La inteligencia artificial está modificando las habilidades que demanda el mercado laboral y la manera en que los profesionales construyen sus carreras. José David Restrepo, gerente general de LHH para Costa Rica, Guatemala y República Dominicana, analiza por qué mantenerse vigente exige actualizar conocimientos, integrar nuevas tecnologías y fortalecer las capacidades humanas.
La experiencia ha sido históricamente uno de los principales activos para avanzar en una carrera profesional. Los años de trabajo, el conocimiento acumulado y la capacidad de resolver situaciones complejas suelen marcar la diferencia en el mercado laboral.
Sin embargo, la transformación tecnológica está modificando esa relación: hoy, permanecer durante décadas en una industria no garantiza que las habilidades adquiridas sigan respondiendo a lo que demandan las empresas. Con la inteligencia artificial asumiendo parte de las tareas que antes realizaban los profesionales, mantenerse vigente se ha convertido en una exigencia que atraviesa todas las etapas de una trayectoria laboral.
En República Dominicana, el peso de la experiencia también se refleja en la composición del liderazgo empresarial. Según la Encuesta Nacional de Actividad Económica (ENAE) 2024 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el 73.7 % de las empresas tiene como máxima autoridad a una persona de 46 años o más. De ese total, el 37.8 % corresponde a personas de 56 años o más y el 35.9 % a quienes tienen entre 46 y 55 años.
En contraste, apenas el 7.8 % de las empresas está dirigido por personas de 35 años o menos. Esta composición del liderazgo empresarial coincide con un mercado laboral en el que la transformación tecnológica está modificando las competencias que necesitan los profesionales para mantener vigente su experiencia y responder a nuevas exigencias.

Transformación tecnológica
En un mercado laboral atravesado por la transformación tecnológica, la experiencia conserva su valor, pero depende cada vez más de la capacidad de actualizarla y la inteligencia artificial está acelerando ese proceso. Algunas de las tareas que durante años ocuparon buena parte de la jornada de los profesionales, como investigar, organizar información, preparar documentos o ejecutar procesos repetitivos, pueden realizarse ahora con herramientas automatizadas. Esto no significa necesariamente que desaparezcan los puestos de trabajo, sino que cambia lo que se espera de las personas que los ocupan.
Para José David Restrepo, gerente general de LHH para Costa Rica, Guatemala y República Dominicana, el mercado ha redefinido el valor de la experiencia: ya no se trata de acumular años en un currículum, sino de mantener la vigencia de los conocimientos y las capacidades. Una trayectoria extensa conserva relevancia cuando se traduce en pensamiento crítico, capacidad analítica y adaptación a nuevos entornos.
“Hoy, tener décadas de trayectoria solo es relevante si ese bagaje se traduce en una mayor capacidad analítica, pensamiento crítico y una rápida adaptación a los nuevos entornos”, plantea.
La transformación también se refleja en las habilidades que las empresas comienzan a valorar. El Foro Económico Mundial estima que cerca del 39 % de las habilidades centrales de los trabajadores cambiará hacia 2030. En ese escenario, Restrepo considera que el mercado no está reduciendo necesariamente su demanda de profesionales, sino modificando las competencias que necesita.
La inteligencia artificial asume tareas operativas, repetitivas y estandarizables, mientras aumenta la importancia de aquellas capacidades que permiten interpretar información, gestionar relaciones y tomar decisiones complejas. El pensamiento crítico, la adaptabilidad, la inteligencia emocional y la comunicación asertiva figuran entre las competencias que ganan relevancia. A ellas se suma la alfabetización digital, necesaria para comprender y aprovechar las herramientas tecnológicas.
La diferencia, por tanto, no estará únicamente entre quienes utilizan inteligencia artificial y quienes no lo hacen, sino entre quienes la incorporan de manera puntual y quienes son capaces de integrarla en su metodología de trabajo. Restrepo compara este cambio con la llegada de las herramientas de ofimática: mientras algunos profesionales continuaban realizando cálculos manualmente antes de trasladarlos a Excel, otros comenzaron a modificar sus procesos para aprovechar las posibilidades de la tecnología.
