La industria cultural y creativa se posiciona como clave para generar empleo, atraer inversión y proyección global, con la intención de colocar a República Dominicana como referente regional.

Inaru Cacao, liderada por Natalia Martínez, social media manager de la marca, ha logrado transformar el cacao dominicano en un producto de lujo reconocido internacionalmente, combinando innovación, sostenibilidad y una profunda conexión con la identidad local.

De su lado, el artista gráfico e ilustrador Néstor Omar García (Angurria) ha llevado el arte urbano a otro nivel, transformando más de 70 espacios en murales que relatan historias de la vida dominicana y proyectan la cultura del país al mundo. El cineasta Francis Disla también ha contribuido a la proyección internacional del país, creando el largometraje La Xiguapa con foco a distribución internacional.

Esos casos reflejan lo que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) define como economía naranja: sectores que combinan la generación de valor económico con la creación de valor cultural y creativo. República Dominicana participa en esta tendencia, convirtiendo a la economía naranja en un motor de transformación y diversificación del mercado laboral.

Esta visión está alineada con la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030, que busca fomentar las industrias culturales y el mercado de bienes y servicios creativos, elevando el nivel de vida de la población y promoviendo la identidad cultural como un activo estratégico.

El ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), Víctor Bisonó, resaltó la importancia de la economía naranja para generar empleo, fortalecer las mipymes y posicionar la creatividad dominicana en el escenario internacional.

“En los últimos años se ha ido estructurando, focalizando, apoyando, poniendo la atención y ya tiene un nicho importante la economía creativa en nuestro sector industrial”, consideró, al destacar que esta diversificación genera nuevas oportunidades de trabajo para emprendedores y micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes). Este pensamiento se traduce en 468,324 personas ocupadas en el sector cultural, más de 2,042 empresas y el aporte de 1.6% al producto interno bruto (PIB), de acuerdo con el Banco Central (BCRD).

Alejandra Luzardo, experta en industrias creativas, destacó que la economía naranja trasciende la dimensión cultural y puede incidir transversalmente en la economía y la sociedad.

“Las industrias culturales y creativas tienen un potencial único, porque hoy en día, si se entiende que los 34 subsectores pueden cumplir un rol a nivel transversal, estamos hablando de turismo, economía, cultura, educación y nuevas tecnologías. Ahí es donde está el gran potencial”, explicó.

Luzardo enfatizó la importancia de invertir en capital humano a largo plazo. Señaló que, aunque los resultados económicos no se verán de manera inmediata, la formación y capacitación de talento permitirá la creación de un mercado laboral que demande y utilice la oferta generada, fortaleciendo así la industria a nivel nacional.

“Hay que entender que el impacto no se da de un día para otro. Mientras se capacita al talento, se va creando un mercado laboral que requiere esta oferta”, señaló. Por ejemplo, en cine, las plataformas internacionales no solo buscan incentivos fiscales competitivos, sino también talento local disponible para cubrir la preproducción, la postproducción y otros roles técnicos, lo que a su vez abarata costos y posiciona a República Dominicana como destino ideal para producciones internacionales.

La especialista destacó que la industria creativa también puede integrarse con la Agenda 2030, generando un mercado laboral diversificado, reduciendo la dependencia de empleos tradicionales y fomentando la inclusión de nuevas generaciones en sectores innovadores y sostenibles con valor agregado. 

“Se trata de que la industria creativa no solo posicione al país en el ecosistema latinoamericano y caribeño, sino que también oportunidades para jóvenes, adultos y emprendedores en un mercado laboral moderno, diversificado y con impacto social”, comentó.

Luzardo destacó que el país se encuentra en un momento único para invertir estratégicamente en su talento creativo y consolidar aquellos sectores que ya muestran un desarrollo significativo, con el fin de posicionarse en América Latina y el Caribe como un actor relevante en la exportación de servicios creativos y culturales. De hecho, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que estas industrias tienen ingresos de 124,000 millones de dólares, representan el 2.2% del PIB regional y generan 1.9 millones de empleos.

“Un país como Corea tardó dos décadas en convertir las industrias creativas en un sector estratégico. La inversión en talento es crítica: puedes ofrecer todos los incentivos y facilidades para que la industria internacional venga, pero si no hay talento local preparado, será muy difícil posicionarse”, señaló Luzardo. Su pensamiento se avala en el ítem nueve de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que señala que la industria, innovación e infraestructura son elementos estratégicos para apoyar el crecimiento de tecnologías, la investigación y la innovación nacional en los países en vía de desarrollo.

