Expertos reunidos en el primer panel de Forbes & Ericsson Innovation Day 2026 coincidieron en que el país ha avanzado en conectividad, pero necesita fortalecer el uso productivo de la tecnología, la infraestructura de datos, las habilidades digitales y la ejecución de sus estrategias.
República Dominicana ha avanzado en la expansión de su infraestructura digital, pero el próximo desafío no está únicamente en conectar a más personas, sino en convertir esa conectividad en productividad, inclusión, mejores servicios públicos y nuevas oportunidades económicas.
Ese fue uno de los principales puntos de coincidencia durante el panel “Retos y oportunidades de la transformación digital en República Dominicana”, el primero de la agenda de Forbes & Ericsson Innovation Day 2026. La conversación reunió a Julissa Cruz Abreu, directora de Infraestructura Digital Sostenible del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF); Sandy Ramírez, Blockchain Research and Data Analyst del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD); y Rainier Mallol, especialista en inteligencia artificial, bajo la moderación de Pamela Araico, vicepresidenta de Relaciones con Gobierno e Industria para Latinoamérica Norte y Caribe de Ericsson.
El reto ya no es solo conectar
Araico abrió la conversación con una pregunta que marcó el tono del panel: ¿dónde está hoy República Dominicana en su proceso de transformación digital y hacia dónde debe avanzar? La respuesta de Cruz Abreu partió de una posición que, según explicó, coloca al país en una situación favorable frente a otras economías de la región.
La ejecutiva de CAF señaló que República Dominicana cuenta actualmente con el 100% de sus municipios conectados mediante fibra óptica, más del 70% de la población con acceso a redes 5G y alrededor de 98% de cobertura poblacional mediante 4G. También destacó la conectividad internacional del país y las perspectivas de ampliarla con nuevas inversiones en infraestructura digital.

Pero, para Cruz Abreu, el salto cualitativo comienza precisamente después de alcanzar esa cobertura. Hace una década, explicó, el objetivo principal era conseguir que las personas se conectaran. Ahora la pregunta es qué hacen las personas, empresas e instituciones con esa conexión.
Ahí entra el concepto de conectividad significativa, que incorpora variables como el acceso a dispositivos, la asequibilidad, las habilidades digitales, la productividad, la educación, el empleo, el emprendimiento y la ciberseguridad.
“Estamos muy bien” en infraestructura de conectividad, indicó Cruz Abreu, pero el país todavía enfrenta desafíos para acelerar la transformación digital. Entre ellos ubicó la necesidad de fortalecer la infraestructura de datos, especialmente la del Estado, y avanzar en la soberanía de los datos para aprovechar la inteligencia artificial en el diseño, implementación y medición de las políticas públicas.
“Lo más importante es lograr esta infraestructura digital. Ahora también hace falta infraestructura de datos. República Dominicana cuenta con una Agenda Digital 2030, una estrategia nacional de inteligencia artificial y una estrategia nacional de innovación que están implementándose, pero creo que en términos de infraestructura hace falta mejorar las condiciones de infraestructura de datos para el Estado”, dijo.
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Datos, interoperabilidad y derechos digitales
Ese punto conectó con la intervención de Sandy Ramírez, quien llevó la conversación desde la infraestructura física hacia lo que ocurre cuando los sistemas comienzan a intercambiar información.
Ramírez explicó que República Dominicana ya ha transitado desde el gobierno electrónico hacia modelos de gobierno digital y cuenta con elementos de una infraestructura pública digital, como sistemas de pagos y una plataforma nacional de interoperabilidad. Según señaló, esta última conecta actualmente a unas 90 instituciones para el intercambio de datos e información.
Pero esa integración también genera nuevas responsabilidades. A medida que más sistemas públicos se conectan entre sí y concentran información de los ciudadanos, aumentan las exigencias de protección de datos, privacidad y seguridad.

