Para Erickdony Turbí Pérez, la respuesta no está en los mapas, sino en la materia. Desde la otra orilla del Atlántico, su vínculo con República Dominicana palpita en un homenaje plástico donde texturas y colores se entrelazan.

El flamboyán que admiraba desde el patio de su abuela, entre casas pintorescas y recuerdos de infancia, es un tesoro que hoy define el arte de Erickdony Turbí Pérez. El rojo intenso de aquel árbol, en contraste con el verde vibrante del paisaje rural, se ha convertido en un elemento esencial de su obra que emerge junto a figuras femeninas que, como su abuela, son guardianas de tradición y legado.

Esa herencia dominicana habita con él en Madrid, convirtiéndose en el motor de un proceso creativo que es, en esencia, un diálogo transatlántico. Sus obras funcionan como ventanas abiertas al sol del Caribe, sus cielos azules y al pulso de la tierra que lo vio nacer.

“Originalmente comencé pintando sobre alpargatas; un calzado de tela con el que buscaba democratizar el arte y llevarlo a la calle. Luego llegaron los bolsos y los pañuelos, porque los textiles permiten ese movimiento”, explica el artista sobre su evolución hacia soportes más dinámicos.

Ese deseo de movimiento y cercanía con la gente conecta la obra de Turbí Pérez con las raíces del costumbrismo, aquel movimiento del siglo XIX que nació para capturar la esencia de lo cotidiano, el folclore y la identidad cultural. En sus piezas, este enfoque se traduce en una visión vibrante y nostálgica que se resiste a la modernidad uniforme, abrazando en su lugar los símbolos más puros de la dominicanidad.

Entre esos símbolos destacan las icónicas muñecas sin rostro de El Higüerito. Creadas en los años 80 por la escultora Liliana Mera Limé, estas figuras son el reflejo del crisol cultural dominicano: una expresión de influencias indígenas, africanas y europeas que Erickdony reinterpreta bajo su propia mirada.

“Yo mantengo un diálogo muy fluido con lo cotidiano”, explica el artista. “Busco plasmar el día a día: la fuerza de las vendedoras de fruta, la ternura de una madre con su hijo… Todo estalla en colores y en la diversidad de los tonos de piel. Al final, somos una mezcla, y mi propósito es que mi arte exprese esa unión”.

Un lenguaje con propósito

También mantiene una investigación constante para proyectar la riqueza natural y cultural de República Dominicana. Muestra de ello su colección inspirada en la fragilidad de las aves y mariposas endémicas, así como en la simbología de la cultura taína, un universo que continúa explorando con respeto.

“Intento dar pinceladas de estos símbolos porque nuestra cultura es inmensa”, afirma con humildad. “Para mí, esto representa un orgullo enorme, pero también un compromiso. Mi propósito es que las piezas que pinto no sea meramente decorativas, sino que comunique algo real”.

Esa profundidad no es casualidad; es el resultado de una pujante trayectoria. Nacido en 1984, Turbí se ha forjado con una notable disciplina académica. Tras graduarse summa cum laude en Diseño de Interiores por la Universidad Católica de Santo Domingo, cruzó el océano para especializarse con una maestría en Diseño Industrial e Interiorismo en la Universidad Antonio de Nebrija, en Madrid.

Fue precisamente en la capital española, donde reside desde 2014, el lugar en el cual su formación técnica se encontró con su sensibilidad caribeña. Allí decidió que su misión sería crear un lenguaje artístico multidisciplinar —navegando con soltura entre la pintura, el diseño y la fotografía— que rescatara y proyectara la esencia dominicana hacia el resto del mundo.

El proyecto de Turbí Pérez tiene un componente social. Su objetivo a corto plazo es continuar exportando el arte dominicano a todo el mundo y, eventualmente, fundar escuelas de formación para jóvenes dominicanos y latinos con talento artístico.

“Mi mensaje es que debemos creer en lo que hacemos. Si nos caemos, es solo por un momento y sirve para recordarnos de dónde venimos”, concluye. Su anhelo es devolver a las nuevas generaciones los recursos y oportunidades que él recibió, asegurando que la esencia dominicana siga recorriendo el mundo a través del arte.

“República Dominicana es un país de colores, alegría, contrastes, lucha y perseverancia”    Erickdony Turbí Pérez