Una alianza entre el Estado y el empresariado

El vicepresidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), César Dargam, afirmó a Forbes República Dominicana que todos los sectores del país están participando activamente en la economía naranja. “Sí, definitivamente todos los sectores y hay inversión privada en toda la variedad. No solamente una integración formal, sino que vemos el potencial que tiene para el futuro”, expresó.

El ejecutivo destacó que la economía naranja representa una oportunidad para diversificar el mercado laboral, al citar que proyectar el país implica “apostar por sectores no tradicionales, en los cuales tenemos un altísimo potencial. Si algo somos los dominicanos, es ser creativos e innovadores”.

Dargam subrayó que la creatividad ya tiene una incidencia significativa en la economía dominicana, pues hablar de economía naranja es hablar de intangibles, ideas e innovación que generan valor real. Esta afirmación se refleja en las cifras más recientes: el consumo anual de bienes y servicios vinculados a este sector alcanzó los 107,628 millones de pesos (mdp), equivalentes al 1.6% del producto interno bruto (PIB). De ese total, los hogares realizaron un gasto de 67,103 mdp, mientras que las empresas y el sector público tuvo un egreso de 40,524 mdp, según datos del Ministerio de Cultura y del Banco Central (BC).

No obstante, resaltó que esos proyectos necesitan respaldo financiero para materializarse. “Al final del día, esas ideas y sueños necesitan el apoyo financiero para poder ejecutarse, materializarse e implementarse”. El dirigente empresarial explicó que, en ese sentido, el Conep ha sostenido conversaciones con entidades de intermediación financiera, con el objetivo de analizar cómo perciben este sector, los retos que presenta y las oportunidades que ofrece.

Pero, mientras el sector privado puede cubrir las inversiones de corto plazo, el Estado tiene un rol único: estimular proyectos que el mercado por sí solo no desarrollaría. Así lo comunicó Javier J. Hernández, experto en políticas culturales y emprendimiento creativo, quien informó que la creatividad debe ser entendida como un factor de producción, al mismo nivel que la tierra, la mano de obra o el capital, y su incorporación estratégica puede transformar las economías latinoamericanas y caribeñas.

Enfatizó que, para que la innovación florezca, se requieren políticas públicas estratégicas. “El Estado debe ubicarse como facilitador: eliminar barreras, proveer infraestructura física y educativa, invertir a largo plazo y mantener un diálogo constante con el ecosistema creativo”.

Además, consideró que las políticas públicas promuevan la cohesión del ecosistema creativo. Músicos, cineastas, productores de eventos y técnicos deben poder conectarse entre sí, generando nuevos puestos laborales y movilidad social, desde los artistas visibles hasta los oficios menos reconocidos.

El enfoque de Hernández se alinea con la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que promueve el acceso universal a la cultura y la creación de empleos sostenibles. Según el experto, las industrias creativas no sólo generan riqueza económica, sino que también fortalecen la diversidad cultural, el sentido de pertenencia y la identidad nacional, creando puentes entre generaciones y fomentando ecosistemas de innovación que reflejan la riqueza local en el mercado global.

Esta visión encuentra respaldo en los hábitos culturales de la población dominicana. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo Cultural 2024, el 33.4 % de las personas de 13 años o más escuchó la radio, el 49.1 % vio programas de televisión, el 67.9 % escuchó música y el 46.8 % vio películas. Además, el 20.9 % jugó videojuegos, el 15.5 % asistió a salas de cine y el 15.7 % acudió a presentaciones de música en vivo.

En cuanto a la participación en espacios culturales, el 7.4 % visitó una biblioteca, el 7.1 % acudió a museos, el 2.9 % a galerías de arte, el 3.3 % a casas de la cultura y el 2.7 % a centros culturales. Por otra parte, un 12.2 % visitó monumentos nacionales, históricos, arquitectónicos o arqueológicos, y un 12.5 % asistió a parques nacionales o reservas naturales.

El sector público y el Estado son vistos como actores estratégicos para el desarrollo de la economía naranja. Hernández enfatizó que el Estado debe asumir un rol de facilitador, eliminando barreras, invirtiendo a largo plazo y generando infraestructura física e intangible, como la educación, para que la creatividad pueda florecer. Según el experto, mientras el sector privado puede cubrir inversiones de corto plazo, el Estado es responsable de estimular proyectos que el mercado por sí solo no desarrollaría, garantizando un ecosistema sostenible de innovación cultural.

Luzardo resaltó la importancia de que el Estado conecte las políticas culturales con la formación de talento creativo y empresarial. Señala que los gobiernos deben promover la cohesión del ecosistema creativo, asegurando que músicos, cineastas, diseñadores y técnicos puedan interactuar entre sí, generando empleo, movilidad social y oportunidades económicas para todos los niveles, desde artistas hasta profesionales de oficios técnicos que no siempre son visibles.

