Algunos los llaman “trabajadores burbuja” y otros los denominan “empleados sin la opción ‘fuera de oficina’”, pero ambas expresiones se refieren a un mismo fenómeno: el de quienes trabajan en todas partes, a todas horas, la mayoría de los días sin desconectar del ámbito laboral, incluso en vacaciones.

Para algunas personas, haber concluido su jornada laboral no implica que dejen de trabajar ese día. Aunque hayan salido de la oficina o apagado el ordenador, continúan pendientes del correo electrónico, responden mensajes, revisan tareas o dedican parte de su tiempo libre a cuestiones relacionadas con su entorno laboral, advierten los especialistas en salud laboral.

Cuando esta conexión a la actividad laboral es casi permanente y el trabajo invade los momentos destinados al descanso, al ocio o a la vida personal, puede aparecer el Síndrome del Trabajador Burbuja, un fenómeno que refleja cómo se difuminan los límites entre la vida laboral y la personal, señalan los expertos de Cigna Healthcare, aseguradora médica especializada en el sector corporativo.

Esa sensación de conexión permanente con el trabajo puede adoptar formas muy diferentes, como revisar el correo corporativo de manera compulsiva.

El síndrome del trabajador burbuja

“Cuando responder un correo desde un lugar de vacaciones, aprovechar un trayecto para atender una llamada o revisar un mensaje de trabajo durante una comida familiar se convierten en una costumbre, el cerebro permanece parcialmente conectado al entorno laboral, dificultando que el descanso cumpla realmente su función”, explican desde Cigna.

“Uno de los principales problemas de este síndrome es que no suele percibirse como tal. Al contrario, muchas de las conductas que lo caracterizan se premian o se interpretan como una demostración de compromiso y dedicación”, señala Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España.

“Cuando responder fuera de horario, estar siempre disponible o pensar constantemente en el trabajo deja de verse como una excepción y pasa a considerarse la forma habitual de trabajar, resulta mucho más difícil detectar que esa dinámica puede estar influyendo en el bienestar de la persona”, enfatiza.

Respetar y fomentar la desconexión

Para evitar el Síndrome del Trabajador Burbuja, desde Cigna recomiendan a las organizaciones rebajar el nivel de exigencia cuando este provoca una presión constante sobre el empleado, impulsándolo a prolongar la jornada innecesariamente para revisar tareas de forma continua, por miedo a cometer errores o por la dificultad de dar un proyecto por terminado.

También aconsejan analizar qué comportamientos se premian. Si responder correos fuera del horario laboral, atender mensajes durante las vacaciones o mostrarse siempre disponible se interpreta como una muestra de implicación, esas conductas terminan normalizándose dentro de los equipos.

Asimismo, recomiendan favorecer una distribución equilibrada de responsabilidades. Cuando determinadas funciones o decisiones recaen siempre sobre las mismas personas, estas perciben que deben estar disponibles en todo momento.

También es importante que las organizaciones prioricen la planificación en lugar de la improvisación. Si la actividad diaria se caracteriza por cambios constantes de prioridades o urgencias de última hora, resulta difícil distribuir la carga de trabajo de forma equilibrada, aumentando la presión innecesaria y la sensación de que todo requiere atención inmediata.

Por otra parte, recalcan que los periodos de desconexión, como las vacaciones y los días libres, deben respetarse evitando llamadas, correos o mensajes, salvo en situaciones excepcionales. Estos espacios deben entenderse como una oportunidad para recuperarse física y mentalmente y regresar al trabajo con mayor bienestar.

Empleados sin “fuera de oficina”

Por su parte, los expertos de Ommnio, compañía especializada en digitalizar la comunicación corporativa interna, denominan a este perfil laboral “trabajador sin ‘fuera de oficina’”, en alusión a quienes nunca activan el mensaje automático que informa que están de vacaciones, ausentes o no disponibles para trabajar.

Lo describen como un empleado que atiende correos, llamadas y mensajes fuera de su jornada y no consigue marcar un límite entre el trabajo y el tiempo de descanso, incluso durante las vacaciones, cuando esa frontera debería estar más clara que nunca.

Anna Quintero, CEO de Ommnio, considera que esta tendencia puede verse favorecida por “un ecosistema tecnológico donde se glorifica el ‘siempre encendido’ y el agotamiento se lleva como una medalla”.

La dificultad añadida de la modalidad deskless

La imposibilidad de desconectarse del trabajo y el impulso de mantenerse comunicado con el entorno laboral suelen reanudarse con fuerza en otoño, al regreso de las vacaciones, apunta Quintero.

Se trata de una tendencia más difícil de contrarrestar para los trabajadores de primera línea en modalidad deskless (sin escritorio), que desarrollan su actividad fuera de un despacho y se comunican mediante su teléfono móvil personal.

Mientras que en un entorno de oficina existen herramientas y rutinas que delimitan la jornada laboral —como el correo corporativo, el ordenador o aplicaciones de trabajo que pueden dejar de utilizar al terminar el horario—, para los empleados deskless la situación es distinta.

Trabajadores de tiendas, logística, restauración, industria, mantenimiento o atención directa al cliente, que suelen trabajar con turnos variables y necesitan recibir avisos, cambios de turno o instrucciones operativas, a menudo se coordinan con sus organizaciones a través de WhatsApp y utilizando su teléfono personal.

En estos casos, “la desconexión no consiste en cerrar el portátil o activar una respuesta automática en el correo electrónico, ya que el trabajador puede continuar formando parte de grupos de comunicación que permanecen activos continuamente, incluso cuando está de vacaciones”, explica Anna Quintero.

“El problema para los empleados deskless es que, al no disponer de un dispositivo corporativo que puedan apagar o poner en modo ‘fuera de oficina’, siguen formando parte de grupos de trabajo de manera permanente, lo que dificulta que puedan desconectar realmente”, añade.

El espacio personal es innegociable

Para que estos trabajadores se sientan más predispuestos a desconectar y les resulte más sencillo hacerlo, Quintero sugiere empezar a percibir los momentos de desconexión como una herramienta para ser más productivos y mejorar el rendimiento laboral, considerando el espacio personal como algo innegociable.

“Cuando dejamos de estar permanentemente conectados al trabajo o a internet, nuestro cerebro entra en un estado en el que consolida la memoria y aparece la creatividad. Muchas de las mejores decisiones no se toman mirando el ordenador, sino dándole a nuestras neuronas espacio para descansar”, enfatiza.

Para modificar esta conducta, recomienda comenzar con un cambio pequeño, como dedicar una hora al día a desconectar de verdad, por ejemplo, dando un paseo por un parque.

Además, aconseja “respetar ese momento del día como respetarías una reunión con tu cliente más importante”.

“Al desconectar te reunirás contigo mismo, tu cerebro descansará y podrá tomar mejores decisiones que las que produciría al estar permanentemente encendido”, concluye Quintero.

Ricardo Segura/EFE Reportajes