El uso de criptomonedas en Centroamérica crece lentamente mientras los países avanzan de forma desigual en regulación y adopción. Las stablecoins lideran el mercado digital en la región.
El papel de las criptomonedas en Centroamérica sigue siendo limitado y desigual entre los distintos países.
A nivel global, los mercados de criptodivisas tuvieron un desempeño débil en 2025, mientras que los bursátiles alcanzaron niveles récord. Esta situación, por lo general, no se mantiene durante mucho tiempo. Los mercados tienden a moverse en ciclos. Cuando las condiciones económicas mejoran y los inversionistas están más dispuestos a asumir riesgos, el capital suele regresar a los activos de mayor riesgo.
Si los datos macroeconómicos de Estados Unidos continúan mejorando, es probable que este cambio comience en 2026. Para Centroamérica, esto no significa una ola de especulación masiva, sino un mayor o menor nivel de capital disponible para servicios y pagos relacionados con las cripto.
En Latinoamérica, el uso de ellas sigue creciendo. La adopción aumentó en más de un 60% entre mediados de 2024 y mediados de 2025.
El volumen total de transacciones superó 1.5 billones de dólares en un periodo de tres años. La mayor parte de esta actividad se realiza mediante stablecoins y no con bitcoin u otros activos volátiles. En la práctica, esto significa que las criptomonedas se utilizan principalmente como una forma de mover dólares de manera digital, y no como un reemplazo de las divisas nacionales.
El caso de El Salvador lo demuestra con claridad: bitcoin ya no funciona como moneda de curso legal obligatoria ni es requerida para pagos o impuestos. Las remesas en criptomonedas se mantuvieron en niveles bajos en 2025 y representan sólo una pequeña parte del total. Al mismo tiempo, el gobierno aumentó sus tenencias de bitcoin. Esto refuerza la idea de que es tratado más como un activo mantenido por el Estado que como una herramienta para pagos cotidianos, por razones evidentes.
La ruta de las criptomonedas
Otros países se encuentran en una etapa más temprana. Panamá permite algunos pagos de impuestos locales en criptomonedas a través de intermediarios, pero no cuenta con una ley nacional. Costa Rica permite el uso de divisas digitales, aunque no las reconoce como moneda de curso legal y todavía se encuentra debatiendo su regulación. Honduras y Nicaragua no tienen marcos regulatorios específicos y dependen en gran medida de advertencias emitidas por los bancos centrales. En la mayor parte de la región, las criptomonedas no están prohibidas pero tampoco plenamente reguladas.
En este 2026, la principal cuestión es cómo se definirán legalmente, ya que su uso no es nuevo en el mercado y cada vez más personas las adoptan. Sin reglas claras, el dinero virtual no puede integrarse plenamente en los bancos, los sistemas de pago ni las finanzas públicas. Con regulación, puede funcionar como herramienta de pago o servicios financieros. Sin ella, sigue siendo un sistema paralelo con una escala limitada.
Así, las monedas digitales se alejan del debate político para cercarse al uso práctico. Cada vez se trata menos de cambiar el dinero y más de cómo se mueve. Que esta tendencia continúe dependerá principalmente de la regulación y no de los precios del mercado.
Por: Yoandris Rives Rodríguez*
*El autor es gerente regional para Latinoamérica en B2BINPAY.
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