El mundo está en medio de una reconfiguración profunda del comercio y la producción. Durante décadas, la pregunta que guiaba las decisiones de las cadenas de suministro era dónde era más barato producir. Hoy esa pregunta cambió: las empresas preguntan dónde es suficientemente competitivo, suficientemente seguro y suficientemente cercano.
Cuando me preparaba para asumir la posición que hoy ocupo, tenía la tarea de entender a fondo la República Dominicana. Lo que encontré me sorprendió genuinamente: un país que no había llegado a donde está por casualidad, sino que había tomado decisiones deliberadas durante décadas para construir una base económica diversificada, conectada y abierta a la inversión.
Esa primera impresión no ha cambiado. Un año y medio después, ya viviendo con mi familia en Santo Domingo confirmo esta impresión, pero también la matizo. La República Dominicana tiene una oportunidad real, especialmente en el mapa del nearshoring, y al mismo tiempo una agenda pendiente que no puede esperar.
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El momento en que estamos
El mundo está en medio de una reconfiguración profunda del comercio y la producción. Durante décadas, la pregunta que guiaba las decisiones de las cadenas de suministro era dónde era más barato producir. Hoy esa pregunta cambió: las empresas preguntan dónde es suficientemente competitivo, suficientemente seguro y suficientemente cercano. La geopolítica, la disrupción tecnológica y la necesidad de reducir tiempos de respuesta están empujando capital e inversión hacia destinos que ofrezcan proximidad, estabilidad institucional y conectividad. No es desglobalización; es una globalización distinta.
En ese contexto, la República Dominicana aparece en el mapa por razones concretas. Está a pocas horas de vuelo de los principales mercados de Estados Unidos. Cuenta con 12 puertos de carga, 8 aeropuertos internacionales, más de 90 rutas marítimas semanales y más de 370 vuelos diarios. Su régimen de zonas francas agrupa 94 parques, 843 empresas y casi 200,000 empleos directos, y representa el 60% del total de exportaciones de bienes y servicios del país. Estas no son cifras heredadas; son el resultado de políticas consistentes, alineamiento entre sector público y privado, y una economía que el Fondo Monetario Internacional proyecta crecerá alrededor de 4% para 2026, con inflación dentro del rango meta del Banco Central.
Además, las exportaciones de mercancías cerraron 2025 en 14,645 millones de dólares, y la inversión extranjera directa alcanzó 1,536.7 millones en el primer trimestre de 2026. El mercado tiene profundidad. La base está construida.
Lo que la oportunidad exige
Pero la oportunidad del nearshoring no se captura solo con geografía y parques industriales. El mundo que viene exige más. La automatización y la inteligencia artificial están transformando qué tipo de trabajo se puede hacer cerca del consumidor final, y qué habilidades se vuelven críticas. Los países que logren combinar infraestructura y productividad con capital humano calificado tendrán ventaja; los que no lo hagan quedarán en el segmento de menor valor agregado.
Aquí es donde la República Dominicana tiene trabajo por hacer, y donde mi sentido de urgencia se vuelve más nítido.
El primero es el capital humano. Cerrar las brechas educacionales no es solo una prioridad social; es una condición competitiva. Para atraer inversiones de mayor sofisticación, el país necesita una fuerza laboral con habilidades técnicas, digitales y de idiomas. Esto requiere educación técnica alineada con la demanda real del mercado, no solo cobertura escolar. Las empresas que llegan buscando nearshoring de calidad preguntan por la densidad de talento calificado antes de preguntar por los incentivos fiscales.
El segundo es la energía. Un hub logístico o manufacturero no puede operar con incertidumbre en el suministro eléctrico. Resolver los problemas de distribución energética no es opcional; es prerequisito. El costo y la confiabilidad de la energía afectan directamente la ecuación de rentabilidad de cualquier inversión productiva.
El tercero es movilizar la inversión pública como habilitadora de la privada. Infraestructura vial, conectividad digital, agua y servicios urbanos en los polos industriales no son gastos: son señales de seriedad y condición para que el capital privado llegue y se quede. La certeza jurídica y la agilidad en permisos completan este cuadro. En un mundo donde el capital tiene múltiples destinos, la previsibilidad institucional es un activo competitivo tan importante como la ubicación geográfica.
Finalmente, la focalización de subsidios. Recursos públicos bien dirigidos generan mayor impacto en productividad y en la reducción de desigualdades que frenan el desarrollo del mercado interno. Una economía que crece hacia afuera también necesita crecer hacia adentro.
Los riesgos que hay que gestionar, no ignorar
Ningún análisis honesto puede omitir los riesgos del entorno. La crisis en Haití es una realidad con impacto humanitario, migratorio y de seguridad que forma parte del contexto operativo de la isla. Gestionarla bien, con control territorial, cooperación internacional y continuidad de las operaciones formales, es parte de la propuesta de estabilidad que el país ofrece al inversor. El cambio climático, por su parte, plantea presiones sobre infraestructura, turismo y productividad que las proyecciones de organismos multilaterales ya cuantifican. La resiliencia climática no es un tema sectorial: es parte del diseño de un hub logístico que quiera operar en el largo plazo.
Lo que veo desde aquí
Vivo en un país que ha hecho bien muchas cosas. La combinación de paz social, políticas pro-mercado, apertura comercial y diversificación productiva no es común en la región ni en el mundo. La estructura está. La reputación como destino de inversión tiene años de construcción detrás.
Lo que falta es acelerar. El mundo está reordenando sus cadenas de suministro ahora, y las decisiones de localización que las empresas toman hoy tienen horizontes de 10 a 20 años. La República Dominicana puede ganar una parte significativa de esa inversión, pero la ventana no es indefinida. Proteger lo que ya funciona, corregir los cuellos de botella que frenan la sofisticación y convertir la cercanía geográfica en una propuesta de valor medible: esa es la agenda. Y es urgente.
La autora es Citi Country Officer and Banking Head
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.
