El crecimiento en valor, impulsado por turismo y “premiumización”, redefine un mercado del vino dominado por importaciones y presionado por la carga fiscal.

En un país históricamente asociado al consumo de ron y cerveza, la preferencia por el vino comienza a consolidar una presencia cada vez más visible en República Dominicana. Aunque sigue siendo una categoría minoritaria en términos culturales, su crecimiento en los últimos años revela un cambio en los patrones de consumo, impulsado por el turismo, la expansión del canal gastronómico y una mayor sofisticación de la demanda.

Las cifras disponibles muestran un mercado que no crece necesariamente en volumen de forma sostenida, pero sí en valor, reflejando una transformación estructural donde el consumo se orienta hacia productos de mayor precio y diferenciación.

El comportamiento del mercado dominicano del vino en los últimos años evidencia una dinámica marcada por picos de consumo, ajustes posteriores y una tendencia progresiva hacia la estabilización. De acuerdo con datos de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), en 2023 se comercializaron 8.4 millones de litros de vino, equivalentes a aproximadamente 11.2 millones de botellas de 750 mililitros.

Este nivel de consumo se sitúa por debajo del récord alcanzado en 2020, cuando el mercado registró cerca de 10 millones de litros, pero por encima de los niveles previos a la pandemia. En 2019, el consumo había sido de 6.8 millones de litros, lo que confirma una expansión en el mediano plazo, aunque con variaciones interanuales.

La evolución del volumen, sin embargo, no explica por sí sola el comportamiento del mercado. Diversos estudios coinciden en que el crecimiento actual se concentra en el valor, impulsado por un proceso de “premiumización” que redefine la forma en que se consume vino en el país.

El “Estudio de mercado del vino en República Dominicana 2025”, elaborado por ICEX España Exportación e Inversiones, señala que la demanda crece “principalmente en valor, en un contexto de estabilización del volumen”, lo que refleja un cambio en la disposición a pagar por productos de mayor calidad.

Ese proceso se apoya en dos motores principales: el turismo internacional y el canal Horeca (hoteles, restaurantes y bares). Según el informe, el consumo de vinos tranquilos embotellados y espumosos de gama media y alta predomina en estos espacios, donde el vino se posiciona como parte de una experiencia gastronómica más amplia.

La misma línea es respaldada por el informe comercial de la Embajada de Argentina, que identifica al turismo como uno de los principales impulsores de la demanda, particularmente en hoteles todo incluido y zonas costeras. Al mismo tiempo, señala un cambio progresivo en el consumidor local, que “cada vez más busca el vino como su bebida alcohólica preferida”.

Ambas lecturas coinciden en que el mercado combina dos dimensiones: por un lado, un consumo aspiracional vinculado a experiencias y, por otro, una base doméstica que crece de forma gradual, apoyada en la expansión de la clase media urbana y del retail moderno.

En ese contexto, la estructura del mercado revela una dependencia casi total de las importaciones. La producción local representa menos del 5% del consumo, lo que convierte al vino en una categoría esencialmente importada.

España se mantiene como el principal proveedor, con una cuota cercana al 51% del mercado, seguida por Estados Unidos y Francia. Esta posición se sustenta en una oferta diversificada y en la percepción del vino español como una opción competitiva en términos de calidad-precio.

No obstante, el entorno fiscal introduce presiones adicionales sobre el mercado. Según el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa de España, el sistema impositivo dominicano, en particular el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), encarece las bebidas alcohólicas en función de su contenido de alcohol, lo que afecta especialmente a vinos y destilados.

“El aumento de las tasas obliga a los exportadores o sus socios locales a ceder márgenes para evitar caídas en las ventas”, indica el informe. En 2023, las exportaciones de vino español hacia República Dominicana alcanzaron los 23.7 millones de euros, con una caída interanual del 5%.

Este entorno tributario, junto con la presión por aumentar la recaudación fiscal, configura un escenario donde el crecimiento del mercado depende más de la capacidad de absorber costos y de posicionar productos de mayor valor que de una expansión masiva del consumo.

El mercado del vino en República Dominicana avanza en una dirección que combina expansión moderada en volumen con un crecimiento más marcado en valor. La influencia del turismo, la consolidación del canal Horeca y el posicionamiento del vino como producto aspiracional han redefinido su papel dentro del consumo local.

En ese proceso, la dependencia de las importaciones, el peso de la carga fiscal y la evolución del consumidor seguirán determinando el ritmo de crecimiento de una categoría que, aunque minoritaria frente a otras bebidas alcohólicas, continúa ganando espacio dentro del mercado dominicano.

Un mercado global en transformación

El comportamiento del vino en República Dominicana se inserta en una dinámica global donde el consumo evoluciona hacia segmentos de mayor valor. Según Market Growth Reports, el mercado mundial del vino alcanzó un valor de 71,344 millones de dólares en 2025 y proyecta llegar a 82,669 mdd en 2035.

A pesar de la caída en los volúmenes globales, que descendieron a unos 214 millones de hectolitros en 2024, el precio medio de exportación ha aumentado, reflejando una tendencia hacia la premiumización. Este cambio se observa también en mercados emergentes, donde el crecimiento no proviene del consumo masivo, sino de una mayor sofisticación del consumidor.