Al convertirse en el primer proyecto con base en el Caribe en superar la debida diligencia de los mercados de capital suizos y acceder a infraestructura financiera regulada, Samaná Group estableció un nuevo estándar institucional en materia de gobernanza, cumplimiento y disciplina de capital en la región.
Durante décadas, los proyectos originados en el Caribe han enfrentado un desafío estructural al momento de interactuar con capital institucional. Si bien la región suele captar atención a través de narrativas de estilo de vida o historias de inversión oportunista, esos enfoques rara vez se traducen en la disciplina de gobernanza, la alineación regulatoria y la transparencia financiera que exigen los mercados de capital globales.
Samaná Group tomó un camino distinto.
En un hito poco frecuente para emisores de la región, el grupo se convirtió en el primer proyecto con base en el Caribe en superar exitosamente el estricto proceso de debida diligencia requerido para acceder a los mercados de capital suizos regulados y listar bonos bajo este marco. El logro representa mucho más que acceso a mercado, refleja preparación institucional.
“El objetivo fue la calificación institucional: cumplir con los estándares de gobernanza, cumplimiento y regulación necesarios para operar dentro de mercados de capital regulados”, señala Marek Zmysłowski, fundador de Samaná Group.
¿Por qué es importante este logro?
Los mercados de capital suizos son ampliamente reconocidos como algunos de los más exigentes a nivel global, particularmente en lo que respecta a responsabilidad fiduciaria, disciplina de reporting y mecanismos de protección al inversionista. El acceso requiere documentación exhaustiva, marcos formales de gobernanza y cumplimiento continuo, estándares que muchos proyectos de mercados emergentes no están dispuestos —o no logran— cumplir.
Para Samaná Group, cumplir con estos requisitos marcó un punto de inflexión. En lugar de posicionarse a través de narrativa o promesa, la compañía se alineó con infraestructura financiera regulada, estableciendo un estándar institucional poco frecuente para proyectos originados en el Caribe. En este contexto, la credibilidad se construye a partir del proceso, no de la percepción.

“Una vez que se opera dentro de un mercado de capital regulado, la conversación cambia por completo. Deja de importar de dónde venís y pasa a importar si tu estructura puede sostener el escrutinio”, explica Zmysłowski.
En el centro del posicionamiento institucional de Samaná Group se encuentra su estructura fiduciaria, o fideicomiso. Diseñada para separar la ejecución del desarrollo de la protección al inversionista, esta estructura introduce reglas exigibles, supervisión independiente y mecanismos claros de rendición de cuentas.
En términos prácticos, el fideicomiso limita la discrecionalidad, impone estándares de reporting y alinea el uso del capital con reglas de gobernanza predefinidas. Este enfoque contrasta de forma marcada con muchos vehículos de desarrollo en el Caribe, donde la flexibilidad suele darse a costa de la previsibilidad.
“La gobernanza no es algo que se agrega después. Tiene que estar incorporada desde el inicio; de lo contrario, el capital institucional siempre queda fuera de alcance”, puntualiza señala Zmysłowski.
Otro elemento distintivo del modelo de Samaná Group es la forma en que se aborda la sostenibilidad dentro de su marco operativo. En lugar de tratarla como una capa de comunicación, el grupo integró reglas de sostenibilidad directamente en su protocolo operativo y en su estructura fiduciaria.
Esta integración convierte los compromisos de sostenibilidad en obligaciones exigibles, no opcionales. Las decisiones operativas se rigen por estándares predefinidos y no por mensajes posteriores, reduciendo el riesgo de ejecución y aumentando la alineación con expectativas institucionales de largo plazo.
“Cuando la sostenibilidad forma parte de las reglas operativas, deja de ser subjetiva. Se vuelve medible, exigible y auditable”, afirma Zmysłowski.
Más allá de su propia trayectoria, el acceso de Samaná Group a mercados regulados en Suiza cuestiona una suposición persistente: que los proyectos originados en el Caribe deben apoyarse en narrativa antes que en estructura institucional para atraer capital.
“Esto no tiene que ver con geografía. Tiene que ver con estructura. Si el marco es el correcto y los estándares se cumplen, los mercados de capital responden”, considera Zmysłowski.
El proceso de debida diligencia requirió ajustes en controles internos, estándares de reporting, prácticas documentales y procesos de toma de decisiones. También implicó un cambio cultural: priorizar la disciplina por sobre la velocidad y el cumplimiento por sobre la flexibilidad.
“La credibilidad institucional viene con restricciones. Pero esas restricciones son precisamente las que generan confianza”, reflexiona Zmysłowski.
Con el acceso regulado ya establecido, Samaná Group entiende este hito no como un punto de llegada, sino como infraestructura fundacional. El foco hacia adelante está puesto en mantener estándares de cumplimiento, fortalecer la gobernanza y construir un historial institucional de largo plazo capaz de sostenerse a través de distintos ciclos de mercado.
En lugar de perseguir momentum, el grupo se posiciona en torno a la consistencia, un atributo que el capital institucional valora mucho más que la narrativa o la novedad.
“Nuestro objetivo es ser predecibles. En los mercados de capital, la previsibilidad es credibilidad”, concluye Zmysłowski.
A medida que los inversionistas globales reevalúan cómo y dónde asignan capital, la experiencia de Samaná Group envía una señal clara: cuando la gobernanza, el cumplimiento y la estructura se tratan como estrategia central —y no como elementos secundarios—, los proyectos de regiones históricamente subrepresentadas pueden acceder a la misma infraestructura financiera regulada que los mercados establecidos.
Para los lectores institucionales, esa disciplina —no el storytelling— es lo que finalmente define la credibilidad.