Por eso, el PNUD ha trabajado en una hoja de ruta de cinco años para fortalecer las salvaguardas de esa infraestructura. Ramírez planteó que la transformación digital debe avanzar acompañada de reglas, controles y mecanismos que protejan los derechos de las personas en el entorno digital. “El reto de la República Dominicana en el día de hoy no es tecnológico”, sostuvo.
“Cuando el gobierno también decide que la conectividad va a ser un canal para dar servicio a las personas, entramos en otro punto de partida. Nosotros solemos hablar de las personas detrás de un sistema como usuarios, pero son ciudadanos y su relación, aunque sea por un canal digital, sigue estando sujeta a que tienen derechos”, añadió.
La inteligencia artificial abre otra competencia
La discusión cambió entonces hacia la inteligencia artificial. Araico planteó que hablar de conectividad futura implica necesariamente discutir cómo el país puede aprovechar la IA para transformar sectores y generar oportunidades.
Para Rainier Mallol, República Dominicana tiene talento y condiciones para participar de esa economía, pero debe elevar la ambición con la que define sus objetivos. En lugar de limitarse a comparar su avance con países de la región, planteó que el país debe identificar dónde puede competir y qué parte de la cadena de valor de la inteligencia artificial puede desarrollar.

Su preocupación central no fue únicamente tecnológica. Mallol llevó la conversación hacia empleo, empresas y productividad. A medida que las herramientas de IA puedan ejecutar determinadas tareas con menos intervención humana, el país tendrá que prepararse para los cambios que esto producirá en las organizaciones y en el mercado laboral.
Para el especialista, existe una oportunidad para que República Dominicana no sea solamente consumidora de tecnología, sino que participe en su desarrollo y entrenamiento. Esto supone, entre otras cosas, aprovechar el talento local y las capacidades profesionales existentes en áreas como medicina, derecho y economía.
Ese planteamiento coincidió con Cruz Abreu, quien insistió en que el siguiente paso debe ser utilizar la conectividad y la IA en los sectores productivos. La ventaja que ofrece la infraestructura 5G, explicó, debe trasladarse a actividades concretas capaces de generar productividad y crecimiento económico.
Mipymes y habilidades digitales
En ese punto, la formalización y digitalización de las mipymes aparecen como uno de los desafíos pendientes. Cruz Abreu señaló que República Dominicana cuenta con avances importantes en interoperabilidad y servicios digitales, pero todavía existe una brecha en la adopción tecnológica de pequeños negocios.
Para cerrarla, consideró necesario profundizar el diálogo entre el sector público y privado y desarrollar políticas que permitan elevar tanto la formalización como la digitalización de las mipymes.
La discusión también incluyó las habilidades digitales. Cruz Abreu planteó que una parte importante de la población todavía necesita desarrollar capacidades que permitan pasar del uso de internet para entretenimiento a un aprovechamiento orientado a educación, empleabilidad, emprendimiento e inteligencia artificial.
Ramírez añadió que no basta con medir cuántas personas tienen acceso a internet. El verdadero impacto debe observarse en cómo esa conectividad cambia las condiciones de vida. Para ello, dijo, las políticas deben prestar atención diferenciada a jóvenes que no estudian ni trabajan, población rural y grupos de mujeres, entre otros sectores vulnerables.

De las estrategias a la ejecución
En la parte final del panel apareció una palabra que terminó conectando las distintas intervenciones: ejecución. Mallol sostuvo que República Dominicana ha desarrollado planes y estrategias, pero el desafío ahora consiste en llevarlos a la práctica con mayor coordinación entre Gobierno, sector privado y sociedad. Su planteamiento fue pasar de la planificación a la implementación y medir los resultados concretos que producen las herramientas digitales.
“Necesitamos ya colocar esos planes en la acción. Que no sean todos los líderes que hacen los planes, el secreto es apoyarlos y mantener lineamientos claros para que el sector privado pueda entrar”, explicó.
El cierre de Cruz Abreu resumió el desafío en cuatro conceptos: oportunidad, habilidades, ejecución y colaboración. La infraestructura ya construida, sostuvo, ofrece al país una posición favorable; el siguiente paso será utilizarla para que la transformación digital se traduzca en productividad, inclusión y desarrollo.
Así, el primer panel de Innovation Day 2026 dejó una conclusión común: la discusión digital de República Dominicana ya no gira únicamente alrededor de cuánto se ha conectado el país, sino de qué puede hacer con esa conectividad.
