En resumen, República Dominicana se encuentra entre la inacción y la complacencia creada por la estabilidad y el crecimiento económico pasado.
En República Dominicana nos complacemos por una sensación de superioridad respecto a otros países de la región, dado que hemos preservado la estabilidad política y macroeconómica en una región con deficiencias en tales aspectos. De igual forma, el crecimiento del PIB superior al promedio de la región, pero que cada vez parece más difícil de hacer crecer, aviva la complacencia. Ese estado de no arriesgarse a transformar la economía, aunque los signos de debilidad cada vez son más notorios, inflama la pasividad y el estatismo.
La complacencia no es saludable; suele conducir a una actitud confiada y despreocupada por parte de las autoridades y de la mayoría de los agentes económicos. Por lo tanto, debemos de cuidarnos de ese estado de inacción, y de mantenernos tan enfocados en el tema de la estabilidad y en un pasado de crecimiento de la estadística del producto interno bruto.
Somos un país que con muy baja innovación. Mientras en el año 2017 nos encontrábamos en la posición número 79, con una puntuación de 31 puntos en el Índice Mundial de Innovación, en 2024 ya habíamos descendido a la posición 97, con 21 puntos. Se nos hace difícil innovar, pero también atraer empresas que puedan incorporar mayor innovación; y que al mismo tiempo generen más empleos productivos, que eleven los ingresos internos mediante la producción de bienes y servicios de mayor valor.
Lo anterior, la dificultad de crear emprendimientos de mayor innovación y valor agregado, es un reflejo de un sistema tributario complejo y de altas tasas; de la necesidad de mayor fortalecimiento de las garantías jurídicas; de regulaciones a cuyo conjunto conocemos como permisología; de costos de transporte altos; de un sistema eléctrico que requiere autogeneración por parte de empresas y hogares; de un sistema educativo que no proporciona resultados en consonancia con el dinero que se invierte; de una legislación laboral que hace cara y poco flexible la dinámica del mercado de trabajo; de una política migratoria que impacta a industrias; y de muchos temas más que desde hace tiempo ameritan solución.
Mientras, la discusión económica se centra en el corto plazo. La importancia se va a la cifra del PIB y no a los fundamentos.
Sin embargo, en 2025, Paraguay y Argentina esperan crecimientos superiores al 4% del PIB, de acuerdo con el FMI; Perú, con su incertidumbre interna, crecería cerca de 3%; y Guatemala y Costa Rica crecerían 3.8% y 3.6%. Al igual que República Dominicana, estos países se han enfrentado a los cambios internacionales, sobre todo por la política económica de Estados Unidos, y tienen tasas de interés altas; igual que República Dominicana.
Los temas de fundamento no son el foco de las autoridades. El principal elemento de interés de política indica que es el gasto público; estimular la cifra del PIB por medio de mayor gasto en construcción. La dominicana es una economía que cada mes que pasa demuestra necesidad de estímulos monetarios o fiscales para que la cifra del PIB crezca. Por un lado, se trata de aumentar el crédito con una política monetaria expansiva; por otro, se busca la forma de que crezca el gasto en construcción pública. Lo descrito viene aconteciendo desde 2023, cuando ya la economía dejaba atrás la recuperación y los efectos estadísticos sobre el crecimiento de la cifra del PIB de los años 2021 y 2022.
Si se gastara más, el gobierno trataría de obtener más recaudaciones. En consecuencia, el país se encuentra afectado por un régimen de incertidumbre por la falta de información sobre la fecha en que se piensa introducir el incremento de impuestos, que aunque al momento de escribir este artículo no se ha fijado una posición al respecto, las declaraciones oficiales dan a entender que es una decisión que podrían tomar.
En resumen, República Dominicana se encuentra entre la inacción y la complacencia creada por la estabilidad y el crecimiento económico pasado. Son los mundos en los que se encuentra República Dominicana, y de los cuales es necesario despertar, avivarse, despabilarse, y no esperar más tiempo para las transformaciones que necesita la economía dominicana.
Por Miguel Collado Di Franco, vicepresidente ejecutivo del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES).
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.
