El sector industrial dominicana tiene condiciones favorables para avanzar en la implementación de herramientas de Inteligencia Artificial, pero debe integrar sus esfuerzos para convertir esta transición tecnológica en una ventaja competitiva sostenible.

República Dominicana está entrando en una fase crucial de modernización industrial encabezada por la inteligencia artificial (IA). Este movimiento no ocurre en aislamiento. Se conecta de forma directa con las presiones estructurales que enfrenta América Latina, una región que, según el Latina American Economic Outlook 2025, ha experimentado más de dos décadas de estancamiento relativo en productividad, inversión en innovación y sofisticación productiva.

El informe, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), junto a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, subraya que la región invierte menos de 0.5% del Producto Interno Bruto (PIB) en políticas explícitas de desarrollo productivo, mientras que en muchos países de la OCDE ese esfuerzo supera el 3%. Esa diferencia condiciona la capacidad de las industrias latinoamericanas para competir con economías tecnificadas, diversificar exportaciones, atraer inversiones de mayor complejidad y generar empleos de calidad.

En ese contexto, República Dominicana enfrenta el desafío de consolidar un modelo productivo que pueda insertarse en cadenas globales cada vez más intensivas en conocimiento. Pero también cuenta con fortalezas que la diferencian del promedio regional. El país posee una infraestructura digital relativamente avanzada, una red robusta de zonas francas, un ecosistema empresarial abierto a la inversión extranjera y una institucionalidad económica que, aunque perfectible, ha comenzado a articular una agenda de transformación productiva.

La adopción de inteligencia artificial y automatización industrial que hoy se observa es el resultado de una combinación de política pública, reconversión laboral e innovación empresarial. En este proceso, la colaboración entre instituciones y sectores se ha convertido en un pilar fundamental para conectar capacidades, alinear expectativas y construir una visión compartida de hacia dónde debe avanzar la industria dominicana en la próxima década.

La visión del Estado

Esa transformación se identifica con claridad en la visión del titular del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Víctor Bisonó. En entrevista para Forbes, el ministro describe un punto de inflexión: la inteligencia artificial dejó de ser un tema de proyección para convertirse en un componente directo de la productividad nacional.

Las iniciativas que ha impulsado el MICM, como el programa Industria 4.0, el diagnóstico HADA-RD, el fortalecimiento de centros de apoyo a la innovación y la alianza estratégica con NVIDIA, tienen como objetivo acompañar a las empresas dominicanas en la adopción de tecnologías que mejoren eficiencia, control de calidad, trazabilidad y sostenibilidad.

Para Bisonó, el cambio cultural es el elemento más importante. Sostiene que las empresas han pasado de preguntarse cuánto cuesta innovar a cuestionarse cuánto se pierde cuando no se hace. Esa mentalidad, señala, es indispensable para que la industria dominicana pueda competir en mercados donde la velocidad tecnológica es un diferenciador crucial.

“El principal reto no es la tecnología, es la confianza”, expresa.

Además, indica que el objetivo es que la transformación digital no se perciba como un salto al vacío, sino como una escalera con peldaños claros y alcanzables. Y esa escalera ya empezó a subir: “las pymes que adoptan tecnología hoy están creciendo más rápido, se conectan mejor y se consolidan como socios productivos clave dentro del ecosistema industrial dominicano”.

El Estado del Ecosistema de IA en República Dominicana, un documento técnico que evalúa las capacidades institucionales y sociales del país frente a la inteligencia artificial, coincide en que existe una base de avance, pero también desafíos significativos. El informe destaca la creación de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, la existencia de la Agenda Digital y la incorporación de programas de alfabetización tecnológica como CiudadanIA, Semilleros Digitales e INCUBO.

Sin embargo, también advierte que el país necesita fortalecer su talento especializado, desarrollar marcos regulatorios coherentes, fomentar la investigación local y consolidar capacidades de gobernanza que permitan manejar el uso ético y responsable de IA. Aunque el documento no incluye cifras específicas sobre adopción empresarial, sí indica que República Dominicana tiene condiciones para avanzar y que la clave está en articular esfuerzos entre Estado, academia y sector privado.

