Si se mantiene una base inflexible, se limitaría el crecimiento de las fuentes limpias y se encarecería el sistema, por lo que especialistas recomiendan evitar inversiones en centrales de ciclo combinado y priorizar tecnologías que reduzcan la dependencia de combustibles importados.

República Dominicana avanza hacia una matriz eléctrica más limpia. Desde la aprobación de la Ley 57-07 en 2007, la capacidad renovable instalada —solar, eólica y biomasa— ha crecido de 276 MW en 2012 a 1,590 MW en 2023, representando cerca de una cuarta parte de la capacidad de generación nacional, según la Oficina Nacional de Estadística.

El autor de este artículo es Roberto Lares, quien es Business Development Manager de Wärtsila.
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Además, la potencia renovable se incrementó de 555 MW en 2020 a 1,396 MW en 2024, y las autoridades planean duplicarla nuevamente para 2028 mediante más de 30 proyectos que incluyen almacenamiento nocturno, de acuerdo con el Ministerio de Energía y Minas.

Aun con estos avances, la variabilidad del sol y del viento plantea retos, al día de hoy ya se generan vertimientos de proyectos renovables.

Los expertos señalan que cuanto mayor sea la proporción de renovables, mayor debe ser la flexibilidad del parque térmico, porque las plantas de carbón o ciclo combinado no pueden encenderse y apagarse con rapidez, y la eficiencia de estas desaparece rápidamente al operar a cargas parciales.

En cambio, motores de generación rápida y sistemas de baterías permiten responder en segundos, facilitando la integración de energía solar y eólica.

Si se mantiene una base inflexible, se limitaría el crecimiento de las fuentes limpias y se encarecería el sistema, por lo que especialistas recomiendan evitar inversiones en centrales de ciclo combinado y priorizar tecnologías que reduzcan la dependencia de combustibles importados.

Contar con generación flexible es esencial para equilibrar la oferta renovable con la demanda, evitar apagones y optimizar las inversiones.

Estas soluciones, que funcionan con gas natural o combustibles alternativos, se adaptan a la intermitencia solar y eólica.

En los últimos años, la transición energética dominicana se ha centrado en la instalación de paneles solares y parques eólicos intermitentes, junto con plantas térmicas inflexibles basadas en ciclos combinados. Esta combinación ha demostrado no ser efectiva en otros sistemas; se requiere una red inteligente que coordine recursos diversos y mejore la resiliencia del sistema.

Para que este modelo prospere, es fundamental que el marco regulatorio evolucione en favor de la flexibilidad. Adoptar señales de precio y mecanismos de contratación que valoren la rápida respuesta y el almacenamiento sería beneficioso para el país.

Además, modernizar las redes y reducir las pérdidas técnicas —que alcanzaron el 37 % en 2024, según el Viceministerio de Energía— es crucial, así como formar talento especializado. Con estos incentivos y mejoras, la inversión en motores y baterías podría traducirse en tarifas competitivas, reduciendo los vertimientos de energías renovables y ofreciendo un servicio más confiable a los usuarios.

En última instancia, la transición energética no se basa únicamente en tecnologías limpias; requiere sistemas inteligentes y flexibles que aseguren su éxito. Invertir hoy en generación flexible es apostar por un futuro energético más seguro, sostenible y accesible.

Si el mercado reconoce el valor de la agilidad y se promueven prácticas que favorezcan la integración de renovables, República Dominicana podrá consolidar su liderazgo regional en energías limpias, reducir su dependencia de combustibles importados y cumplir sus compromisos climáticos de manera coste-eficiente.

Roberto Lares se desempeña como Business Development Manager en Wärtsilä.

Las opiniones expresadas en este artículo son exclusiva responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la posición de Forbes República Dominicana.