El país ocupa el puesto 66 entre 110 economías en el índice del World Economic Forum, mientras un informe de la OCDE advierte que la nueva competencia turística dependerá cada vez más de infraestructura, talento, resiliencia, tecnología y capacidad para generar valor en las comunidades.
Cuando se habla de los grandes destinos turísticos, la cantidad de visitantes suele funcionar como una primera referencia para medir su popularidad y atractivo. A mayor flujo de viajeros, mayor puede parecer el éxito de un destino. Sin embargo, el volumen por sí solo no cuenta toda la historia. Si bien sigue siendo una medida importante para una industria que representa uno de los principales motores de la economía, la competencia internacional también pone el foco en qué tan preparados están los destinos para absorber ese flujo, sostener su crecimiento y convertirlo en mayor valor económico y social.
Esa es la perspectiva que permite observar el resultado de República Dominicana en el Travel & Tourism Development Index (TTDI) 2026 del World Economic Forum (WEF). El país obtuvo 3.93 puntos sobre 7 y ocupó el puesto 66 entre 110 economías, ligeramente por debajo del promedio de 3.96 puntos de las Américas. La puntuación dominicana mejoró 1.8% frente a 2024 y 4.3% respecto a 2019, aunque su posición en el ranking no cambió frente a la edición anterior.
Posición y puntuación de países seleccionados en el Travel & Tourism Development Index 2026
| País | Puesto | Puntuación |
|---|---|---|
| Chile | 35 | 4.39 |
| Brasil | 32 | 4.41 |
| México | 41 | 4.31 |
| Argentina | 48 | 4.22 |
| Costa Rica | 51 | 4.16 |
| Colombia | 54 | 4.13 |
| República Dominicana | 66 | 3.93 |
| Panamá | 65 | 3.96 |
| Perú | 64 | 3.96 |
| Uruguay | 71 | 3.82 |
| Jamaica | 78 | 3.65 |
| Guatemala | 94 | 3.43 |
| Nicaragua | 100 | 3.28 |
| Honduras | 103 | 3.22 |
La comparación regional coloca a República Dominicana detrás de Brasil, Chile, México, Argentina, Costa Rica y Colombia. Perú y Panamá también aparecen por encima, en los puestos 64 y 65, respectivamente.
Pero el índice no intenta responder cuál país recibe más turistas ni cuál genera mayores ingresos por la actividad. El propio World Economic Forum advierte que el TTDI no mide directamente llegadas, gasto o ingresos, sino que evalúa las condiciones que permiten desarrollar un sector turístico sostenible y resiliente, desde el entorno empresarial y las políticas públicas hasta infraestructura, conectividad, recursos naturales y culturales y sostenibilidad. Ahí está la diferencia entre medir el tamaño de una industria y medir su capacidad para competir en el futuro.
El informe encuentra que las condiciones para desarrollar turismo mejoraron entre 2024 y 2026 en el 92 % de las economías analizadas. Sin embargo, el avance es desigual y el organismo identifica varios retos que empiezan a definir la siguiente etapa del sector: costos crecientes, brechas de inversión, limitaciones de mano de obra y sostenibilidad.
Para Las Américas, el WEF destaca precisamente una tensión entre la mejora de la oferta turística y el aumento de los costos. La región avanzó en recursos culturales, servicios e infraestructura turística y conectividad aérea, pero la caída en competitividad de precios limitó el desempeño general. En otras palabras, tener más infraestructura y una mejor oferta no necesariamente se traduce en mayor competitividad si operar y viajar se vuelve más costoso.
El turismo entra en otra etapa
El contexto internacional ayuda a entender por qué las condiciones están cambiando. El informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) Tourism Trends and Policies 2026 señala que el turismo ha recuperado con fuerza su dinamismo y continúa siendo un importante motor económico, pero también enfrenta presiones que están cambiando la forma en que los destinos deben planificarse y administrarse.
Los flujos concentrados de visitantes están ejerciendo presión sobre infraestructura y comunidades, mientras algunos destinos menos visitados no consiguen capturar suficientes beneficios de la actividad. Al mismo tiempo, los eventos meteorológicos extremos están aumentando los riesgos operativos y de seguridad y modificando los patrones de demanda.
La consecuencia es un cambio en la definición de éxito turístico. Para la OCDE, cada vez importa más la capacidad de generar valor económico sostenido, al tiempo que se fortalecen la resiliencia, la sostenibilidad ambiental y los resultados positivos para las comunidades locales.
Costa Rica ofrece un ejemplo. De acuedo con el informe de TTDI , el país centroamericano ocupa el puesto 51 del índice y, aunque figura entre los destinos menos competitivos en precios (puesto 86 mundial en ese indicador), aparece cuarto en sostenibilidad turística y sexto en sostenibilidad de la demanda. La publicación señala además que sus llegadas internacionales crecieron alrededor de 1 % en 2025, pero el gasto promedio por visitante pasó de aproximadamente 1,602 dólares a 1,848 dólares, un aumento cercano al 15 %.
