Turismo y la economía naranja se han convertido en las actividades principales con las que República Dominicana impulsa la eficiencia de su productividad con el consumo de menos energía.

En un mundo donde el uso de recursos energéticos suele ser sinónimo de desarrollo, República Dominicana está desafiando esta lógica. Mientras que potencias como India o China exhiben altos niveles de intensidad en su consumo de energía, la economía dominicana ha logrado crecer y diversificarse mientras reduce su consumo relativo. Este fenómeno revela no solo un cambio estructural en su matriz productiva, sino también un reto sobre el verdadero significado de la eficiencia en el aprovechamiento de los recursos en países en desarrollo.

Desde finales de los años 90 hasta 2022, la demanda total de energía del país aumentó de forma sostenida, alcanzando 7,500 kilotoneladas equivalentes de petróleo, con un crecimiento promedio anual de 2.22%. Sin embargo, en ese mismo período, la cantidad de energía requerida para generar una unidad de producto interno bruto (PIB) pasó de 4.69 a 2.60, lo que significa que, para producir la misma cantidad de valor agregado nacional, hoy se utiliza casi la mitad de recursos energéticos que hace dos décadas.

Este dato, más que técnico, revela un cambio profundo en la estructura económica local. Si bien este indicador suele asociarse a eficiencia y desarrollo, su interpretación no es unidimensional. Además de reflejar mejoras tecnológicas o políticas de ahorro, la baja relación entre consumo de energía y PIB también está determinada por la estructura productiva de un país: mientras más orientada a servicios y menos a industrias pesadas, menor uso relativo de recursos.

Es así como República Dominicana produce más bienes y servicios utilizando relativamente menos recursos energéticos. Pero, ¿cómo es posible que un país con un crecimiento sostenido en su demanda de energía muestre una reducción tan marcada en esta relación? La respuesta se encuentra en la evolución de su matriz productiva.

Hacia los servicios

Durante las últimas tres décadas, la economía dominicana ha experimentado un cambio estructural notable: la consolidación del sector servicios como motor económico. Entre 1990 y 2019, la participación de los servicios en el PIB pasó del 55% al 70%. Solo entre 2007 y 2023, los servicios aportaron un promedio de 59.9% del PIB, con un crecimiento anual de 10.2%. Este crecimiento no solo se refleja en la producción, sino también en el empleo, pues en ese mismo período la proporción de trabajadores en servicios subió de 60% a 70%.

Esta expansión ha sido impulsada principalmente por el turismo y el comercio, actividades que requieren menor consumo energético por dólar generado que sectores como la industria manufacturera o la agricultura.

Solo en 2022, el sector servicios creció 6.5%, destacándose hoteles, bares y restaurantes (24%), salud (11.3%), otras actividades de servicios (8.2%), administración pública (8.5%), transporte y almacenamiento (6.4%), servicios financieros (5.8%) y comercio (5.4%).

Servicios modernos

República Dominicana no ha dejado al azar su cambio estructural hacia una economía basada en servicios de alto valor y bajo consumo energético. De acuerdo con ProDominicana, el país ejecuta una estrategia activa y deliberada para diversificar su matriz productiva, atrayendo inversiones en sectores como tecnología, servicios de tercerización (BPO, KPO, ITO), economía creativa y digital.

En términos generales, los servicios incluyen un abanico de actividades que van desde el suministro de electricidad, agua y gas; construcción; comercio y transporte; hasta alojamiento, información y comunicaciones, finanzas, actividades profesionales, científicas y técnicas, salud, arte, entretenimiento y actividades administrativas, entre otras.

Sin embargo, dentro de este gran conjunto, hay un grupo que cobra especial relevancia en la discusión sobre eficiencia energética: los denominados servicios modernos. Según la la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se trata de aquellos que se comercializan principalmente por internet, incluyendo telecomunicaciones, informática e información, financieros, seguros, pensiones, regalías y otros servicios empresariales. Estos sectores tienen una característica clave: generan alto valor económico con un consumo de energía comparativamente bajo, pues su principal insumo es el conocimiento y la conectividad digital.

