Frente a la llegada de nuevos cruceros y el aumento de la demanda, la presidenta ejecutiva de Grupo Piñero analiza el reto de la península: baja densidad, preservación de la biodiversidad y la necesidad de que el Estado garantice infraestructuras hídricas, viales y de saneamiento al ritmo de la inversión privada.
Más turistas, nuevas inversiones y una mayor conectividad pueden ampliar las oportunidades económicas de Samaná. Pero a medida que la provincia amplía sus perspectivas de desarrollo turístico, también aumenta la necesidad de garantizar que sus carreteras, servicios básicos, espacios naturales y comunidades puedan responder a esa demanda sin comprometer los recursos que hacen atractivo al destino.
Para Encarna Piñero, presidenta ejecutiva de Grupo Piñero, que el destino pueda atender a esa necesidad será determinante. La provincia cuenta con una biodiversidad que constituye parte esencial de su atractivo, no obstante, para la ejecutiva, preservar esa ventaja exige que el desarrollo hotelero esté acompañado de planificación territorial, saneamiento y mejores conexiones viales.
“En el caso de Samaná, su mayor fortaleza radica en su exuberante biodiversidad y su esencia natural, por lo que el camino a seguir es seguir potenciando un modelo de desarrollo ordenado, de baja densidad y con enfoque en la sostenibilidad regenerativa”, afirma Piñero.
Para lograr ese ideal, Piñero considera que el crecimiento debe apoyarse en una coordinación más estrecha entre el sector público y el privado, de manera que la planificación territorial, los servicios básicos, la gestión ambiental y el ordenamiento vial avancen en sintonía con las nuevas inversiones. El objetivo es proteger el entorno y procurar que las oportunidades económicas también se traduzcan en bienestar para las comunidades locales.
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El crecimiento pone a prueba la capacidad del destino
La expectativa de un mayor flujo turístico, junto con la presencia de dos nuevos puertos que podrían incrementar las llegadas, plantea el desafío de organizar el movimiento de viajeros y excursionistas para evitar presiones sobre la bahía y las comunidades.
Para Piñero, aunque la llegada de más cruceristas y turistas representa una oportunidad económica, su aprovechamiento requiere coordinación entre las autoridades portuarias, el Ministerio de Turismo y los operadores locales, así como reglas para el transporte marítimo y la convivencia en los espacios compartidos.
“Distribuir el tránsito de excursionistas de forma planificada permitirá proteger la belleza de la bahía y asegurar que cada visitante viva una experiencia inolvidable, manteniendo la tranquilidad de las comunidades”, señala.
De hecho, para Piñero, la infraestructura pública es una pieza importante de esa ecuación. Señala como prioridades la rehabilitación de los muelles para excursionistas, el saneamiento y la conectividad vial y aérea. También atribuye al Gobierno la responsabilidad de liderar la planificación urbana y las grandes obras de soporte, incluidas las infraestructuras hídricas y los puertos públicos.
El sector privado, por su parte, debe acompañar ese proceso con inversiones responsables, capacitación continua de sus colaboradores y tecnologías limpias para sus operaciones. “Cuando ambos sectores caminan coordinados, la capacidad de respuesta del destino se fortalece de forma equilibrada”, afirma.
También entiende que el tejido empresarial en la zona puede contribuir al desarrollo del destino mediante sus compras, la generación de actividad económica, la conectividad y la educación ambiental. En ese sentido, afirmó que más del 90% de las compras que realiza el grupo en Samaná se canaliza a proveedores dominicanos. La compañía también destaca su participación en la apertura de la ruta Madrid-El Catey a través de Soltour y su apoyo a iniciativas de educación ambiental dirigidas a escuelas y comunidades.
Estas acciones forman parte de una visión en la que la inversión turística debe generar vínculos con la economía local. Para Piñero, las empresas pueden aportar innovación, eficiencia y dinamismo económico, mientras que la planificación territorial y los servicios públicos corresponden al Estado.

Aun así, en conversación con Forbes Dominicana, la ejecutiva reiteró que la responsabilidad empresarial tiene límites que deben complementarse con la acción pública. Mientras las compañías deben reducir el impacto de sus operaciones, impulsar la economía circular y proteger la flora y fauna nativas, corresponde al Estado establecer las políticas públicas y las normas para resguardar el patrimonio natural.
También indicó que el crecimiento de la oferta hotelera no resuelve por sí solo las necesidades del territorio. Sin servicios públicos y accesos adecuados, la expansión turística puede avanzar a un ritmo distinto al de las condiciones que necesita para funcionar.
La sostenibilidad como condición empresarial
Grupo Piñero lleva dos décadas presente en Samaná y prevé continuar invirtiendo en la calidad de sus resorts. Entre sus planes figura la incorporación de Cayo Levantado Resort a The Unbound Collection by Hyatt, además de ampliar los programas de conservación costera de la Fundación Eco-Bahia y el mecenazgo cultural a través de Atelier Yubarta.
No obstante, la visión de largo plazo de Grupo Piñero para Samaná no se limita a ampliar la oferta hotelera. También plantea la necesidad de preservar las condiciones naturales que sostienen el atractivo turístico de la provincia y de procurar que la actividad genere oportunidades para sus habitantes.
El cambio climático, el sargazo y la preservación de los arrecifes figuran entre los desafíos que Encarna Piñero considera necesario atender desde ahora para proteger el futuro turístico de Samaná. Ante esa realidad, advierte que el sector privado debe asumir su parte en esa tarea, mediante prácticas que reduzcan el impacto de sus operaciones y contribuyan a conservar los ecosistemas.
“Las empresas somos ejecutoras y aliadas de esa visión pública en el terreno”, afirma, al referirse a la responsabilidad compartida entre las compañías y el Estado en la protección del patrimonio natural.
Al pensar en Samaná dentro de 20 años, Piñero describe un destino que haya preservado su patrimonio natural, mejorado sus áreas verdes y protegido la riqueza de su bahía, al tiempo que genere empleo cualificado, fortalezca las pequeñas y medianas empresas y amplíe la educación ambiental.
Ese escenario plantea una exigencia que va más allá del número de visitantes o de las inversiones anunciadas: lograr que la expansión turística avance al ritmo de la capacidad del territorio para sostenerla.
Para las empresas y las autoridades, el reto será compatibilizar el crecimiento económico con la protección de la bahía, el entorno natural y la tranquilidad de las comunidades. Piñero aspira a que la experiencia de Samaná demuestre que el turismo puede seguir creciendo sin deteriorar los recursos de los que depende. En última instancia, esa será una de las medidas más importantes del desarrollo que le espera al destino.
