Este incremento en derechos tiene un efecto dominó trasladando los costos al consumidor. En Estados Unidos el gasto mensual promedio en streaming ya supera los 70–90 dólares, pero los fanáticos deportivos podemos duplicar esa cifra fácilmente.
Seguir un deporte en 2026 ya no es solo una pasión; es una decisión financiera.
Lo que antes para mí era una experiencia relativamente simple, tener un paquete de cable y una suscripción a MLB.TV, la plataforma de la Major League Baseball (MLB), (de la cual fui un “early adopter”), se ha transformado en un ecosistema fragmentado, costoso y cada vez más complejo.
Para nosotros, los fanáticos internacionales, esa fricción se multiplica: la distancia elimina la experiencia en vivo y deja al streaming como única vía de conexión emocional con su equipo.
En 2026, esa simplicidad ha sido reemplazada por un entramado de plataformas, licencias y paquetes que pueden acercarse a los 1,000 dólares por temporada para un solo equipo.
Les pongo el siguiente ejemplo, soy un fanático de los Mets de Nueva York y solía ver parcialmente los 162 juegos de la temporada regular. Pero ahora, algunos viernes del año, los Mets solo se ven por Apple TV+ (usualmente en enfrentamientos atractivos), como parte de la asociación exclusiva entre MLB y el gigante de Cupertino, lo que “me obliga” a agregar esa suscripción.
Detrás de esta fragmentación hay una lógica clara que busca maximizar ingresos en un mercado en transición.
La temporada 2026 de la MLB arrancó con partidos exclusivos en Netflix (otra suscripción) una señal de cómo el deporte en vivo se ha convertido en uno de los activos más codiciados del ecosistema digital y la razón es que el deporte sigue siendo uno de los pocos contenidos que garantiza audiencias masivas en tiempo real, lo que sostiene precios publicitarios premium.
En términos económicos, el modelo le está funcionando a las ligas:
- La National Football League (NFL) genera alrededor de 11,000 millones de dólares (mdd) anuales en derechos de transmisión, con proyecciones que podrían superar los 15,000 mdd en el próximo ciclo de contratos.
- La National Basketball Association (NBA) negocia acuerdos que apuntan a más de 70,000 mdd en 10 años, casi triplicando su contrato anterior.
- La MLB aunque más fragmentada, supera los 2,000 mdd anuales en acuerdos nacionales, sin contar los lucrativos contratos regionales.
Para las plataformas, el deporte también es una inversión estratégica:
- Amazon paga cerca de 1,000 mdd al año por Thursday Night Football, apostando a convertir Prime Video en un hub deportivo.
- YouTube desembolsó aproximadamente 2,000 mdd anuales por el paquete NFL Sunday Ticket, integrándolo en YouTube TV.
- Apple firmó un acuerdo de 2,500 mdd por 10 años para transmitir la Major League Soccer en Apple TV+.
Este incremento en derechos tiene un efecto dominó trasladando los costos al consumidor. En Estados Unidos el gasto mensual promedio en streaming ya supera los 70–90 dólares, pero los fanáticos deportivos podemos duplicar esa cifra fácilmente. El resultado es un costo acumulado cercano a los 800–1,000 dólares por temporada, dependiendo del consumo.
Sin embargo, el mercado muestra señales de saturación. El crecimiento de suscriptores en streaming se ha desacelerado y la rotación (churn) aumenta, especialmente cuando los usuarios nos suscribimos solo por eventos específicos.
La próxima fase de esto no será solo sobre quién tiene los derechos, sino quién logra simplificar el acceso sin sacrificar ingresos, es absurdo tener que suscribirse a múltiples plataformas para seguir a tu equipo y en un mercado donde el contenido premium ya está distribuido, la ventaja competitiva podría estar en reducir la complejidad.
Porque si algo está claro, es los fanáticos ya estamos pagando el precio, en todos los sentidos.
El autor es MBA, MS Mktg, estratega en Comunicación, country Manager de Forbes Republica Dominicana
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