Como vemos las cosas, la Reserva Federal continuará con dos instrumentos principales de política: la tasa de referencia y la compra de deuda pública y, en ocasiones, privada.
En el momento en que este artículo esté publicado, la confirmación de Kevin Walsh como nuevo presidente de la Reserva Federal deberá ser un hecho.
La pregunta obligatoria es si un nuevo incumbente en la FED promoverá cambios en la forma de actuar del banco central de los Estados Unidos. Es decir, si su liderazgo se consolidará ante los demás miembros de la institución, y si su forma de pensar se impondrá dentro del comité que decide los cambios en la política monetaria (el FOMC, por sus siglas en inglés). Walsh ha sido un crítico del uso del balance de la FED. En términos claros, es crítico de que la FED use la compra de títulos como herramienta de política monetaria.
¿Cómo funciona la compra de títulos o la llamada flexibilización cuantitativa, nombre usado en español para referirse al quantitative easing, o QE? En términos simples, la FED adquiere títulos de deuda, principalmente del Tesoro de los Estados Unidos. Al comprarlos, genera liquidez, teniendo un efecto expansivo.
Claro, una expansión de la liquidez tiene una vocación de traducirse en inflación de activos y de bienes. No es de sorprender los incrementos de los índices bursátiles y de otros activos, como los inmobiliarios, el oro, o el bitcoin y otras monedas cripto. También se pudo apreciar cómo la política expansiva con el QE, la bajada de tasas, el aumento del gasto público y la disminución de la oferta de bienes durante la pandemia fueron una combinación perfecta para un episodio inflacionario que todavía recordamos.
Walsh expresa su postura sabiendo que la FED empezó un proceso de expansión de liquidez por medio de la compra de deuda del Tesoro en diciembre pasado; y que aunque no le llama QE, no deja de serlo. Como expresa el dicho, "si tiene cola de perro, ladra como perro y muerde como perro, pues es perro". Desde diciembre pasado, la FED ha estado expandiendo su balance.
La interrogante planteada en el título del artículo es fácil de responder. Los malos y viejos hábitos son difíciles de eliminar.
El gobierno de los Estados Unidos se dirige a tener una deuda pública por valor de 40 billones (trillones en inglés). El gasto público financiado con deuda ha crecido de la mano de la política ultra laxa de la FED, aplicada desde 2008 a la fecha. La FED, cada vez que compra deuda, financia el gasto público. ¿Podrá Walsh -o cualquiera que asuma la presidencia de la FED- eliminar una práctica mantenida por Bernanke, Yellen y Powell? Con la falta de disciplina fiscal y, en consecuencia, las necesidades de financiamiento de la FED, será difícil.
Como vemos las cosas, la Reserva Federal continuará con dos instrumentos principales de política: la tasa de referencia y la compra de deuda pública y, en ocasiones, privada.
En este año la FED evitará algún episodio de estrés que afecte a los mercados financieros. Por lo tanto, la liquidez es importante. Una guerra más una crisis financiera serían una combinación catastrófica. No vemos cómo, por tanto, se pueda abandonar un QE.
Al mundo le espera la continuación de un ciclo monetario expansivo combinado con menos materias primas y bienes finales. La inflación sería la norma en 2026, y más allá.
El autor es vicepresidente ejecutivo del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES).
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.