A medida que el país avanza, la articulación institucional se convierte en un factor decisivo. La inteligencia artificial, por su naturaleza transversal, demanda coordinación entre políticas educativas, industriales, tecnológicas y laborales. La experiencia de otros países muestra que la fragmentación limita el impacto de la digitalización. En el caso dominicano, la dirección apunta a una convergencia progresiva donde el MICM establece una hoja de ruta industrial, el Gabinete de Innovación impulsa políticas tecnológicas y organismos como el INFOTEP sirven de soporte técnico y formativo para la transición.

El talento es piedra angular

La transformación industrial que vive el país no sería posible sin un componente fundamental: el talento. Allí, el rol del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) ha sido decisivo. Su director, Rafael Santos, explica a Forbes que la revolución actual no es tecnológica, sino humana. Indica que la institución ha rediseñado su oferta formativa para responder a las habilidades requeridas por la cuarta revolución industrial.

Programas de robótica, automatización, análisis de datos, inteligencia artificial aplicada, manufactura avanzada e Internet de las Cosas forman parte de un portafolio que busca preparar a trabajadores y jóvenes para insertarse en procesos productivos digitalizados.

Manifiesta que el Observatorio Laboral del INFOTEP permite anticipar tendencias, identificar brechas y ajustar currículos con mayor rapidez, algo indispensable en un contexto en que la tecnología evoluciona más rápido que los esquemas tradicionales de formación. Resalta que su enfoque combina formación dual, microcredenciales, simuladores industriales, alianzas con zonas francas y rutas formativas basadas en demanda real.

El ministro Bisonó está consciente de la apuesta al talento. Puntualiza que el talento humano 4.0 es el corazón de la transformación que desde el gobierno se está construyendo. Dice que se apuesta por una generación de jóvenes preparados, innovadores y orgullosos de impulsar una nueva industria dominicana: más moderna, más humana y más conectada con el futuro.

Este proceso representa una adaptación necesaria ante un entorno donde las habilidades tradicionales ya no son suficientes. El crecimiento de tecnologías como la automatización y la visión computarizada exige perfiles híbridos capaces de interpretar datos, supervisar procesos digitales y operar maquinaria tecnificada. El país ha comenzado a comprender que la competitividad no se limita a la infraestructura ni a los incentivos fiscales; la calidad del capital humano será la variable que determine el éxito de la transformación industrial.

El empresariado también apuesta a ello. El CEO de la empresa DIESCO, Manuel Díez considera que las tecnologías en sí mismas, requieren de un talento que combine conocimiento técnico, pensamiento analítico, creativo y mentalidad digital.

Bajo su experiencia, explica que la prioridad es que cada colaborador, pueda potenciar su talento con la tecnología, para mayor productividad y sostenibilidad.

“Esta visión de aprendizaje continuo y adaptación tecnológica está creando una cultura interna capaz de liderar una transición industrial, no solo para el país sino para la región”, puntualiza.

Industria local

La visión del sector zonas francas complementa esta perspectiva. Claudia Pellerano, presidenta de la Asociación Dominicana de Zonas Francas (Adozona), explica que muchas empresas ya utilizan inteligencia artificial sin necesariamente identificarla con ese nombre. En manufactura, dispositivos de visión computarizada inspeccionan piezas para asegurar calidad y consistencia. En áreas administrativas, sistemas digitales organizan ausencias, turnos y flujos de trabajo. En operaciones de manufactura avanzada, sistemas automatizados coordinan tareas antes asignadas a operarios.

Pellerano plantea que este fenómeno revela una paradoja: la industria adopta tecnología de forma creciente, pero la estructura laboral tradicional está cambiando. Tareas que servían como primer escalón de crecimiento dentro de las fábricas han sido automatizadas. Esto obliga a adaptar la “escalera laboral”, promoviendo reentrenamiento continuo para que los trabajadores puedan asumir funciones de mayor valor agregado. Para ella, cada introducción de tecnología debe acompañarse de un punto equivalente de formación para no dejar a nadie atrás.

“Cada punto donde se inserta tecnología o IA requiere un punto de reentrenamiento”, expone Pellerano.

Ese concepto se vincula de manera directa con uno de los hallazgos del Estado del Ecosistema de IA en República Dominicana: la necesidad urgente de fortalecer capacidades humanas. El informe señala que, aunque el país ha avanzado en acceso digital y experimentación tecnológica, enfrenta limitaciones relacionadas con talento, gobernanza e investigación. Esto coincide con la experiencia del sector privado, donde la incorporación de nuevas tecnologías revela la necesidad de formar perfiles técnicos, supervisores digitales y personal capacitado para interpretar datos, manejar sistemas automatizados y operar maquinaria de precisión.

