Cuando se fortalece la autoestima, la educación emocional y las oportunidades desde edades tempranas, se generan efectos positivos en las familias, en la comunidad y en el tejido social completo.
En el mundo empresarial solemos hablar con frecuencia de propósito, sostenibilidad e impacto. Sin embargo, con menos frecuencia nos detenemos a someter nuestras decisiones, procesos y resultados a una mirada externa, rigurosa y crítica.
En ese espíritu nace el estudio de caso desarrollado por Barna Management School sobre la iniciativa Soy niña, soy importante, una experiencia que trasciende el análisis académico y se convierte en una invitación a las nuevas generaciones empresariales a trabajar con coherencia y transparencia en la búsqueda de un mejor país para todos.
Soy niña, soy importante (SNSI) nació de una decisión muy concreta: antes de construir cualquier proyecto, era indispensable escuchar a la comunidad. Años antes de iniciar la construcción de Tropicalia, creamos la Fundación Tropicalia para entender la realidad de Miches y acompañar a su gente desde el primer momento.
En ese proceso, se hizo evidente que muchas niñas estaban quedando fuera del sistema educativo y de las oportunidades, principalmente por las tareas de cuidado, matrimonio y uniones tempranas y embarazo adolescente, una realidad que limitaba sus posibilidades de desarrollo.
Así, en 2013, lo que comenzó como un campamento de verano evolucionó en un proceso de acompañamiento integral y de largo plazo, que hoy combina recreación con propósito, formación, mentoría y abogacía, impactando a más de 1,500 niñas y adolescentes directamente y acumulando más de 3,000 participaciones en los distintos programas que integran SNSI, con un impacto extendido a sus familias y comunidades.
Desde Fundación Tropicalia entendemos que los proyectos con visión de futuro no solo deben aspirar a generar valor, sino también a explicarse, cuestionarse y mejorar. Abrir nuestro proyecto social más emblemático a un análisis académico independiente implica reconocer que ningún modelo es perfecto, que el aprendizaje es continuo y que la transparencia es una condición indispensable para construir confianza, tanto dentro como fuera de la organización.
El estudio de caso de Barna arroja hallazgos relevantes para cualquier persona interesada en impulsar modelos de negocio sostenible con una estrategia social sólida. Uno de los más claros es que las iniciativas de impacto social no se imponen: se construyen junto a la comunidad. Integrar a las personas desde el respeto a su contexto cultural, escuchar antes de actuar y avanzar con paciencia fueron factores determinantes para la aceptación y continuidad del programa. El caso demuestra que la confianza social no es un punto de partida, sino un resultado.
Otro hallazgo clave es la importancia de invertir en etapas tempranas de la vida y promover el desarrollo de habilidades blandas. El enfoque en niñas visibiliza una realidad histórica de desigualdad, pero el impacto va mucho más allá de ellas.
Cuando se fortalece la autoestima, la educación emocional y las oportunidades desde edades tempranas, se generan efectos positivos en las familias, en la comunidad y en el tejido social completo. Por eso, aunque hablamos de niñas, el mensaje es claro: niños y niñas ocupan un rol trascendental, y el desarrollo sostenible solo es posible cuando todos participan en el proceso.
El caso también evidencia que los modelos responsables requieren visión de largo plazo. No existen resultados inmediatos ni soluciones simples a desafíos estructurales como la inequidad, la deserción escolar o las brechas de género. La experiencia documentada por Barna muestra que la consistencia, la presencia territorial y la capacidad de adaptación son tan importantes como los recursos financieros.
Este caso no solo documenta una experiencia; ofrece una señal clara a la comunidad empresarial y, en especial, a los jóvenes empresarios en formación. Demuestra que es posible gestar proyectos con visión sostenible, que integren rentabilidad, impacto social y responsabilidad ambiental. Demuestra también que el liderazgo del futuro exige humildad para aprender, valentía para exponerse y compromiso para sostener procesos que trascienden el corto plazo.
Creemos firmemente que compartir aprendizajes —incluyendo los desafíos— es parte de nuestra responsabilidad como empresa. Si este estudio logra inspirar nuevas conversaciones, cuestionar modelos tradicionales y motivar a otros a construir desde el respeto y la colaboración con las comunidades, entonces habrá cumplido un propósito tan valioso como el propio análisis.
La autora es CEO de Cisneros
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.
