Cuando una tripulante de barco muestra su experiencia a bordo o una analista de banca digital explica una innovación, no sólo humanizan a la marca, también visibilizan un liderazgo femenino que inspira dentro y fuera de la empresa.

Ya se ha demostrado que el contenido generado por empleados (employee-generated content o EGC) es una estrategia de comunicación corporativa clave para fortalecer la reputación y el posicionamiento de las organizaciones.

Ahora no se habla sólo de publicaciones espontáneas que los colaboradores hacen en sus redes sociales porque conectan con la cultura organizacional, sino que cada vez son más las empresas que lo institucionalizan con programas formales de embajadores internos.

Esa estrategia ayuda a la atracción de los mejores talentos, al sentido de pertenencia de los colaboradores y hasta en el incremento de las ventas. Pero hay un ángulo que destaca: el contenido generado por el liderazgo femenino y cómo se promueve en las organizaciones.

Tradicionalmente, las vocerías corporativas han estado dominadas por directivos hombres. El resto de la organización, y en especial las mujeres en áreas técnicas, operativas o de apoyo, rara vez tienen un espacio para aportar sus conocimientos y adueñarse de la narrativa, en su propia voz.

Las tendencias actuales de generación de contenido están cambiando esa dinámica. Cuando una tripulante de barco muestra su experiencia a bordo o una analista de banca digital explica una innovación, no sólo humanizan a la marca, también visibilizan un liderazgo femenino que inspira dentro y fuera de la empresa.

Un ejemplo local es la minera Barrick Pueblo Viejo, que lleva casi cuatro años promoviendo y financiando un programa de empoderamiento femenino interno por medio de su Podcast Mujer Líder Minera.

En LinkedIn encontramos a Emily Durham, su career coach, aprovecha su rol para guiar y motivar a nuevos profesionales como marca personal que habla en nombre de la empresa.

Ambos casos, muy distintos en la forma en que se aplican (uno es un programa y el otro es una influenciadora interna), reflejan oportunidades probadas de que dar voz a colaboradoras fortalece la identidad de marca y el liderazgo femenino.

Hay un efecto dominó en todo esto, y los datos lo confirman, que nos hace pensar en qué esperan algunas organizaciones para poner en marcha estrategias enfocadas en las mujeres. Por ejemplo, analistas digitales muestran que el contenido generado por empleados/as obtiene hasta 8 veces más engagement y es compartido hasta 24 veces más que el publicado por las cuentas oficiales de las compañías.

Por otro lado, según McKinsey, las empresas con mayor representación femenina en liderazgo tienen un 25 % más de probabilidades de superar la rentabilidad promedio de su sector. En otras palabras: dar visibilidad a mujeres dentro de la empresa, no es un gesto simbólico, es una estrategia de negocio con impacto en la línea de resultados.

Vale aclarar que no todo es positivo en la aplicación de este tipo de estrategias, ya que puede acarrear los siguientes desafíos:

Exposición desigual: las colaboradoras pueden ser más vulnerables a críticas o acoso digital si la empresa no establece políticas claras de protección.

Manipulación de la imagen: existe el riesgo de que se impulse el contenido femenino sólo como “imagen” sin un compromiso real con la equidad de género.

Carga adicional: crear contenido no puede convertirse en una tarea no reconocida ni remunerada. Debe ser parte de un plan de desarrollo profesional. E incluso qué pasa cuando el influenciador/a internas se convierte en detractor de la marca, por la razón que sea.

En mi experiencia acompañando este tipo de procesos puedo compartir que para evitar estas brechas, es recomendable establecer antes que todo: políticas claras, programas formales y un proceso acompañado de formación y reconocimiento a las colaboradoras motivadas a convertirse en influenciadoras internas de las empresas.

Vale la pena, además, estudiar cómo lo está haciendo tu sector, y qué adicional puede empresa aportar al empoderamiento real de las mujeres. Porque la generación de contenido por parte de empleados/as ya no es solo una herramienta de marketing. Bien gestionado, es un vehículo de equidad y empoderamiento que permite a las mujeres pasar de invisibles a influyentes dentro de las corporaciones. Y el reto para las empresas de alto nivel es claro: además de permitir que sus colaboradoras cuenten historias, deben convertir esas historias en parte de la estrategia de liderazgo, cultura y negocio.

Por María Eugenia del Pozo, consultora Privada de Negocios en digitalización y automatización del Marketing.

Las opiniones expresadas en este artículo son de completa responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la posición de Forbes República Dominicana.