En conjunto, coincidieron en que la economía naranja no puede desarrollarse únicamente desde el mercado. El Estado y el sector público deben ser catalizadores de la creatividad, proporcionando educación, infraestructura, incentivos y diálogo constante con los actores culturales. Solo así se logra un modelo sostenible en el que la cultura, la innovación y el desarrollo económico se integran, promoviendo diversidad, inclusión y crecimiento a largo plazo.

Potencial de la industria

Víctor Bisonó, titular de Industria y Comercio; y César Dargam, vicepresidente del Conep, están convencidos de que República Dominicana tiene talento que ya está demostrado en áreas como la música, la gastronomía, el arte y el cine, que necesita ser comercializado en el extranjero. A esta acción se le conoce como exportación de servicios modernos, que ascendieron a US$2,289 millones en 2024.

Bisonó destacó que el Gobierno ha colocado la industria creativa en el centro de la política industrial y comercial, apostando por la innovación y el conocimiento como motores de competitividad. Añadió que el Estado tiene un papel crucial en fomentar la inversión en la economía creativa y generar incentivos que atraigan tanto a inversionistas nacionales como extranjeros. Consideró que las políticas públicas deben crear condiciones de mercado que permitan a los emprendedores creativos crecer, internacionalizarse y fortalecer la marca país, integrando la identidad cultural con la competitividad global.

Y no es para menos. La Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 plasma que se debe promover la comercialización de los productos y servicios culturales, tanto a nivel local como a nivel internacional.

Destacó que estos esfuerzos buscan replicar experiencias exitosas de otros países, generando nuevas carreras, trabajo formalizado y atracción de inversiones. “Estamos impulsando lo que en otros países ha sido éxito y ha abierto oportunidades de desarrollo para jóvenes, adultos y mipymes”, concluyó.

Javier J. Hernández, experto en políticas culturales y emprendimiento creativo, subrayó que América Latina y el Caribe, pueden usar la economía creativa para diversificar su producción y generar modelos económicos más sostenibles. Su visión va más allá del simple emprendimiento artístico: busca que la academia, el talento creativo y los empresarios trabajen de manera integrada para fortalecer todo el ecosistema creativo.

Para Hernández, las industrias creativas no son un lujo cultural, sino un factor estratégico de desarrollo económico y social. Su integración efectiva requiere talento, políticas públicas, inversión, innovación interdisciplinaria y un profundo respeto por la identidad cultural.

 “Si entendemos la creatividad como factor de producción, nuestros países latinoamericanos y caribeños tienen un recurso que no se agota: su propio talento y diversidad cultural. Eso es lo que debe guiar la transformación de nuestras economías hacia el futuro”, afirmó.

Para los expertos, entender y aprovechar este potencial puede convertir a la industria creativa en un eje estratégico para el desarrollo nacional y regional.

La Estrategia Nacional de Exportación de Servicios Modernos es una hoja de ruta que indica que los servicios modernos facilitan el acceso a los mercados internacionales y promueven la inversión extranjera directa en nuevos sectores; además, generan oportunidades que fortalecen sectores tradicionales y fomentan la innovación. Aunque reconoce que República Dominicana tiene infraestructura y capacidad demostrada para desarrollar nuevos sectores productivos, contando con la estrategia adecuada.

Posicionamiento del país

República Dominicana busca consolidarse como un destino líder en economía naranja, promoviendo sus industrias creativas y culturales, que actualmente aportan 1.6% del PIB nacional. Sin embargo, no está sola en esta carrera: otros países de América Latina también están fortaleciendo sus sectores creativos.

Por ejemplo, Colombia reporta un aporte del 2.6%, Brasil alcanza 3.5%, Argentina 2.5%, Chile 2.3%, Costa Rica 2% y Perú 1.5%. Estas cifras reflejan una tendencia regional en la que los países latinoamericanos reconocen la economía naranja como un motor estratégico de desarrollo económico y cultural, generando competencia y oportunidades para posicionarse en el mercado global.

Aun así, Víctor Bisonó destacó la experiencia de Colombia como modelo, señalando que el expresidente Iván Duque ha asesorado en la estructuración de este sector. “Hace algunos ocho años esto no existía y hoy nosotros queremos seguir sus pasos”, indicó, haciendo referencia a sectores como la gastronomía y la moda, donde se están consolidando clústeres y ferias que fortalecen la identidad dominicana.

Este trabajo es una colaboración especial de Karla Alcántara