La casa de modas Monse afianza su presencia en la industria del lujo, teniendo como base el mercado estadounidense, con propuestas de gala y carteras de mujer, un segmento donde la personalización de diseños definen el éxito.
República Dominicana tiene en el creativo de modas Fernando García Menéndez a uno de sus máximos exponentes de la industria del lujo.
Se formó bajo las directrices del diseñador dominicano de más trascendencia internacional, Oscar De la Renta, hasta encontrar su propio estilo que lo llevaría en 2015 a abrir su cada de modas Monse, junto a la diseñadora Laura Kim.
Desde su salida de la posición de director creativo del emblemático atelier de Oscar de la Renta en febrero de este año, funciones que ejercía a la par de liderar a Monse, Fernando se encuentra en un momento de introspección creativa y expansión empresarial de su propia marca.
Monse es un proyecto de alta costura que nació de un instinto compartido por desafiar lo convencional. Creado para mujeres que lideran con determinación y visión.
Las piezas de sus colecciones se pueden adquirir desde 600 dólares hasta 3,000 dólares. Mientras que las prendas sofisticadas diseñadas a la medida para eventos nocturnos, galas o fiestas (evening wear) representan una inversión más elevada, de acuerdo a la complejidad del trabajo.
De Monse, basado en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, han vestido figuras de la música como Taylor Swift y Selena Gómez. Pero, quien elevó la visibilización de la marca fue la exprimera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, cuando vistió un conjunto de dos piezas de color azul marino, durante su intervención en la Convención Nacional Demócrata de 2024, en la ciudad de Chicago.
El conjunto, valorado en unos 2,500 dólares, disparó las ventas de Monse los días posteriores al discurso, indicó Fernando. Registrando la casa de modas más de mil pedidos de la chaqueta cruzada de estilo “deconstructed tailoring”, con un precio aproximado de 1,690 dólares, y del pantalón a juego, con un costo estimado a los 890 dólares, de acuerdo a reseñas de prensa publicadas en ese momento.
El catálogo de Monse consiste en la oferta de entre 60 a 80 piezas por colección; además, se suma un “Programa de clásicos”, que son prendas seleccionadas de temporadas pasadas cuya oferta se repite cada cierto tiempo, con diversidad de colores y textiles.
Fernando, de 39 años, participa de una industria global de la moda que este año se encuentra en recuperación, luego de un 2025 afectado por la desaceleración. El sector del lujo está entrando en una nueva fase, caracterizada por la estabilización, la selectividad y la relevancia, según las conclusiones del informe Global Powers of Luxury 2026, realizado por Deloitte.

En tanto que analistas de la firma investigadora McKinsey señalan que el mercado de la moda volverá a registrar un crecimiento bajo de un solo dígito en 2026, aunque con mejores perspectivas que el año pasado. En el artículo titulado “El estado del lujo: cómo navegar en la desaceleración”, analistas de McKinsey indican que la elevada volatilidad macroeconómica continuará afectando la confianza del consumidor e impulsando un comportamiento de consumo que prioriza el precio.
Asimismo, explican que entre 2019 y 2023, se registró una demanda sin precedentes de bienes personales de lujo, como moda, artículos de cuero, relojes y joyas, entre otros, combinada con una oferta abundante, permitió al sector alcanzar una tasa de crecimiento anual compuesta del 5%.
Las “megamarcas” de lujo registraron en ese periodo ingresos anuales superiores a los 5,300 millones de dólares. Ahora se espera que el crecimiento en los próximos años sea más lento, alcanzando entre un 1% y un 3% anual a nivel global entre 2024 y 2027, según el artículo ya citado, publicado en la web McKinsey.com, con la colaboración de analistas de The Business of Fashion.
Ante ese escenario, la clave para mantenerse en el tiempo y en la preferencia del consumidor ultra premium es la innovación, apunta Fernando. “No se puede mantener uno cómodo en lo mismo de siempre, Hay que estar innovando, hay que ofrecer algo que cause una reacción emocional en cada colección”, agrega el creativo de Monse.
