La clave para superar este reto está en incorporar tecnologías de generación rápida y sistemas de almacenamiento, capaces de modular la producción eléctrica en segundos y aprovechar al máximo la energía renovable disponible.
El reciente récord en generación de energía renovable y demanda eléctrica alcanzado por República Dominicana (Oficina Nacional de Estadística de República Dominicana) ha puesto al país en el centro de la conversación regional sobre transición energética. Pero detrás de los números históricos, surge una pregunta clave: ¿cuál es el verdadero reto técnico que puede asegurar que este avance se traduzca en un sistema eléctrico confiable?
La respuesta está en la gestión de la intermitencia y la optimización operativa. A medida que las fuentes solares y eólicas —que ya representan cerca de una cuarta parte de la capacidad instalada nacional (Ministerio de Energía y Minas)— se integran al sistema, la variabilidad de su producción se convierte en el principal desafío técnico.
El sistema eléctrico dominicano, tradicionalmente basado en tecnologías convencionales como carbón y ciclo combinado, enfrenta limitaciones para adaptarse a los cambios abruptos en generación y demanda. Estas plantas no pueden modificar su producción con rapidez ni operar eficientemente a cargas parciales, lo que genera ineficiencias y, en ocasiones, vertimientos de energía renovable (Ministerio de Energía y Minas).
La clave para superar este reto está en incorporar tecnologías de generación rápida y sistemas de almacenamiento, capaces de modular la producción eléctrica en segundos y aprovechar al máximo la energía renovable disponible.
Los motores de combustión interna de última generación, por ejemplo, pueden arrancar en minutos y ajustar su carga con precisión, facilitando la integración de renovables y reduciendo la dependencia de combustibles importados. El almacenamiento en baterías, por su parte, permite suavizar las fluctuaciones y garantizar la continuidad del suministro.
No menos importante es la modernización de la infraestructura de transmisión y distribución, junto con la implementación de sistemas de gestión inteligente que coordinen recursos diversos y minimicen las pérdidas técnicas y económicas, que en 2024 alcanzaron el 37% (Viceministerio de Energía). La digitalización de la red y el uso de algoritmos avanzados para el despacho de energía serán fundamentales para maximizar la eficiencia y la resiliencia del sistema.
Finalmente, el marco regulatorio debe evolucionar para reconocer el valor de la flexibilidad y la capacidad de respuesta, incentivando inversiones en tecnologías que permitan una operación más dinámica y eficiente. La transición energética dominicana no depende únicamente de instalar más renovables, sino de construir un sistema capaz de gestionarlas de manera óptima.
En conclusión, el secreto para una transición energética exitosa en República Dominicana no está solo en alcanzar récords de generación renovable, sino en enfrentar con inteligencia y tecnología el reto técnico de la intermitencia. Solo así el país podrá consolidar su liderazgo regional y avanzar hacia un futuro energético verdaderamente sostenible.
El autor de este artículo de opinión es Marcelo Barthaburu, gerente general de Wärtsilä República Dominicana. Aquí puedes leer más artículos relacionados al tema.
Las opiniones expresadas en este artículo son de completa responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la posición de Forbes República Dominicana.
