Cuando una empresa genera confianza, todo fluye con mayor facilidad. Las decisiones se toman más rápido, los acuerdos requieren menos aprobaciones y los clientes se lo piensan menos al momento de cerrar un negocio.
Hoy en día, la reputación corporativa no es sinónimo de imagen ni de notoriedad. Es la valoración que los distintos grupos de interés hacen sobre la consistencia entre lo que una empresa promete y lo que hace.
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