La empresa finlandesa considera a República Dominicana como un punto estratégico en la región para avanzar hacia una transición energética sostenible sin comprometer la estabilidad del sistema eléctrico.
En un contexto de crecimiento económico sostenido y una demanda energética en ascenso, República Dominicana enfrenta el desafío de avanzar hacia un sistema más limpio sin perder la confiabilidad que exige su ritmo de desarrollo. Desde la visión de Håkan Agnevall, presidente y CEO de Wärtsilä Corporation, el país se encuentra en una posición privilegiada para impulsar una transición energética ordenada y estable.
“El crecimiento económico de alrededor de un 5% anual y la estabilidad política del país crean una base muy favorable para continuar avanzando”, afirma Agnevall en exclusiva para Forbes República Dominicana. “Ese crecimiento implica más demanda de energía, y con ello, la necesidad de fortalecer el sistema eléctrico con soluciones que garanticen confiabilidad, eficiencia y sostenibilidad”.
Con operaciones en más de 180 países y presencia en República Dominicana desde hace tres décadas, Wärtsilä combina dos grandes líneas de negocio: energía y sector marítimo. Ambas, según Agnevall, se mueven bajo una estrategia global centrada en la descarbonización. “Si tuviera que resumir la estrategia de la compañía en una sola palabra, sería decarbonización. Es la transición de las dos industrias que servimos: energía y marina”, sostiene.
Transición en marcha
La transición energética, explica el ejecutivo, es un proceso complejo y de largo plazo. “Decimos que lo verde no es blanco o negro. No existen soluciones simples. La transición ha comenzado, y desde nuestra perspectiva, solo se acelerará”, comenta. Wärtsilä apuesta por tecnologías que permitan flexibilidad y adaptación. En el sector marítimo, por ejemplo, desarrolla motores capaces de operar con combustibles fósiles, neutros en carbono o totalmente verdes, incluyendo amoniaco e hidrógeno. “Ya estamos entregando nuestro primer motor de amoníaco para el sector marítimo”, revela.
En el ámbito energético, la compañía tiene 1.3 gigavatios de generación térmica instalada en República Dominicana. “Tenemos una base sólida de servicio y apoyo técnico que no solo opera en el país, sino en toda la región. Nuestro objetivo es ofrecer energía confiable las 24 horas y, al mismo tiempo, capacidad de balanceo para integrar más renovables”, explica Agnevall.
El ejecutivo destaca que las energías renovables, aunque necesarias, son intermitentes, y requieren sistemas de respaldo para mantener la estabilidad del suministro. “El sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla. Ahí entra lo que llamamos balancing power, o energía de balance, y nuestras plantas son muy eficientes para eso”, detalla.
Consultado sobre cómo la empresa se adapta a distintos contextos políticos y energéticos, Agnevall señala que cada país tiene su propio punto de partida. “No se trata de Norte o Sur global, sino del tipo de matriz energética de cada país. Algunos tienen abundante hidroelectricidad o energía nuclear; otros dependen del carbón o del gas importado. Por eso, las estrategias de transición son distintas”, aclara.
En el caso dominicano, el ejecutivo considera que la combinación entre térmica flexible y renovables será esencial. Ve una clara necesidad de ambas, al considerar que el país necesita energía base confiable y, al mismo tiempo, flexibilidad para manejar el aumento de renovables. Para lograr eso, las plantas de motores y las turbinas de ciclo combinado jugarán un papel clave, puntualiza.
Sobre la meta nacional de alcanzar un 25% de energía renovable, Agnevall destaca la importancia de la cooperación público-privada. “Trabajamos con ambos sectores, porque la transición energética requiere coordinación. Las autoridades están dando pasos en la dirección correcta y esperamos que el nuevo plan energético del Gobierno incluya soluciones flexibles como las nuestras”.
Aunque reconoce que la descarbonización total tomará décadas, insiste en que los primeros pasos ya están en marcha. “Esta transición no ocurrirá en uno o dos años, ni siquiera en una década. Pero está ocurriendo y se acelerará con el tiempo”, afirma. Para Wärtsilä, la clave está en lograr equilibrio: sistemas energéticos confiables, asequibles y sostenibles. “Al final del día, concluye Agnevall, lo que un país necesita es energía que sea confiable, que pueda ser financiada y que, con el tiempo, reduzca su huella ambiental. Ese es el camino que estamos ayudando a construir”.
En definitiva, el futuro energético dominicano avanza hacia una matriz más limpia, pero su éxito dependerá de la capacidad para equilibrar sostenibilidad, inversión y confiabilidad. Desde Wärtsilä plantean que la transición no debe entenderse como un cambio abrupto, sino como un proceso progresivo en el que cada decisión tecnológica y regulatoria cuente.
El Caribe como laboratorio energético
Wärtsilä observa al Caribe como una región clave para probar y escalar modelos de transición. “Varios países están migrando del fuel oil pesado hacia el gas natural como combustible de transición. Es un paso importante para reducir las emisiones”, comenta Agnevall. “También vemos un aumento gradual de la participación renovable, con proyectos en islas como Aruba que buscan descarbonizar sin perder estabilidad”.
La compañía considera que República Dominicana funciona como un centro regional de competencia técnica, desde donde se ofrecen servicios a otros países del continente. Dice que esta media isla es un hub estratégico, donde cuentan con un equipo de alto nivel técnico que apoya operaciones no solo locales, sino en toda América.
De cara a los próximos cinco años, Wärtsilä se visualiza como un líder tecnológico y de servicios en el proceso global de descarbonización. “Nuestra visión es clara: ser líderes en innovación y tecnología, ayudando a nuestros clientes a avanzar en esta transición”, asegura Agnevall.
Joan Sebastian, colaborador especial