Hay estudios, como “The State of Fashion 2026” de la investigadora McKinsey and Company, que resaltan también que la innovación será clave para los negocios de la moda, una industria que este año tiene como reto principal adaptarse a un nuevo entorno donde el comercio, el comportamiento del consumidor y la tecnología permanecen en flujo rápido.
Ese estudio de McKinsey especifica que las marcas ágiles que pueden adaptarse rápidamente serán las que tienen mayores posibilidades de salir airosas.
Las nuevas prioridades de los clientes, nuevos competidores y fomentar la fidelidad del consumidor se perfilan como una importante primera línea en la batalla del mercado de la moda este año, según McKinsey.
“Para retener y atraer clientes, las marcas tendrán que darles lo que quieren, y cada vez más eso significa ofrecer valor. Ya no más jugadores de lujo, con precios elevados sin las correspondientes mejoras en la calidad del producto o en la creatividad”, indica el informe.
Para Fernando, que creó a Monse junto a la diseñadora surcoreana Laura Kim, quien también fue pupila predilecta de Oscar de la Renta, la relevancia de una propuesta de lujo está en la capacidad de escuchar el mercado y, sobre todo, en mantener la lealtad a un lenguaje propio.
“El consumidor de hoy yo diría que busca algo que tenga personalidad o identidad, digamos que sea imposible de confundirlo con cualquier otro tipo de identidad en otra marca”, dice Fernando, nacido en la República Dominicana, de padre dominicano y madre española.
Un alumno aventajado
Fernando ingresó al taller de Oscar de la Renta a sus escasos veinte años para realizar una pasantía como diseñador de modas. La oportunidad vino después de que él se atreviera a mostrarle a De la Renta algunos bocetos de vestidos de gala que había elaborado, cuando el diseñador se encontraba de vacaciones en su residencia de Punta Cana, República Dominicana.
De la Renta quedó impresionado por su talento y de inmediato lo invitó a realizar una pasantía en su taller de Nueva York.
Pronto se convirtió en uno de los discípulos preferidos del diseñador dominicano de mayor trascendencia internacional, junto a la creativa Laura Kim, quién desde 2003 ya trabajaba en el atelier.
Kim estudió en el Pratt Institute en Nueva York y trabajó como becaria para TSE Cashmere, Donna Karan y Oscar de la Renta, donde se desempeñó como directora de diseño, supervisando las colecciones.
Antes de establecerse en Nueva York, para entrar a trabajar formalmente con Oscar de la Renta en 2009, Fernando estudió arquitectura en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos. Dice que mientras estuvo en la universidad afianzó su interés por la moda y esa estancia académica le permitió conocer a fondo la cultura norteamericana y las preferencias de los consumidores.
El interés por la moda le surgió a Fernando cuando de niño veía junto a su madre los desfiles de alfombra de roja, también disfrutaban juntos del cine, apunta, y todo eso le inspiraba a dibujar vestuarios elegantes.
Fue en el taller de Oscar de la Renta que pulió sus conocimientos empíricos y aprendió de la industria. Por unos seis años se sirvió de la experiencia de esa casa de modas que vistió a figuras estadounidenses como Jacqueline Kennedy, Nancy Reagan, Hillary Clinton, Laura Bush, Michelle Obama y Melania Trump, reconocidas por su elegancia y alta influencia social.
La lección más poderosa que recuerda de su mentor de moda es que cada pieza que se confecciona es directamente afectada por la felicidad que el creador sienta en ese momento.

“El momento que estés viviendo personalmente se refleja en tu producto y tu cliente lo siente”, dice Fernando, quien define su tiempo de aprendizaje en el atelier de De la Renta como si hubiera pasado por la Universidad Harvard de la moda.
