Mientras el bienestar gana espacio como una práctica cotidiana entre consumidores de alto perfil en el país, también crece la demanda de experiencias vinculadas con relajación, longevidad, alimentación consciente y conexión emocional.
El lujo comenzó a cambiar de forma, alejándose más de lo material y acercándose a experiencias asociadas con bienestar, desconexión o salud emocional. Ya no se trata únicamente de propiedades, vehículos o consumo visible, sino de espacios capaces de reconectar a las personas consigo mismas.
En República Dominicana, las condiciones y proyectos que apuestan a este nicho muestran cómo, desde sesiones de respiración frente al mar hasta retiros diseñados para convivir con el silencio, la naturaleza y el descanso, el wellness ocupa un lugar cada vez más visible dentro del consumo premium.
Un informe de Deloitte señala que desde 2020 se han invertido en el mundo 10,000 millones de dólares (mdd) en empresas vinculadas a salud mental y bienestar, mientras McKinsey estima que la industria global wellness mueve alrededor de 2,000 mdd y mantiene un crecimiento sostenido impulsado principalmente por millennials y generación Z. Para estos consumidores, el bienestar dejó de ser una actividad ocasional para convertirse en una práctica diaria y personalizada.
Aunque en República Dominicana solo se cuenta formalmente con 35 centros de masaje registrados, de acuerdo con datos del Ministerio de Turismo, la oferta wellness se expande hacia experiencias vinculadas con meditación, respiración guiada, alimentación consciente y conexión con la naturaleza mientras surgen propuestas enfocadas en longevidad y biohacking dentro del segmento premium.
Para Flavio Acuña, con 34 años de experiencia en el sector, el cambio en el consumidor es evidente. “La gente está buscando volver a tener una experiencia de vida”, sostiene.
Según explica, atrás quedó el modelo tradicional centrado únicamente en masajes o spa convencionales, para dar paso a experiencias más amplias que integran salud mental, actividad física, conexión emocional y desaceleración.
Acuña sostiene que parte importante de esta transformación está ligada al agotamiento físico y mental provocado por estilos de vida acelerados y altamente digitalizados. En ese contexto, el wellness premium comenzó a enfocarse en experiencias de reconexión. Actividades como yoga, meditación, respiración guiada, arteterapia, tai chi o caminatas conscientes empiezan a formar parte de propuestas diseñadas para consumidores que buscan desconectarse del ruido urbano y recuperar hábitos asociados a bienestar físico y emocional.
“La gente quiere volver a conectar con lo simple, con la naturaleza y con el silencio”, afirma. El especialista asegura que esa demanda también está modificando la manera en que se construyen algunos proyectos inmobiliarios y espacios de bienestar en el país. Menciona desarrollos enfocados en biohacking, longevidad y experiencias inmersivas vinculadas con salud integral.
Aunque existen experiencias grupales, Acuña explica que algunos consumidores solicitan programas completamente diseñados a medida. Según explica, ese nivel de exclusividad puede incluir desde alimentación específica hasta cronogramas individuales de actividades físicas, respiración, descanso y terapias especializadas.
Acuña estima que un retiro wellness de lujo en República Dominicana puede costar alrededor de 3,000 dólares, dependiendo de la duración, el nivel de personalización y las actividades incluidas. “El turismo de bienestar gasta entre un 70% y un 90% más que el turismo convencional”, afirma.
Parte del crecimiento del wellness también está vinculado con cambios demográficos globales. Acuña sostiene que el envejecimiento poblacional y la preocupación por longevidad comenzaron a modificar hábitos de consumo incluso entre generaciones más jóvenes.
La tendencia global coincide con el crecimiento de comunidades, espacios y experiencias enfocadas en calidad de vida y envejecimiento saludable. Acuña considera que las condiciones naturales del país funcionan como un elemento diferenciador dentro de este mercado.
“El wellness que viene acá busca conectar con el mar, las montañas, los ríos y el silencio”, sostiene. También destaca el valor de experiencias asociadas a gastronomía consciente, tradiciones culturales y prácticas ancestrales.
Si bien en República Dominicana la tendencia todavía se encuentra en desarrollo, se está posicionando dentro de un segmento donde el lujo ya no se mide únicamente por lo material, sino por la capacidad de desconectar, ralentizar y recuperar tiempo personal.
