El 2026 proyecta tendencias que aportarán perspectiva y oportunidades de impacto en las estrategias de ESG de los próximos años.

Durante el 2025 se experimentó una vertiginosa transformación del sector ESG. El uso de inteligencia artificial se estableció como indispensable, así mismo, la incertidumbre geopolítica global determinó las decisiones de inversión pública y privada. La gestión ambiental tuvo mayor acogida en las empresas, y hoy grandes inversionistas exigen la adopción de mecanismos ESG robustos antes de invertir en startups o nuevos proyectos.

En República Dominicana, los empresarios y el gobierno sostuvieron conversaciones agudas e intensivas en torno a la gestión responsable de los residuos y asumieron posiciones propositivas y críticas que condujeron a la aprobación de leyes como la 225-20 sobre Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos, la tipificación del delito ambiental recogida en el nuevo Código Penal y el proyecto de ley que dispone la instalación de fuentes de energía renovable en edificaciones públicas y privadas.

Con todo, las perspectivas económicas para 2026, aunque conservadoras, se mantienen en un rango positivo. Esto abre una oportunidad para que las empresas diseñen estrategias ESG acordes con el contexto global. Quienes agoten procesos detallados de planificación podrán identificar puertas abiertas para crecer a un ritmo sostenido desde la sostenibilidad.

Si bien 2025 trajo consigo grandes desafíos para las empresas, también mantuvo un ritmo de avance en sus estrategias de sostenibilidad ambiental, económica y de gobernanza. Los instrumentos de monitoreo de las acciones, los controles para prevenir el greenwashing y el involucramiento de las organizaciones en causas de resonancia con sus valores dieron paso a buenas prácticas que se asentaron en las culturas organizacionales de muchas compañías. Y en esa dirección, el 2026 proyecta tendencias que aportarán perspectiva y oportunidades de impacto en las estrategias de ESG de los próximos años:

1) El ESG se vuelve “data-first”: IA para capturar evidencia y sostener decisiones

El giro más visible apunta a operar con datos ESG integrados a procesos, con automatización de captura, depuración y trazabilidad. En “Artificial Intelligence Adoption and Corporate ESG Performance” (Business Strategy and the Environment, 2025), se construyen mediciones de adopción de IA a partir de reportes anuales, destacando cómo se mejora del desempeño ESG mediante restricciones financieras, transparencia e innovación.

Para 2026, esto empuja una prioridad: arquitectura de datos, gobierno del dato y controles de calidad antes de ampliar mensajes externos. La conversación deja de ser “cómo reporto” y pasa a “qué evidencia sostengo”, con implicaciones directas para auditoría interna, compliance y gestión de riesgos.

2) Scope 3 pasa a procurement: la descarbonización se negocia con proveedores

La frontera operativa del carbono se desplaza hacia la cadena de valor, con foco en compromisos exigibles y mecanismos de colaboración. En 2026, el aprendizaje se convierte en práctica: cláusulas de datos, incentivos, soporte técnico, rutinas de seguimiento, y métricas comparables por categoría de compra. ESG se vuelve parte del desempeño de compras y de la evaluación de proveedores.

3) Antigreenwashing cuantitativo: riesgo de “buen score” sin sustancia

La presión contra greenwashing se mueve hacia pruebas cuantitativas que comparan señales públicas con resultados verificables. Para 2026, la implicación práctica es que el “score” pierde estatus como argumento final. Gana terreno la verificación por evidencia: consistencia temporal, trazabilidad de métricas, indicadores de desempeño físico, y coherencia entre capex, operaciones y divulgación.

4) Doble materialidad como motor de estrategia y no como sección del informe

La doble materialidad se consolida como un proceso de decisión corporativa, con efectos en inversión, diseño de producto y gestión de riesgos. En 2026, el cambio operativo se verá en gobernanza: quién define materialidad, con qué datos, umbrales o controles. Se vuelve un flujo continuo que alimenta decisiones, además de reportes, y reordena prioridades internas por impacto y riesgo financiero.

5) Biodiversidad y naturaleza entran al análisis de riesgo, especialmente en finanzas

La agenda “nature-related” deja de ser periférica y entra al terreno de disclosure y evaluación de exposición. En 2026, esto tiende a traducirse en due diligence ampliada, métricas de dependencia, y evaluación de riesgos físicos y de transición ligados a la naturaleza. El resultado esperado es una presión mayor por métricas comparables y por decisiones de financiamiento alineadas con riesgos materiales.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.