Es por eso que, a pesar de las desavenencias de una jornada laboral, su maestro siempre terminaba entre bromas para hacer reír a sus colaboradores.
En 2013 Fernando y Laura deciden encontrar su propia identidad en el mundo de la moda, experimentando conceptos que un par de años más adelante dieron forma a la marca Monse, nombre que honra a la madre de Fernando.
“Monse surgió de la necesidad de saber quiénes éramos fuera de la compañía de Oscar de la Renta. Fue muy importante, un ejercicio que creo que nos convirtió en adultos, porque ya no éramos los niños mimados de Oscar y ya no teníamos la compañía que nos protegía de cualquier cosa”, dice.
Esa autonomía se tradujo en una estética basada en la deconstrucción de camisas y chaquetas, un nicho que el mercado norteamericano no estaba explotando y que hoy define el “universo Monse”.
Monse quedó formalmente constituida a finales de 2015. Su primera clienta de impacto fue la actriz Sarah Jessica Parker, a quien los diseñadores conocieron cuando trabajaron en el taller de Oscar de la Renta. Ella los buscó para que le diseñaran el vestuario que llevó en la alfombra del Met Gala 2016, el cual consistió en un conjunto de pantalón capri, corsé y chaqueta con líneas masculinas, inspirado en el musical de Broadway Hamilton.
Fernando recuerda la tensión que caracterizó el momento en que le informó a Oscar de la Renta, fallecido en octubre de 2014, sobre su decisión. Pero, dijo, eso no afectó su buena relación.
Como prueba está que tras el fallecimiento del diseñador Laura y él volvieron a firma como directores creativos en 2016, una función que desempeñaron hasta febrero de este año, a la par del desarrollo de Monse.
“Hoy día tenemos una participación como parte del board de la compañía y simplemente estamos a su disponibilidad en lo que necesiten para ayudarlos en cualquier cosa”, apunta.
La conversación con Forbes República Dominicana transcurrió entre anécdotas de su mentor y sus aspiraciones con Monse, en una sala de la casa de la familia de Oscar de la Renta, a orillas de la playa de Punta Cana, el complejo turístico ubicado al este de la isla que vio nacer al diseñador.
Monse ha logrado fidelizar a una mujer que busca ironía y humor en su vestimenta, no solo distinción, confirmando que el diseño con propósito tiene un retorno tangible.
“Laura y yo empezamos a diseñar hace tanto tiempo que tenemos ideas que se avalanchan, que desde hace años están incubándose en nuestras cabezas y resucitan de vez en cuando. Siempre tenemos un tipo de folder en la cabeza donde cosas que se nos olvidaron regresan y viceversa”, expresa.
Empezaron deconstruyendo camisas, ahora están enfocados en ropa de noche y bolsas para mujeres, muy concentrados en el mercado de Estados Unidos. Más adelante quieren experimentar con propuestas masculinas, la apertura y la expansión hacia otros mercados. “No sé de tendencias de materiales en la moda, porque nosotros nunca pensamos en tener eso, pensamos simplemente en la identidad de la marca, la identidad de nuestro cliente y lo que necesita”, apunta.
A diferencia de las casas tradicionales que tuvieron que adaptarse a la era digital, Monse nació con esta. “Somos hijos de las redes sociales. Si el atuendo no es fotogénico, no va a sobrevivir en nuestra memoria”, explica García. Esta visión crítica desde el diseño asegura que cada pieza esté lista para el consumo omnicanal actual.
El futuro de Monse se escribe con planes de expansión hacia el segmento de vestidos de gala y la apertura de una tienda física bajo el modelo de “servicio directo al consumidor con cita previa” (direct-to-consumer by appointment), en Nueva York en el próximo año. “Tengo sed de ver qué será este nuevo mundo de gala para Monse. Me encanta el nervio de no saber, esa incertidumbre es la que me impulsa a diseñar”, concluye García, quien se afianza como una de las mentes más estratégicas del diseño contemporáneo.
