En países como República Dominicana, donde la industria cementera es motor de inversión, empleos y crecimiento económico, la relación con la minería no metálica cobra un valor estratégico.
La minería no-metálica es la más extendida en el territorio nacional, con más cantidad de actores y operaciones de diversas escalas y características.
A diferencia de la minería metálica, que extrae oro, plata o cobre, esta rama se enfoca en recursos como calizas, arcillas, yeso, puzolanas y arenas, materiales que difícilmente percibimos en su estado natural, pero que resultan indispensables.
Aquí puedes leer más de Julissa Báez, quien es la autora de este artículo de opinión.
La minería metálica y la no metálica comparten aspectos comunes como los derechos mineros, procesos de solicitud, obligaciones de los titulares y principios de tributación. Sin embargo, también presentan diferencias importantes, determinadas por la naturaleza y el valor de los materiales que se extraen en cada caso.
La importancia de la minería no metálica puede resumirse en tres dimensiones:
Base de la construcción e infraestructura. Gran parte de los insumos que permiten levantar carreteras, puentes, viviendas y hospitales proviene de esta minería. El cemento, el concreto, los vidrios y las cerámicas se sustentan en minerales no metálicos.
Diversidad de usos industriales. Más allá de la construcción, estos recursos participan en la fabricación de fertilizantes, papel, plásticos, cosméticos y productos químicos, lo que convierte a la minería no metálica en un eslabón transversal de la producción moderna.
Motor de desarrollo local y sostenible. Al ser recursos abundantes y de bajo costo, suelen explotarse en zonas cercanas a las industrias, generando empleos y dinamismo económico en las comunidades. Con buenas prácticas de gestión ambiental y rehabilitación de canteras, la actividad puede desarrollarse de manera responsable, garantizando equilibrio entre crecimiento y conservación.
Vínculo con la producción de cemento. Una de las aplicaciones más relevantes de la minería no metálica es la producción de cemento. La caliza, por ejemplo, es la materia prima por excelencia para elaborar clínker, el componente básico del cemento. A ella se suman la arcilla como fuente de sílice y alúmina, el yeso como regulador del fraguado y, cada vez más, las puzolanas naturales que permiten fabricar cementos más sostenibles al reducir el consumo de clínker y, con ello, las emisiones de CO₂.
Este encadenamiento productivo convierte a la minería no metálica en un soporte directo de la infraestructura. Cada obra vial, cada puente, cada vivienda y cada espacio urbano parte de un recorrido que comienza en una cantera. En países como República Dominicana, donde la industria cementera es motor de inversión, empleos y crecimiento económico, la relación con la minería no metálica cobra un valor estratégico.
Gestión responsable
No obstante, el desafío actual va más allá de garantizar la disponibilidad de materias primas. Tanto las canteras como las fábricas de cemento deben gestionar con responsabilidad sus impactos ambientales y sociales. La rehabilitación de terrenos, el aprovechamiento eficiente de recursos son hoy pilares fundamentales para armonizar la producción con los compromisos climáticos y las expectativas de las comunidades.
Los minerales no metálicos son, en definitiva, un pilar invisible del desarrollo. Reconocer su importancia y gestionarlos bajo criterios de sostenibilidad es clave para asegurar que continúe siendo motor de progreso económico y social, al tiempo que protege los recursos y el entorno de las generaciones futuras.
Julissa Báez es directora ejecutiva Asociación Dominicana de Productores de Cemento Portland.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autora y no tienen que ver con la posición de Forbes República Dominicana.