Asimismo, el CEO de DIESCO, manifiesta que la empresa ofrece un patrón concreto de lo que implica esta transformación en la práctica. Describe la incorporación de analítica en tiempo real, sistemas avanzados de control de calidad, automatización del mantenimiento y mediciones de eficiencia energética que permiten tomar decisiones informadas de forma continua.

Su planta Renacer, dedicada a procesos de economía circular, utiliza tecnología especializada para transformar residuos PET en resina de grado alimenticio. Este tipo de operación requiere precisión técnica, trazabilidad digital y capacidad de supervisión basada en datos. Díez destaca que la inteligencia artificial es una herramienta para reducir desperdicios, mejorar tiempos de respuesta, calcular impacto ambiental y reforzar la sostenibilidad. Considera que competitividad y responsabilidad ambiental no son elementos opuestos, sino componentes de un mismo modelo industrial.

“La clave está en construir las capacidades internas en Nuestra Gente, que permitan convertir la transformación tecnológica en una ventaja competitiva. Estamos convencidos que República Dominicana tiene el talento, la energía y la visión para liderar una nueva etapa de crecimiento industrial responsable, y nosotros estamos comprometidos con esa visión”, concluye.

Este ejemplo muestra que la IA no es un concepto abstracto, sino una herramienta aplicada a problemas concretos: eficiencia, calidad, sostenibilidad y toma de decisiones. Cuando se observa desde esta perspectiva, la transformación industrial no depende tanto de la tecnología disponible, sino de la capacidad de las empresas para integrar soluciones digitales en sus modelos de negocio.

Trabajo en conjunto

La articulación entre Estado, academia y empresa posiciona a República Dominicana en un espacio particular dentro de la región. La digitalización ha permitido avances en manufactura, logística y control de calidad. La formación técnica empieza a vincularse con demandas industriales reales. La política pública reconoce que la competitividad ya está ligada a la tecnología y la eficiencia. Y las empresas industriales han comenzado a demostrar que la inteligencia artificial es un habilitador de productividad y sostenibilidad.

El reto, según coinciden todas las fuentes consultadas, es la velocidad. La inteligencia artificial avanza con rapidez, y el país debe fortalecer su talento, desarrollar marcos regulatorios, promover investigación local y consolidar inversiones que permitan escalar la transformación.

La ventana de oportunidad está abierta, pero requiere coordinación y planificación. República Dominicana tiene condiciones favorables, pero debe integrar sus esfuerzos para convertir esta transición tecnológica en una ventaja competitiva sostenible.

El momento es crucial. El país cuenta con una base industrial capaz de adoptar tecnología, instituciones formativas que responden a la demanda, empresas que experimentan con innovación y un Estado que comienza a impulsar una narrativa de modernización productiva.

La pregunta que definirá la próxima década es si República Dominicana podrá consolidar un modelo industrial basado en inteligencia artificial, talento especializado y sostenibilidad, o si se quedará a medio camino. Las señales actuales indican que existe un camino posible hacia un liderazgo regional. Dependerá de la capacidad del país para sostener y acelerar la transformación que ya ha comenzado.

La mirada internacional

Los documentos internacionales también abren una discusión más amplia sobre la posición regional de República Dominicana. El Latin American Economic Outlook 2025 enfatiza que América Latina debe transformar su estructura productiva para abandonar la dependencia de sectores de bajo valor agregado. Señala que la región necesita fortalecer políticas industriales, invertir en innovación, escalar capacidades tecnológicas y profundizar en formación técnica para competir en industrias más complejas.

Si bien el informe no detalla cifras específicas de República Dominicana en comparación directa con países vecinos, sí subraya que naciones con estrategias claras de transformación productiva tienen mayores probabilidades de atraer inversión y mejorar su inserción en cadenas de valor. La experiencia dominicana, con zonas francas que ya adoptan tecnologías avanzadas, un sector educativo en reconfiguración y una política pública emergente, se alinea con las recomendaciones del informe.

Por Sergio Cid, colaborador especial