La oferta de propiedades de renta corta con vocación turística ha crecido a un ritmo aproximado del 25% anual durante los últimos cinco años, lo cual revela que el negocio del hospedaje se expande más allá del hotel y obliga a repensar las reglas.

El turismo inmobiliario de corta estadía, impulsado por plataformas digitales, se ha consolidado como uno de los pilares del crecimiento turístico en República Dominicana y, al mismo tiempo, como una oportunidad de negocios para inversionistas que buscan integrarse a una de las industrias de mayor dinamismo de la economía nacional.

No es casualidad. La capacidad de este sector para ampliar su base de beneficiarios es un punto de coincidencia entre autoridades públicas, representantes del sector privado, plataformas digitales y especialistas. Hoy, el turismo ha dejado de ser una actividad concentrada en unos pocos actores para convertirse en una industria en la que participan, de forma directa o indirecta, amplios segmentos de la sociedad dominicana, redefiniendo el alcance del modelo turístico nacional.

De hecho, uno de los efectos más visibles de esta expansión es la incorporación de nuevos actores al ecosistema de alojamientos y hospedaje, particularmente propietarios individuales. Según explica Jacqueline Mora, viceministra técnica del Ministerio de Turismo, este modelo ha permitido que hogares de clase media participen de manera directa en la actividad turística, al poner en valor activos inmobiliarios que ya forman parte de su patrimonio.

En esa misma línea, Carlos Muñoz, director de Políticas Públicas y Relaciones Gubernamentales de Airbnb para Centroamérica y el Caribe, destaca que el crecimiento del alquiler de corto plazo está redistribuyendo los beneficios económicos hacia comunidades, familias y zonas históricamente fuera del circuito turístico tradicional.

Para empezar, el turismo inmobiliario de corta estadía opera bajo el principio constitucional de libre empresa, un marco que explica en buena medida la rapidez con la que este modelo se ha expandido. Según explicó Aguie Lendor, vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores), este esquema impide establecer controles directos sobre la cantidad de inversiones que ingresan al mercado.

Ante esta realidad, para las autoridades, el turismo inmobiliario dejó de ser un fenómeno marginal. Su peso en el producto interno bruto (PIB) turístico, el volumen de habitaciones disponibles y su capacidad de incorporar nuevos actores económicos lo consolidan como un componente estructural del modelo turístico dominicano

Capacidad

Según Mora, el aporte del sector turístico al PIB refleja una estructura cada vez más diversificada. Mientras los hoteles concentran alrededor del 60 % del impacto económico, el 40 % restante proviene de actividades fuera del modelo hotelero tradicional, como el turismo gastronómico, deportivo y el alojamiento en habitaciones no hoteleras.

Esta transformación también se refleja en la composición de la oferta habitacional. Actualmente, el país cuenta con unas 214,000 habitaciones turísticas, de las cuales cerca de 77,000 corresponden a hoteles y aproximadamente 136,000 a alojamientos no hoteleros. En términos de propiedades de corta estadía, República Dominicana registra unas 56,000 unidades, superando a destinos de mayor extensión territorial como Quintana Roo, en México, con unas 49,000, y Jamaica, con cerca de 17,000 propiedades.

Para Alejandro Antillón, socio líder de Industria del Sector Hospitalidad para Deloitte Marketplace en Centroamérica, Panamá y República Dominicana, este volumen diversifica la demanda al atender a turistas con distintos presupuestos y preferencias; al tiempo que fortalece el encadenamiento productivo al dinamizar sectores complementarios como restaurantes, transporte, guías turísticos y servicios locales.

Datos de la plataforma reflejan un impacto más inclusivo, ya que el 50 % de los anfitriones en el país son mujeres, quienes generaron ingresos superiores a 3,200 millones de pesos (mdp) durante 2024. Además, cerca del 15% de los anfitriones tiene 60 años o más, lo que evidencia la inclusión de adultos mayores en la economía turística. Estos recursos, agrega Muñoz, se destinan principalmente a cubrir gastos del hogar, sostener viviendas e impulsar pequeños negocios locales.

En los últimos 12 meses, de acuerdo con estadísticas de AIRDNA (plataforma de análisis de datos del mercado de alquileres turísticos a nivel mundial), el mercado de rentas cortas en República Dominicana exhibe un potencial de ingresos que supera los 28 millones de dólares (mdd) anuales, basado en datos consolidados de 32 mercados a nivel nacional.

Lo anterior se refleja también en la plataforma de Airbnb. A pesar del aumento de unidades disponibles, la calidad se ha mantenido alta. República Dominicana registra una calificación promedio de 4.91, y el 83% de los anfitriones cuenta con evaluaciones de cinco estrellas, indicadores que, según Airbnb, reflejan un mercado competitivo y confiable.

Un público específico

Los especialistas consultados coinciden en que el alojamiento no hotelero cumple una función estratégica al atender segmentos específicos de la demanda. Esta oferta resulta especialmente atractiva para el turismo de negocios, el viajero individual y el dominicano residente, perfiles que no siempre encuentran soluciones adecuadas dentro del modelo hotelero tradicional.

En ese sentido, lejos de responder a grandes inversionistas o cadenas de operación, la expansión de Airbnb en República Dominicana ha estado impulsada principalmente por ciudadanos que encuentran en el hospedaje una vía para complementar ingresos. Esta dinámica ha permitido que más personas se integren a la actividad turística, sin que ello haya deteriorado la calidad del servicio, sostiene Muñoz.

De acuerdo con Antillón, la oferta de propiedades de renta corta con vocación turística ha crecido a un ritmo aproximado del 25% anual durante los últimos cinco años, un avance que ha permitido expandir la actividad turística más allá de los polos tradicionales y atraer perfiles de visitantes distintos al turista convencional de resorts y paquetes “todo incluido”.

Resalta que el crecimiento sostenido del alquiler vacacional en República Dominicana está redefiniendo la dinámica del sector turístico, no solo ampliando la oferta y diversificando la demanda, sino también generando oportunidades de desarrollo en zonas emergentes.

Durante 2024, localidades como Valverde, San Pedro de Macorís y la provincia Duarte recibieron sus primeras reservas en Airbnb, abriendo nuevas oportunidades económicas para comercios, guías, transportistas y otros servicios locales. A la par, destinos ya conocidos como Samaná, Las Terrenas, Jarabacoa, Cabarete, Barahona, Miches y Puerto Plata, han incrementado su actividad, beneficiados por una tendencia de viajes más flexibles y una mayor diversidad de alojamientos. Este comportamiento ha evitado la concentración exclusiva en polos como Punta Cana, Bávaro o Santo Domingo.