La plataforma invierte más de 15 millones de pesos al año, reúne a 36 diseñadores y busca convertir la exposición de las pasarelas en ventas, formación y acceso a mercados internacionales.

Una colección puede tardar meses en desarrollarse y apenas unos minutos en una pasarela para ser presentada ante el público. Ese momento es apenas el escaparate de una actividad que empieza en el diseño y la confección, pasa por la promoción y comercialización y puede terminar llegando a mercados internacionales. En República Dominicana, esa cadena se tradujo en 3,217 millones de dólares (mdd) en exportaciones de moda durante 2023-2024, un 10% más que en el período 2021-2022.

La diferencia entre una colección que logra trascender el desfile y convertirse en una marca con proyección internacional y otra que se queda en el espectáculo está en lo que ocurre después de ese instante. Para Melkis Díaz, diseñadora, empresaria y CEO de República Dominicana Fashion Week (RDFW), el valor de una plataforma de moda está precisamente en abrir ese siguiente paso: conectar el diseño con compradores, clientes, exposición y, eventualmente, nuevos mercados.

Una de las pasarelas de República Dominicana Fashion Week, plataforma que busca conectar a diseñadores y marcas con consumidores y mercados internacionales.
Cortesía: Valery Hilario.
Una de las pasarelas de República Dominicana Fashion Week, plataforma que busca conectar a diseñadores y marcas con consumidores y mercados internacionales.
Cortesía: Valery Hilario.

Al frente de RDFW, Díaz ha buscado cerrar esa brecha construyendo alrededor del desfile una plataforma  capaz de acercar el diseño a una audiencia y, a partir de esa exposición, generar oportunidades comerciales.

De acuerdo con el informe Situación de la Industria de la Moda en la República Dominicana, elaborado por el Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (ProDominicana), en el país se cuenta con más de 470 empresas vinculadas a la moda, se ha formado a más de 8,500 personas (73% mujeres) y sus productos llegan a más de 80 mercados internacionales. Al mismo tiempo, 78% de las empresas del sector son microempresas. “La plataforma es una vitrina donde se expone lo que cada diseñador hace”, explica. Solo entre enero y julio de 2025, las exportaciones de moda sumaron 862.1 mdd, equivalentes al 10% del total exportado durante ese período.

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El dinero detrás de la pasarela

A primera vista, República Dominicana Fashion Week puede parecer un evento marcado por las pasarelas, los reflectores, las celebridades y el movimiento social que acompaña a una semana de moda. Detrás de esa escena existe, sin embargo, una operación que requiere planificación, producción, inversión, patrocinio y una estructura capaz de reunir durante varios días a diseñadores, marcas, instituciones, prensa, invitados internacionales y público.

RDFW nació en 2009 bajo la dirección de Jorge Diep, cuando las semanas de moda comenzaban a ganar espacio como vitrinas para proyectar el trabajo de los diseñadores. Diecisiete ediciones después, aquella iniciativa se ha convertido en un evento de mayor escala, cuya organización implica una inversión que supera los 15 millones de pesos (MDP) para la edición de este año, con 36 diseñadores en cartelera.

Detrás de esa cifra hay una estructura de producción que debe sostener la experiencia completa del evento y que se financia mediante patrocinadores y el respaldo de instituciones públicas como el Ministerio de Turismo, Supérate, el Ministerio de la Mujer, Proindustria y ProDominicana. La magnitud también se refleja en su capacidad de convocatoria.

Solo el año pasado, la plataforma recibió entre 6,000 y 7,000 personas por día, mientras su contenido alcanzó alrededor de 11 millones de visualizaciones en redes sociales. Se trata de unas cifras que muestran que el evento trasciende los tres días de programación y extiende su alcance hacia una comunidad que sigue, consume y participa del fenómeno de la moda.

Es ahí donde una pasarela comienza a adquirir valor más allá del espectáculo. La audiencia se convierte en un activo para diseñadores y marcas: concentra consumidores, profesionales de la industria, medios de comunicación, celebridades y potenciales compradores en un mismo espacio. “Todo el mundo quiere estar ahí”, dice Díaz al describir el ecosistema que se ha desarrollado alrededor del evento.

Cuando una colección tiene que venderse

Para Díaz, una de las diferencias fundamentales dentro de la moda está en la manera en que cada diseñador entiende su propio trabajo. Hay quienes se acercan a la disciplina principalmente desde la creación y la expresión artística, mientras otros comprenden que detrás de una colección también debe existir una lógica comercial. “Hay diseñadores que entienden el negocio de la moda, otros son artistas”, sostiene.

La distinción no implica restarle valor a la creatividad. Al contrario, parte de su planteamiento es que una colección puede ser artística, innovadora y capaz de llamar la atención, pero necesita encontrar un consumidor si el diseñador pretende convertir ese trabajo en una actividad sostenible. El diseño puede comenzar como una idea, convertirse en una colección y llegar a una pasarela; pero, desde la perspectiva de Díaz, el proceso económico comienza cuando alguien quiere llevarse esa pieza, hacer un pedido o establecer una relación comercial con la marca.

Melkis Díaz, diseñadora, empresaria y CEO de República Dominicana Fashion Week (RDFW).
Cortesía: Jean Frias.
Melkis Díaz, diseñadora, empresaria y CEO de República Dominicana Fashion Week (RDFW).
Cortesía: Jean Frias.

Una experiencia ocurrida en RDFW en 2019 resume mejor que cualquier indicador esa visión. Una diseñadora colombiana presentó su colección durante el evento y terminó vendiendo prácticamente todas las piezas. “Se fue con las maletas vacías”, recuerda Díaz. Lo que quedó de aquella participación no fue solamente la exposición de una colección ante el público, sino la posibilidad de convertir el desfile en ventas y negocios.