En 2019, las exportaciones de servicios modernos de República Dominicana representaron apenas el 8% del total, pero mostraron un crecimiento anual promedio de 9.6% desde 2005, superando la dinámica de los servicios tradicionales como turismo y transporte (2.6% anual). Además, ese mismo año los servicios como sector aportaron el 59.7% del PIB, con exportaciones totales por US$9,345.6 millones, un 32% más que en 2014.

El país tambien cuenta con un pequeño sector exportador de servicios modernos, concentrado en call centers y la industria cinematográfica. República Dominicana entró la industria de los call centers en 2004 cuando contaba con apenas 25 call centers, que generaban 4,548 empleos. Para 2013, la cifra se había más que duplicado a 59 centros y 16,841 empleos. Hoy operan más de 103 call centers, empleando a 34,649 personas (18,859 hombres y 15,790 mujeres). Este crecimiento sostenido refleja el potencial del país como hub de servicios digitales y externalización de procesos de negocios (BPO).

El capital de este subsector es predominantemente estadounidense (44.7% de las empresas), seguido por República Dominicana (32%) y países como Canadá, Francia, Israel y México. La inversión acumulada en call centers y BPO en 2023 asciende a US$433 millones, concentrándose un 27.3% en zonas francas especiales del Distrito Nacional. De hecho, las empresas dedicadas a las actividades de servicios modernos (incluidas call centers, BPO e ITO) aportaban el 16.2% de los empleos del sector Zonas Francas en 2019, detrás de Tabaco y Derivados (18.3%) y Confecciones Textiles (22.7%).

Si bien la mayoría de las empresas de zonas francas en República Dominicana operan bajo el modelo de servicios BPO y call centers tradicionales, comienza a emerger un segmento orientado al desarrollo de software y soluciones digitales. Empresas como Intellisys D Corp, con sede en Santiago, se dedican exclusivamente a la creación de software para clientes internacionales y gestionan proyectos que alcanzan a cientos de millones de usuarios mensuales.

Otras compañías combinan actividades de desarrollo, testing y servicios BPO/KPO, como Synergies Corp., Geeks y BGBS, ampliando la oferta de servicios empresariales exportables del país. Este tipo de empresas no solo generan empleo calificado, sino que implementan iniciativas de formación y mentoring para capacitar talento joven en programación y tecnología, demostrando el potencial de República Dominicana para escalar en las cadenas globales de valor de servicios digitales, más allá de los call centers tradicionales.

Aunque estos “centros de llamadas” forman parte de la industria de zonas francas, el Banco Central los registra dentro del sector servicios, resaltando su diversificación. Este dato, explicado por Víctor Bisonó, refleja cómo República Dominicana está transformando su economía de un modelo basado en manufactura ligera hacia uno donde la tecnología, la creatividad y el conocimiento son los principales insumos productivos.

Sin embargo, el camino no está exento de desafíos. En 2023, el valor exportado totalizó US$10,044.0 millones, con la manufactura representando el 79.8%, minas y canteras 15.5%, y agropecuaria 2.5%. El sector servicios, pese a su peso en el PIB, solo aportó el 1.1% de las exportaciones, equivalente a US$137.9 millones, y registró la mayor caída con un 42.5%. Esto evidencia un contraste entre el aporte interno de los servicios al crecimiento económico y su débil posicionamiento como sector exportador, salvo en el caso del turismo.

Economía naranja

Dentro del sector servicios, el turismo sigue siendo la estrella. República Dominicana es el segundo mayor exportador de servicios turísticos en América Latina y el Caribe, solo detrás de México. Solo turismo y transporte explican más del 90% de las exportaciones totales de servicios.

No obstante, el país también está apostando por diversificar su matriz de servicios hacia la economía naranja. Según datos del Banco Central y el Ministerio de Cultura, la economía creativa aporta aproximadamente el 1.5% del PIB, generando medio millón de empleos, lo que equivale al 12.5% de la fuerza laboral dominicana.

