Tecnología de bajo costo, formalización simplificada e incentivos para cambiar hábitos son las claves que podrían acelerar la eliminación del efectivo y modernizar la economía dominicana.
En República Dominicana, donde el 75% de las transacciones todavía se realiza en efectivo, la digitalización de los pagos es una necesidad para que el país dé el salto hacia una economía competitiva e inclusiva. Para Tomás Alonso, country manager de Mastercard en el país, el desafío es claro: “La digitalización no depende de uno factor; depende de muchos que se tienen que alinear. Pero, igual que se ha hecho en otros países, lo vamos a conseguir”.
El reto no es menor. El país tiene 17 terminales de punto de venta por cada 1,000 habitantes, muy por debajo de Costa Rica (30) o de Brasil (90). Y mientras las micro, pequeñas y medianas empresas representan cerca del 90% del entramado laboral nacional, un gran porcentaje aún opera en efectivo, sin historial financiero y sin acceso al abanico de servicios que permitiría escalar sus negocios.
Tres pasos hacia el futuro de los pagos
Alonso identifica tres condiciones indispensables para acelerar la transición:
1. Infraestructura y tecnología accesible para todos
La adopción de soluciones como Tap on Phone —que convierte cualquier celular Android en un punto de venta— reduce de inmediato la barrera de entrada para miles de microcomercios. “Era impensable pedirle a un colmado o a un motoconcho que invirtiera en un POS tradicional. Hoy, con su propio teléfono, ya pueden recibir pagos”, afirma.
2. Formalización inteligente y simplificada
Mastercard participa en las conversaciones sobre el monotributo impulsado por la Dirección General de Impuestos Internos, un modelo que ha funcionado en otros países y que permitiría formalizar a miles de negocios con un solo impuesto simplificado. “Formalización y digitalización van de la mano. Si logramos esa puerta de entrada, se abre el acceso a crédito, financiamiento, seguros y más”, asegura Alonso.
3. Educación financiera y cambio cultural
En un país históricamente acostumbrado al efectivo, el hábito pesa. El desafío es demostrar que pagar digitalmente no solo es más seguro, sino que abre oportunidades reales. Las pymes piden orden, protección, asistencia legal y herramientas para operar mejor: exactamente lo que Mastercard integró en su renovada propuesta de valor para Mipymes.
Además, Alonso subraya que hay tres elementos que República Dominicana debe adoptar sin demora para estar al nivel de los mercados más avanzados:
Tokenización: el estándar que protege los datos de las tarjetas en internet.
Autenticación biométrica y passkeys: clave para reducir fraude y mejorar la experiencia online.
Click to Pay: la nueva forma de pagar en un clic sin fricción, segura y universal.
Éstos son, como dice Alonso, “los cimientos” sobre los cuales se construirá la próxima ola de innovación: desde inteligencia artificial aplicada al fraude y la personalización, hasta compras hechas por agentes automatizados en nombre del usuario.
Alianzas público-privadas
República Dominicana ha avanzado en alianzas público-privadas. Mastercard firmó en 2021 un Digital Country Partnership con el gobierno que incluye inclusión financiera, digitalización de subsidios, ciberseguridad y apoyo directo a las pymes. Junto al Ministerio de Industria y Comercio lanzaron Pymes Plus, un portal con cursos, mentorías y herramientas para fortalecer negocios.
En el mundo fintech, el país vive un momento vibrante: neobancos como QIK, empresas de pagos como Mío y plataformas enfocadas en la gig economy como Nipi trabajan junto a Mastercard para bancarizar a repartidores, motoconchos y microcomercios que históricamente han vivido fuera del sistema financiero.
Un país listo para avanzar
Si algo destaca a República Dominicana, según Alonso, es su capacidad de adopción acelerada cuando las soluciones funcionan. Ocurrió con el contactless y con la llegada de Apple Pay y Google Pay. “El usuario dominicano adopta rápido lo que mejora su vida”, afirma.
Por eso, para Mastercard, el país está ante un punto de inflexión. La combinación de tecnología accesible, un marco regulatorio que evoluciona, un ecosistema fintech creciente y un interés público-privado real hace que, por primera vez, el sueño de desplazar el efectivo a gran escala sea factible.
“En los próximos dos años veremos una transformación tangible en el día a día de los dominicanos”, dice Alonso. “Y lo mejor es que, en este país, el impacto se siente: en el colmado, en el motoconcho, en la pyme, en la familia. Eso es lo que nos mueve”.
