convertirla en acciones concretas.

Esto está redefiniendo el papel de muchas funciones dentro de la industria.

Los equipos de operación tienen hoy acceso a más información que nunca. Los especialistas responsables del mantenimiento pueden apoyarse en análisis avanzados para identificar oportunidades de mejora y optimizar recursos. Los responsables de la gestión de activos pueden tomar decisiones con una visión más amplia sobre desempeño, disponibilidad y eficiencia.

No obstante, ninguna de estas herramientas elimina la necesidad de conocimiento técnico. Más bien ocurre lo contrario.

La incorporación de nuevas capacidades digitales está elevando el valor de la experiencia humana. Interpretar resultados, validar recomendaciones, comprender las particularidades de cada instalación y tomar decisiones con criterio siguen siendo responsabilidades que dependen de las personas.

Esta realidad también está transformando la forma en que se desarrolla el talento dentro del sector. El aprendizaje ya no termina cuando un profesional concluye su formación técnica inicial. La velocidad con la que evolucionan las tecnologías obliga a mantener una actualización constante, combinar conocimientos tradicionales con nuevas competencias y promover una cultura de aprendizaje continuo.

Lo mismo ocurre con la transferencia de conocimiento. A medida que los sistemas se vuelven más sofisticados, el intercambio de experiencia entre especialistas, operadores y equipos de servicio adquiere una importancia creciente. Desarrollar capacidades locales, fortalecer el talento técnico y asegurar que el conocimiento permanezca dentro del ecosistema energético será tan importante como seguir incorporando infraestructura.

Para República Dominicana, esta es una oportunidad que acompaña de forma natural la evolución del sector. Las inversiones seguirán siendo fundamentales. También lo será la incorporación de nuevas tecnologías. Pero el verdadero potencial de esas inversiones dependerá, en gran medida, de las personas que las operen, mantengan y optimicen durante las próximas décadas.

La transición energética exige más capacidad, más innovación y más infraestructura. Sobre eso existe poco debate.

La pregunta es si estamos prestando la misma atención al desarrollo del talento que permitirá aprovechar todo ese potencial.

Porque construir el sistema eléctrico del futuro no consiste únicamente en instalar nuevos activos. También implica desarrollar las capacidades necesarias para que esos activos entreguen el máximo valor a lo largo de toda su vida útil.

El autor es general manager, Service Sales Americas Central Region Wärtsilä

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.