La gestión de asuntos públicos debe estar basada en alianzas genuinas entre el gobierno, el sector empresarial y la sociedad civil.

En el contexto social actual donde la realidad parece estar inevitablemente expuesta, la implementación de nuevas ideas y cambios depende en gran medida del respaldo de los ciudadanos, quienes tienen la capacidad de organizarse con más facilidad y rapidez que nunca antes en la historia.

Si bien en épocas anteriores las decisiones estaban basadas principalmente en el poder económico y político, y en muchos países la gestión de asuntos públicos se basaba en relaciones informales, hoy día el poder está sustentado en lo que se conoce como el Negocio de la Influencia, “The Business of Influence”. En buen dominicano, “no van lejos los de adelante, si los de atrás corren rápido”.

Sabemos que “The Business of Influence” es la habilidad de moldear opiniones, motivar a la acción y generar transformaciones; hoy día un factor que puede predecir el éxito o el fracaso de cualquier organización.

La capacidad de movilización ciudadana, respaldada por esta estrategia de influencia, es actualmente un factor determinante en la ecuación del poder. Aquellas personas u organizaciones que pueden desempeñarse eficazmente en esta dinámica son las que controlan la narrativa social, y en última instancia, las decisiones relacionadas con los asuntos públicos.

La gestión de asuntos públicos debe estar basada en alianzas genuinas entre el gobierno, el sector empresarial y la sociedad civil, asegurándonos que los objetivos se obtengan más allá de lo transaccional, que trasciendan a los intereses y necesidades inmediatas para generar un impacto de bien común. Sabemos que las políticas deben construirse sobre la base del apoyo y la confianza de múltiples actores, y que esto es la verdadera legitimidad social.

Para ello, es necesario apostar por la multidisciplinariedad, en un mundo donde cada vez más personas apuestan por la flexibilidad vocacional y las líneas profesionales están cada vez más diversificadas. Es necesario creer y alentar la premisa de “People influence people”. Ir contra esta corriente no es inteligente ni tampoco necesario.

A nivel político, algunos de los retos relacionados con la estrategia de asuntos públicos es la regulación que garantice una práctica ética del sector, frenando prácticas no transparentes como el cabildeo oculto, la manipulación de información o la coacción. En varios países estas prácticas ya están siendo reguladas, y en el nuestro ya se están considerando iniciativas legislativas que garanticen el profesionalismo y la ética en esta práctica.

Los días en los que los gobiernos eran entes aislados y cuyas decisiones solo estaban condicionadas por los poderes tradicionales han terminado. La clave es lograr un enfoque colaborativo que acepte la ayuda de cada uno de los sectores, pero esta es una tarea compleja que requiere de la ayuda de profesionales interdisciplinarios que persigan valores éticos y de transparencia. El éxito en la estrategia de asuntos públicos depende de esta complementariedad y del compromiso con estos principios, tanto a nivel interno de las firmas como en la interacción entre sectores.

En un entorno de sobreestimulación informativa, las estrategias tradicionales han perdido eficacia, por lo que marcas personales y comerciales se están viendo obligadas a implementar planes de comunicación que además de llamar la atención tengan la capacidad de establecer una conexión o engagement con las personas.

En las redes sociales de Internet podemos constatar cómo las personas siguen y defienden la agenda de aquellas cuentas con las que se sienten más conectados, y no necesariamente con las que están alineadas a sus intereses racionales, sino a aquellas que apelan a sus emociones, creencias o identidades.

En ese sentido, el elemento humano es lo primero a considerar para navegar en esta vorágine de información e influencia y lograr establecer una estrategia efectiva y ética de asuntos públicos. A pesar de los avances tecnológicos, la comunicación continúa siendo un elemento esencialmente humano. El negocio de la influencia apuesta por el instinto humano, que a fin de cuentas es lo más valioso que tenemos.

Por Eduardo Valcárcel, publicista, mercadólogo y especialista en comunicación estratégica, managing partner de NewLink Group.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.