Las compañías enfrentan una combinación amplia de riesgos que puede afectar sus operaciones, desde terremotos e inundaciones hasta proveedores críticos, tensiones geopolíticas, ciberseguridad y la capacidad de su propio talento para adaptarse a la inteligencia artificial.

Un terremoto puede detener una planta. Una inundación puede interrumpir una operación. La caída de un proveedor puede paralizar una cadena de producción. Un cambio en los aranceles puede alterar los costos. Y una empresa que incorpora inteligencia artificial sin contar con el talento necesario para utilizarla puede encontrarse con un nuevo problema en lugar de una solución.

El riesgo empresarial se ha vuelto más amplio y, sobre todo, más conectado. Para Vivian Acra, CEO de Marsh para Centroamérica y el Caribe, esto está cambiando la manera en que las compañías deben prepararse.

“Ya no es necesariamente hablar de cómo yo compro un seguro y con eso estoy protegido, y ya”, ejemplifica. La conversación, dice, está pasando hacia cómo identificar los riesgos antes de que ocurran, prevenirlos y decidir cuáles deben ser transferidos mediante un seguro.

La dimensión de esa exposición tiene una expresión concreta, pues el 74 % de las empresas consultadas en el informe de adaptación climática de Marsh afirma haber vivido un evento natural que le produjo pérdidas económicas. Huracanes, terremotos e inundaciones dejan de ser acontecimientos externos que simplemente ocurren para convertirse en situaciones capaces de afectar directamente las cuentas y la operación de una compañía.

Por eso, Acra insiste en cambiar la forma de hablar del riesgo climático: “Ya esto no es una conversación ambiental”, plantea. “El riesgo climático ya es un riesgo operativo y financiero”.

La diferencia está en lo que ocurre después del evento. Una empresa puede tener un seguro, pero también necesita saber cómo continuará operando, cuánto tiempo puede permanecer detenida, qué proveedores puede activar y de dónde obtendrá liquidez para recuperarse. La aseguradora puede aportar capital después de un siniestro, pero la velocidad de recuperación también dependerá de la preparación previa.

No existe, advierte Acra, un tiempo estándar para que una empresa asegurada vuelva a operar frente a otra que no lo está. Una compañía puede tener liquidez y planes de contingencia robustos; otra puede estar más comprometida financieramente. También puede ocurrir que el problema no esté dentro de la empresa. En turismo, por ejemplo, una infraestructura puede estar lista para operar después de un evento, pero la recuperación puede tardar si los visitantes pierden la confianza en el destino.

La continuidad del negocio se convierte así en el punto donde empiezan a conectarse riesgos que tradicionalmente se analizaban por separado.

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Continuidad

Si una empresa se plantea qué ocurriría si un terremoto interrumpe su operación, la siguiente pregunta es: ¿qué pasa si el proveedor que necesita para recuperarse tampoco puede operar? Ahí la conversación pasa del riesgo físico al riesgo de la cadena de suministro.

Es también donde entra la geopolítica. Acra señala que la geoeconomía aparece como la principal amenaza para las empresas y gestores de riesgo en el Global Risk Report, citado durante la entrevista. Los cambios en las relaciones entre países, los aranceles y la reducción del peso del multilateralismo hacen más difícil anticipar las condiciones en las que una compañía tendrá que operar.

“Casi parece que la economía ha sido tomada de los cuernos por la política”, dice. Para las empresas, eso se traduce en preguntas bastante concretas: ¿qué ocurre si falla mi proveedor principal?, ¿tengo otra fuente?, ¿puedo cambiar de ruta logística?, ¿cuánto aumenta mi costo si cambia una condición comercial?

La respuesta que plantea Acra pasa por autonomía y diversificación. No significa dejar de depender del comercio internacional, sino evitar que un único proveedor o insumo pueda comprometer toda la operación. Como referencia empresarial, señala que una dependencia de más de 50 % de un proveedor o insumo ya representa un riesgo.

Ese principio también ayuda a entender la discusión sobre el posicionamiento de República Dominicana como hub logístico. Acra considera que el país ha avanzado por su ubicación geográfica, sus relaciones comerciales y su capacidad de adaptación, pero advierte que las empresas tienen que operar en un escenario donde las reglas pueden cambiar con rapidez.

Y mientras algunos riesgos vienen de fuera, otros se están generando dentro de las propias organizaciones.

La inteligencia artificial como amenaza

Según el reporte de riesgos de personas que menciona Vivian Acra, la inteligencia artificial es el riesgo que más ha escalado en severidad como amenaza futura para las organizaciones en los próximos 10 años.

El problema no es únicamente tecnológico. “Tenemos que ver cómo nuestro talento está preparado para acompañar nuestras empresas”, explica. La tecnología puede convertirse en un acelerador de productividad, pero si las personas no tienen las habilidades necesarias para adoptarla, también puede convertirse en una barrera.

Eso coloca al talento dentro de una conversación que tradicionalmente estaba reservada para huracanes, terremotos, infraestructura o proveedores. Capacitación, nuevas habilidades, bienestar y capacidad de adaptación empiezan a ser variables que una empresa también necesita medir.

Lo mismo ocurre con la ciberseguridad y la desinformación. Acra las identifica entre los riesgos tecnológicos relevantes porque pueden afectar la confianza y reputación de una organización y, con ello, su continuidad. La recomendación vuelve a ser la misma: entender el riesgo, medirlo, dimensionarlo, establecer planes y probarlos.

Acciones

Para una empresa pequeña o mediana, la escala cambia, pero no el principio. No necesita necesariamente un plan de contingencia de decenas de páginas, plantea Acra. Necesita saber qué haría si ocurre aquello que puede detener su negocio.

Ese cambio de enfoque lleva nuevamente a la data. Para gestionar riesgos, sostiene, primero hay que saber dónde están. “Lo que no se mide no se gestiona”, repite.

Medir permite decidir dónde invertir, qué prevenir, qué diversificar y qué transferir. El seguro continúa siendo parte de la respuesta, pero deja de ser el punto de partida y se convierte en una herramienta dentro de una gestión más amplia.

En un entorno donde una empresa puede verse afectada simultáneamente por un fenómeno natural, una interrupción de suministro, un cambio geopolítico o una brecha de talento, la ventaja ya no está en saber exactamente qué ocurrirá. Está en tener alternativas cuando ocurra algo que no estaba previsto.

Para Acra, esa capacidad de adaptación termina teniendo una consecuencia empresarial concreta: “El riesgo no es un freno. Realmente es el camino para crecer con confianza”.