Con 25 años en el mercado de la moda y ocho al frente de RDFW, la diseñadora ha construido una trayectoria que combina emprendimiento, clientela propia y una apuesta por proyectar a nuevas generaciones.

Antes de dirigir República Dominicana Fashion Week (RDFW), Melkis Díaz tenía un negocio que crecía lejos de los reflectores. Su nombre circulaba entre clientas que buscaban vestidos a medida, diseños para novias y quinceañeras, y soluciones de vestuario para ocasiones especiales. No le atraían las cámaras ni la exposición pública. Su prioridad era trabajar y construir una cartera de clientes.

De hecho, su camino empresarial comenzó mucho antes de asumir la dirección de una de las principales plataformas de moda del país. Estudió diseño desde los 17 años y, a los 26, decidió apostar por su propio proyecto. En 2006, tras la muerte de su hermana, compró las máquinas de coser de su taller y alquiló un pequeño local en la avenida Roberto Pastoriza, en Santo Domingo. Con aquel espacio y los primeros encargos comenzó a construir una empresa que crecería, en buena medida, gracias a las recomendaciones de sus clientas.

Díaz entendió que mantenerse en la moda exigía algo más que diseñar vestidos. Durante sus 25 años de trayectoria ha diversificado su oferta entre vestidos de novia, quinceañeras y prendas a medida, además de uniformes empresariales, servicios de imagen corporativa y capacitación para empresas. Esa combinación le ha permitido atender distintos segmentos y sostener relaciones comerciales más allá de las tendencias de cada temporada.

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“Siempre he manejado una cartera de clientas que son las que consumen mi producto”, explica. Su experiencia le ha dado una perspectiva que hoy traslada a los diseñadores emergentes: la creatividad puede abrir puertas, pero la permanencia depende también de entender al cliente, construir una oferta y encontrar quién esté dispuesto a pagar por ella.

Su llegada a RDFW representó un giro en una trayectoria que hasta entonces había mantenido lejos de la exposición pública. La plataforma nació en 2009 bajo la dirección del diseñador Jorge Diep. Antes de morir, este le pidió que asumiera el liderazgo del evento, una propuesta que Díaz recuerda haber recibido con dudas sobre su capacidad para hacerse cargo de una iniciativa ya establecida. También atribuye a sus convicciones espirituales parte de la decisión de aceptar el desafío.

Al frente de RDFW, su papel dejó de limitarse al desarrollo de su propia marca. La diseñadora asumió el reto de gestionar una plataforma para la moda dominicana y ampliar las oportunidades de quienes buscan abrirse camino en la industria. Cada año, más de diez jóvenes talentos participan gratuitamente en el evento, mientras las alianzas con otras semanas de la moda y plataformas internacionales buscan conectar a los creadores locales con nuevos espacios de exposición.

Pero su apuesta no consiste simplemente en llevar diseñadores a una pasarela. Díaz quiere que el talento dominicano encuentre oportunidades para convertirse en negocio. Esa distinción atraviesa su manera de entender la industria y el papel que debe desempeñar RDFW.

“Hay diseñadores que entienden el negocio de la moda, otros son artistas”, sostiene. Para ella, la propuesta creativa necesita encontrar un punto de encuentro con la viabilidad comercial: que las colecciones no se queden en el impacto visual de un desfile, sino que despierten el interés de compradores, generen pedidos y encuentren un mercado. La exposición, bajo esa lógica, es un punto de partida, no el resultado final.

Melkis Díaz, diseñadora y directora de República Dominicana Fashion Week (RDFW), apuesta por impulsar a nuevos talentos y conectar la creatividad de la moda dominicana con oportunidades de negocio, producción y expansión internacional.
Melkis Díaz, diseñadora y directora de República Dominicana Fashion Week (RDFW), apuesta por impulsar a nuevos talentos y conectar la creatividad de la moda dominicana con oportunidades de negocio, producción y expansión internacional.

Su visión también alcanza las condiciones que rodean al sector. Díaz considera que el país dispone de talento, pero todavía necesita capacidad de manufactura especializada para que los diseñadores puedan producir sus colecciones a mayor escala y con estándares de calidad consistentes. Defiende, por tanto, una respuesta que vaya más allá de los eventos: incentivos, alianzas e infraestructura que permitan conectar el diseño con una industria capaz de sostenerlo.

La empresaria que comenzó con unas máquinas de coser en un pequeño local dirige hoy una plataforma que reúne diseñadores y busca abrirles puertas fuera del país. Entre su negocio y RDFW hay una misma línea de trabajo: construir oportunidades que no dependan exclusivamente del talento individual, sino también de la capacidad de convertirlo en una actividad comercial viable. Su desafío, ahora, es que esa visión contribuya a que la moda dominicana no solo tenga dónde mostrarse, sino también dónde producir, vender y crecer.