Construir el sistema eléctrico del futuro no consiste únicamente en instalar nuevos activos. También implica desarrollar las capacidades necesarias para que esos activos entreguen el máximo valor a lo largo de toda su vida útil.
La transición energética no se mide únicamente en megavatios renovables instalados, sino en la capacidad del sistema para gestionarlos de forma confiable, eficiente y sostenible en el tiempo.
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