La mixología regional evoluciona hacia una narrativa donde el origen de los ingredientes, las historias que los rodean y las experiencias compartidas se convierten en protagonistas.

En las barras de Latinoamérica se gesta una conversación que va mucho más allá de los destilados y las técnicas de vanguardia. Cada vez con mayor frecuencia, los cocteles hablan de montañas, selvas, costas y campos; de productores que preservan oficios familiares y de ingredientes que durante generaciones formaron parte de la cocina cotidiana antes de encontrar un lugar en la mixología contemporánea.

Esos elementos se han convertido en el eje de una nueva narrativa regional y en una manera distinta de entender la evolución del bartender hacia la mixología: investigar el origen de cada ingrediente, recorrer los territorios donde nace y establecer un diálogo con quienes lo cultivan, cosechan o elaboran.

República Dominicana forma parte de ese movimiento. La más reciente edición nacional de World Class mostró cómo una nueva generación de profesionales entiende que la técnica es apenas el punto de partida.

“Desde hace cuatro o cinco años estamos tomando mucho más en serio la técnica, pero sobre todo nuestros productos locales”, explica Heriberto Federico Remelus, ganador de la competencia impulsada por Diageo.

Sin embargo, para él, el verdadero desafío va más allá de dominar procesos como la fermentación, las maceraciones o las clarificaciones. “La pregunta es cuánto puedes hacer con el producto local de tu país; cuánto puedes mostrarle al mundo y documentar todo lo que existe detrás de ese ingrediente y de las personas que lo producen”, afirma en entrevista con Forbes Life quien fue reconocido como Bartender del Año de República Dominicana 2026.

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Su reflexión sintetiza uno de los cambios que atraviesa la coctelería latinoamericana: el bartender deja de ser únicamente un ejecutor de recetas para convertirse en investigador, narrador y puente entre el campo y la barra.

Esa filosofía tomó forma en Herencia Azul, una de las creaciones con las que Heriberto obtuvo el título nacional. El punto de partida fue una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo rendir homenaje a las personas que hacen posible cada ingrediente que llega a una copa? La respuesta no comenzó en una barra, sino en los bosques húmedos de Monte Plata.

Antes de desarrollar la receta, visitó la Finca La Paradita, donde conoció de cerca el trabajo detrás de la producción de una miel artesanal que sustenta a comunidades rurales dominicanas.

Ese recorrido transformó la concepción de la bebida. La miel Nucayní, infusionada con jengibre, dio origen a un jarabe elaborado con coco tostado —uno de los ingredientes predilectos del bartender— que armonizó de manera impecable con los destilados de agave sobre la estructura clásica de un penicillin, aunque con una identidad propia. El servicio incluía una pequeña camioneta esculpida en hielo que simbolizaba el recorrido de los ingredientes desde el campo hasta la barra.

Heriberto Federico Remelus, ganador de World Class República Dominicana 2026 y Bartender del Año, construye una propuesta de mixología que reivindica los ingredientes locales y las historias de quienes los producen.
Heriberto Federico Remelus, ganador de World Class República Dominicana 2026 y Bartender del Año, construye una propuesta de mixología que reivindica los ingredientes locales y las historias de quienes los producen.

Un aspecto vital

Si el producto local sostiene el lenguaje de la mixología latinoamericana, la hospitalidad emerge como uno de los pilares que completan la experiencia. Como señala Heriberto Federico: “Yo trato a las personas como me gustaría que me trataran. Esa hospitalidad nace cuando investigamos el destilado, los ingredientes, los procesos y las experiencias que vivimos. Todo eso se convierte en una conversación sensorial y emocional”.

Su visión propone una comprensión más amplia de la mixología, entendida como una vivencia que va más allá de la bebida: “La gente quizá no recuerde exactamente el coctel que tomó, pero sí cómo se sintió. Llega un momento en que el coctel pasa a un segundo plano y lo verdaderamente importante es el momento compartido”.

En esa interacción, asegura, el aprendizaje es mutuo. “Los comensales también nos enseñan. Comparten anécdotas y, al final, se crea una conexión; y esa conexión es la verdadera experiencia”.

Esta conversación se replica en distintos países de la región. En Argentina, Guillermina Usqueda, elegida para representar a su país en la final global de World Class 2026 —considerada una de las plataformas internacionales más relevantes para el desarrollo y reconocimiento del talento detrás de la barra—, sostiene que las sensaciones que transmite un coctel y aquello que lo diferencia de otras propuestas pocas veces dependen exclusivamente de la ejecución.

“Leer a las personas, escuchar activamente y estar completamente presente cuando alguien se sienta frente a la barra es fundamental. Nunca hay que dejar de soñar ni olvidar que la persona que tenemos cerca siempre es lo más importante”.

En Colombia, Manuel Duque, fundador de Alquimia Speakeasy, en Manizales, también destaca el valor de esa sintonía dentro y fuera de la barra: “Cuando la historia es honesta, se siente. Cuando conoces un ingrediente, entiendes de dónde viene y quién lo produce, desarrollas una conexión que termina transmitiéndose al preparar un coctel”.

Desde México, el bartender cubano Faver Luis Corría, representante del país en la final global de World Class 2026, coincide con esa visión. “Un coctel nunca es únicamente una bebida. Puede hablar de historia, cultura, tradición y memorias personales. La coctelería es arte y conocimiento. Somos vendedores de experiencias”.

Aunque cada uno trabaja desde contextos distintos, todos comparten la convicción de que la identidad latinoamericana se construye a partir de los territorios, de sus ingredientes y de las personas que los habitan, mientras la hospitalidad fortalece el vínculo con los comensales y convierte cada encuentro en una vivencia sensorial y emocional.

Más que una tendencia, esta forma de entender la coctelería refleja una transformación cultural que recorre Latinoamérica. En un momento en que la gastronomía busca responder de dónde vienen sus ingredientes y quiénes hacen posible cada producto, la barra también asume ese compromiso.

En ese proceso, la mixología deja de ser únicamente una innovación técnica para convertirse en una herramienta de investigación, interpretación y preservación del patrimonio gastronómico de la región, estrechamente vinculada con su herencia cultural. Cada copa es, entonces, un relato sobre territorio, identidad y comunidad.

Heriberto Federico Remelus, integrante del equipo de mixología de Casaré, representará a República Dominicana en la final global de World Class 2027, tras un año de preparación y formación especializada.
Heriberto Federico Remelus, integrante del equipo de mixología de Casaré, representará a República Dominicana en la final global de World Class 2027, tras un año de preparación y formación especializada.

Una generación competitiva

Tras obtener el campeonato nacional, Heriberto Federico Remelus, egresado del programa social Learning for Life, iniciará un año completo de preparación antes de representar al país en la final global de World Class 2027. El proceso contempla mentorías, entrenamientos especializados y un laboratorio creativo que busca fortalecer su propuesta de acuerdo con los estándares internacionales de la competencia.

La campeona nacional de 2025 y representante dominicana en World Class de ese año, Frendymar Camacho, acompañará esa transición. El nivel alcanzado durante la competencia también quedó reflejado en los finalistas nacionales —Frayán Rodríguez, Yonathan Manuel Marte, Rafael Zavala Gómez, Wilmer Rodríguez, Andreudy Pozo Pérez y Emmanuel De Óleo—, cuyas propuestas evidencian el crecimiento técnico y conceptual de la escena local.