“El profesional que se destaca no es el que le hace una pregunta aislada a la IA, sino el que rediseña su metodología de trabajo, automatiza lo operativo y usa su pensamiento crítico para convertir esos datos en decisiones de alto valor”, explica.
Esa integración requiere algo más que aprender a utilizar una aplicación. Desde las posiciones de liderazgo, implica identificar en qué procesos la inteligencia artificial puede aportar valor, establecer políticas para su utilización, definir necesidades de licenciamiento, diseñar programas de entrenamiento y establecer métricas para evaluar resultados. La actualización tecnológica deja de ser una iniciativa individual y pasa a formar parte de las decisiones de gestión de las organizaciones.
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Sin embargo, mantenerse vigente no significa abandonar la especialización. Restrepo sostiene que los conocimientos estructurales de áreas como finanzas, marketing o gestión comercial mantienen su importancia. Lo que cambia es la velocidad con la que algunas habilidades técnicas pierden actualidad y la necesidad de renovarlas de manera constante.
“La capacidad de aprender y, sobre todo, de desaprender, no compite con la especialización; se ha convertido en la habilidad matriz que sostiene a todas las demás”, señala.
Este proceso plantea una dificultad particular para los jóvenes que comienzan su carrera. Muchas de las actividades que tradicionalmente funcionaban como entrenamiento para los profesionales de entrada, como investigar, resumir, preparar primeros borradores u organizar información, son precisamente algunas de las tareas que hoy puede asumir la inteligencia artificial. La automatización obliga a las empresas a replantear cómo se forman los nuevos talentos y qué responsabilidades les asignan durante sus primeros años de trabajo.
Restrepo identifica en ese cambio tanto un riesgo como una oportunidad. Las organizaciones deben diseñar puestos que permitan a los jóvenes participar en la incorporación de herramientas tecnológicas, revisar sus resultados, automatizar procesos y compartir conocimientos con colaboradores de mayor experiencia. En las operaciones de la empresa en Costa Rica, Guatemala y República Dominicana, explica, han incorporado talento joven con ese propósito, con resultados positivos en la mejora de procesos, reportes y acceso a clientes.
El desafío consiste en que esa familiaridad tecnológica no sustituya el desarrollo de otras capacidades. El aprendizaje profesional también requiere pensamiento analítico, empatía y lectura del contexto, competencias que permiten evaluar la información y comprender las consecuencias de las decisiones.
La responsabilidad de mantenerse vigente, además, no recae exclusivamente en las empresas. Aunque las organizaciones tienen un papel en la formación de sus equipos, Restrepo considera que cada trabajador debe asumir una posición activa frente a su desarrollo. Esperar que la empresa defina todos los pasos de una carrera puede limitar la capacidad de adaptación en un entorno donde las herramientas y las exigencias cambian con rapidez.
Desde su perspectiva, los profesionales deben dejar de competir con la tecnología en tareas que esta puede ejecutar con mayor eficiencia, evitar el aprendizaje de nuevas herramientas por temor o comodidad y abandonar la idea de que una carrera sigue necesariamente una ruta ascendente y predecible. En su lugar, deben prepararse para transiciones, mantener una red de contactos activa y desarrollar nuevas capacidades a lo largo del tiempo.
La experiencia, entonces, no pierde importancia: cambia la manera de demostrar su valor. En un entorno donde la inteligencia artificial puede procesar información y ejecutar tareas, la trayectoria profesional necesita acompañarse de actualización constante, criterio para interpretar resultados y capacidad para responder a situaciones que requieren decisiones humanas. La vigencia ya no depende únicamente de lo que una persona ha aprendido durante su carrera, sino de su disposición y capacidad para seguir aprendiendo.