De hecho, dentro de las oportunidades identificadas para fortalecer la economía naranja destacan la producción audiovisual y cinematográfica (impulsada por los incentivos de la Ley de Cine), así como la animación digital, los videojuegos, el diseño gráfico y de moda con proyección internacional, la música y otros contenidos digitales. Estas áreas se ven respaldadas por incentivos fiscales, acuerdos comerciales y un ecosistema creciente de talento joven.

En términos de gasto, la Cuenta Satélite de Cultura refleja que entre 2010 y 2014, el gasto cultural creció un 34.6%, alcanzando RD$41,265.6 millones y en 2012 las exportaciones de bienes y servicios creativos alcanzaron US$198 millones. La mayor parte de este gasto (88.3% en 2014) proviene del sector privado, lo que evidencia un dinamismo creciente, especialmente en actividades como cine, música y diseño.

Aunque todavía representa un porcentaje bajo en la canasta exportadora, la estrategia nacional de exportación de servicios modernos, lanzada por el presidente Luis Abinader, busca consolidar este sector como un eje económico de futuro. No obstante, en exportaciones directas, sus cifras son aún modestas.

Hoy, República Dominicana cuenta con 45 instituciones de educación superior y más de 25 escuelas de formación técnica que proveen el capital humano necesario. Además, su ubicación geográfica, régimen de zonas francas e incentivos fiscales han permitido el desarrollo de industrias como la cinematográfica, que encuentra en el país un escenario competitivo y atractivo.

De cara a los próximos años, ProDominicana está enfocada en fortalecer la atracción de inversión para estos sectores mediante la identificación y promoción de portafolios de proyectos de economía digital y creativa, la participación en ferias internacionales como Web Summit y eMerge Americas, el fortalecimiento de alianzas con clústeres tecnológicos, universidades e incubadoras, la articulación con otras instituciones públicas para robustecer la oferta educativa, legal e infraestructura, y la creación de inteligencia de mercados y publicaciones específicas sobre las oportunidades en estos sectores.

República Dominicana ha demostrado que producir más con menos es posible. La pregunta es si su apuesta por sectores de bajo consumo energético y alto valor agregado, como turismo, servicios digitales y economía creativa, bastará para sostener el crecimiento y blindarse ante crisis externas. Lo que está claro es que su futuro depende de diversificar la matriz productiva sin perder de vista la eficiencia y la sostenibilidad como motores de competitividad global.

El rol de las Fintech

Así como los centros de llamadas han consolidado su presencia en el sector servicios, las Fintech emergen como otro motor clave de la economía digital dominicana. Estas han mostrado un crecimiento acelerado en los últimos años, pasando de 19 empresas miembros en 2018 a más de 37 en la actualidad, además de 57 empresas aliadas agrupadas en la Asociación Dominicana de Empresas Fintech (AdoFintech).

Estas empresas brindan soluciones principalmente en pagos digitales, préstamos y gestión financiera, sirviendo a más de dos millones de usuarios, incluidos negocios y entidades gubernamentales. Si bien su desarrollo surgió inicialmente al amparo del sistema financiero tradicional, hoy las Fintech dominicanas destacan por su potencial exportador gracias a la tecnología basada en software y la nube, con más de la mitad operando también en otros países de la región.

Eficiencia energética: más que un ahorro

Aunque la reducción de la intensidad energética dominicana se debe principalmente al crecimiento de sectores menos intensivos como los servicios (que consumieron 482.91 kTep en 2022, un 6.84% del total), también refleja avances en modernización y eficiencia. Entre 2018 y 2021, la autosuficiencia energética subió 2.3 puntos y la capacidad renovable aumentó 7.5 puntos, aunque persisten desafíos: en 2021, la autosuficiencia fue solo 11.1% frente a un promedio regional de 103.7%, y en 2023, la capacidad renovable alcanzó 33.9% aún por debajo del 62.1% regional. Consolidar su transición energética será clave para un crecimiento sostenible.

Este trabajo es una colaboración especial del periodista Joan Sebastian