Es decir, de acuerdo con la OCDE, la idea es desplazar la estrategia de atraer más turistas a administrar mejor el turismo. Esto porque más visitantes implican más demanda de transporte, agua, energía, servicios, infraestructura, trabajadores, espacios urbanos y recursos naturales. La competitividad depende de que esos elementos puedan avanzar al ritmo de la actividad.
Te podría interesar: El nuevo mapa del turismo dominicano
Más turistas no necesariamente significan más valor
La OCDE estima que, en promedio, por cada dólar de valor agregado directo generado por el turismo en las economías del organismo se generan otros 61 centavos de valor agregado indirecto en industrias que abastecen al sector. Entre ellas aparecen actividades como agricultura, construcción y transporte.
Ahora, la relevancia del turismo no está solamente en cuántas habitaciones ocupa o cuántos visitantes recibe un destino, sino en cuánto valor consigue distribuir por el resto de la economía. Es decir, el crecimiento turístico requiere algo más que hoteles y aeropuertos. La OCDE plantea que los destinos necesitan infraestructura compartida, sistemas de transporte confiables y conectividad para mejorar tanto la experiencia del visitante como la capacidad de las regiones para beneficiarse de la actividad.
También recomienda integrar el turismo dentro de estrategias más amplias de desarrollo regional. Cuando los visitantes se concentran en determinados polos, la presión sobre los servicios y la infraestructura aumenta, mientras otras zonas pueden permanecer al margen de los beneficios.
La respuesta que plantea el organismo no consiste simplemente en aumentar la capacidad de los destinos más demandados. También contempla distribuir los flujos hacia áreas preparadas, invertir en infraestructura compartida y conectar el desarrollo turístico con las necesidades de las comunidades.
Aunque la región mejoró en recursos culturales, servicios e infraestructura turística y conectividad aérea, la competitividad de precios disminuyó, limitando parte de los avances alcanzados, afirman desde WEF. Es decir, aunque la oferta es más amplia y hay una mejor conectividad, estas no garantizan por sí solas una mayor competitividad si los costos asociados al viaje y a la operación turística aumentan.
Por eso, el WEF plantea una nueva lógica basada en competir por valor y no únicamente por precio. La OCDE coincide con esta evolución al proponer modelos de turismo que prioricen sostenibilidad, resiliencia y beneficios económicos para las comunidades, mientras administran activamente los flujos de visitantes.
La expansión turística también necesita trabajadores suficientes y preparados para sostenerla. El WEF identifica las limitaciones de mano de obra entre los retos que están afectando la competitividad global del sector.
La OCDE coloca el desarrollo de habilidades entre las prioridades para crear un entorno favorable para las empresas turísticas. Su diagnóstico incluye la necesidad de mejorar el acceso al financiamiento, invertir en capacidades y acompañar a las empresas en las transiciones digital y sostenible. No se trata únicamente de formar más trabajadores. El cambio tecnológico también está modificando las capacidades que demanda la industria.

La transformación digital y la inteligencia artificial están creando oportunidades para mejorar la gestión de los destinos, elevar la eficiencia operativa y personalizar las experiencias de los viajeros. Pero para aprovecharlas, la OCDE señala que los gobiernos necesitan sistemas de datos más oportunos, detallados y confiables que permitan tomar decisiones con mayor evidencia. La competitividad turística empieza así a depender también de qué tan bien un destino conoce y administra a sus visitantes.
La sostenibilidad deja de ser un complemento
La otra gran presión está relacionada con la capacidad de los destinos para soportar el impacto físico del crecimiento. La OCDE advierte que los eventos meteorológicos extremos pueden afectar simultáneamente la infraestructura, las operaciones, el empleo, la seguridad y la experiencia de los visitantes.
Para República Dominicana, el riesgo climático ya tiene una expresión económica medible. Un estudio publicado por el Banco Central, que analiza el comportamiento del turismo frente a tormentas tropicales y huracanes entre 1996 y 2019, estima que el paso de un huracán provoca, en promedio, una caída de 4.3% en la llegada de pasajeros no residentes. El efecto se traslada al sector Hoteles, Bares y Restaurantes, con una reducción estimada de 1.8%, y a la actividad económica del país, con una caída de 0.20%.
Por eso, la OCDE recomienda incorporar la gestión de riesgos, la preparación ante emergencias y la inversión en infraestructura resiliente dentro de la planificación turística.
El TTDI muestra que 92% de las economías evaluadas mejoraron sus condiciones para desarrollar turismo entre 2024 y 2026, mientras la puntuación promedio mundial aumentó 2.1%. Los mayores avances se produjeron en recursos culturales, servicios e infraestructura turística y conectividad aérea. Pero el mismo contexto muestra que mejorar la oferta no elimina automáticamente las restricciones. Los costos, las brechas de inversión y de mano de obra y las presiones sobre la sostenibilidad están adquiriendo mayor peso.