Ese es el tipo de resultado que Díaz considera relevante para una plataforma de moda: que el interés generado durante la presentación tenga continuidad una vez que termina el espectáculo. De ahí que RDFW busque que los diseñadores no lleguen únicamente con una colección para exhibir, sino con una propuesta capaz de encontrar público y oportunidades comerciales.

La misma lógica se extiende a los espacios comerciales que acompañan el evento, donde las marcas pueden exhibir y vender sus productos. Para Díaz, la pasarela funciona así como un punto de encuentro entre creación y mercado: el diseñador obtiene visibilidad, pero esa exposición tiene mayor valor cuando puede traducirse en clientes, pedidos, alianzas o nuevas oportunidades.

En un sector donde producir una colección puede representar una inversión considerable, esa diferencia resulta determinante. Una colección puede generar aplausos durante unos minutos; una colección que encuentra compradores puede comenzar a construir un negocio.

Cuánto cuesta convertir una idea en colección

Para un diseñador que comienza, el tamaño de la inversión puede ser tan variable como el tipo de colección que quiera construir. Díaz explica que una propuesta sencilla puede partir de alrededor de un millón de pesos, pero el monto puede crecer hasta varios millones cuando entran en juego telas especiales, encajes, pedrería y otros insumos. En el otro extremo, un creador que domine la costura y el patronaje y produzca directamente sus piezas puede reducir considerablemente el costo. Con unos 20,000 pesos, dice, puede elaborar alrededor de 15 piezas.

La amplitud de esos rangos convive, además, con un mercado global que FashionUnited estima en alrededor de 2 billones de dólares para 2025, en el que diferenciarse adquiere otra dimensión. Las herramientas digitales han reducido algunas barreras para diseñar, mostrar y comercializar, pero también han multiplicado la cantidad de propuestas que compiten por la atención del consumidor. “Ahora mismo cualquiera diseña”, dice Díaz.

En ese escenario, la exposición por sí sola pierde parte de su valor. Para un diseñador emergente, una primera colección puede funcionar como una muestra de capacidad: se producen algunas piezas, se presentan y, si encuentran compradores, llegan los pedidos. El desafío aparece cuando ese interés comienza a crecer y el diseñador necesita pasar de hacer unas pocas piezas a responder de manera consistente a una demanda mayor. La oportunidad, entonces, no está únicamente en mostrar lo que sabe hacer, sino en encontrar quién quiera comprarlo y cómo llevar esa propuesta a nuevos espacios.

RDFW intenta intervenir precisamente en esa etapa inicial. Cada año abre espacio a más de 10 jóvenes talentos que participan completamente gratis, mientras que los diseñadores que aspiran a formar parte de la programación deben presentar un portafolio y pasar por un proceso de evaluación. Algunos reciben entre 30 y 50 boletas para vender y recuperar parte de la inversión que supone participar. No se trata, explica Díaz, de permitir la entrada a cualquiera que quiera desfilar, sino de revisar la calidad y el trabajo que hay detrás de la propuesta.

A esto se suman los espacios de pop-up que permiten a las marcas exhibir y comercializar sus productos durante el evento. De esta manera, la plataforma intenta ampliar lo que recibe un diseñador a cambio de participar: no solo unos minutos de exposición, sino acceso a una audiencia, posibilidades de venta y conexiones que puedan ayudarlo a construir mercado.

República Dominicana Fashion Week busca convertir la exposición de las pasarelas en oportunidades comerciales para diseñadores y marcas dominicanas.
República Dominicana Fashion Week busca convertir la exposición de las pasarelas en oportunidades comerciales para diseñadores y marcas dominicanas.

Cuando la pasarela se convierte en puerta de entrada

La siguiente escala para un diseñador no está necesariamente dentro de la propia semana de la moda, sino en lo que puede ocurrir después de ella. RDFW ha construido parte de su estrategia alrededor de alianzas con otras plataformas y espacios de moda, entre ellas New York Fashion Week, Puerto Rico Fashion Week, Barranquilla Fashion Week y Colombia Moda, mediante intercambios de talento y oportunidades de exposición.

La internacionalización también comienza a tomar una forma más comercial. Para esta edición, Díaz trabaja con un showroom recién establecido en Miami que busca reunir propuestas de diseñadores latinoamericanos y cuyos representantes acudirán a RDFW para conocer nuevos talentos dominicanos y evaluar la posibilidad de incorporar algunas de sus marcas a ese espacio de venta.

La plataforma también mantiene una alianza con FDLA, a través de un proyecto de becas valorado en más de 40,000 dólares para que diseñadores latinoamericanos puedan estudiar diseño de moda en el Fashion Institute of Technology (FIT), en Nueva York. La iniciativa contempla la incorporación de varios diseñadores emergentes dominicanos.

A esto se suma una red de intercambios que busca que el diseñador no dependa únicamente de la visibilidad obtenida durante los días del evento. La lógica es que una colección pueda encontrar primero una audiencia local, después una oportunidad comercial y, eventualmente, una puerta de entrada a otro mercado. Para Díaz, esa continuidad es parte de lo que significa utilizar una plataforma de moda como una herramienta para proyectar talento.

La próxima edición de RD Fashion Week se celebrará del 15 al 17 de octubre de 2026, en el Hotel Marriott Santo Domingo Piantini. Será la decimoséptima edición de la plataforma y reunirá propuestas de diseñadores establecidos y emergentes, con una agenda que busca ampliar las conexiones de la moda dominicana con otros mercados.