Para la República Dominicana, representa una oportunidad concreta de avanzar hacia un modelo turístico más diversificado, resiliente y alineado con objetivos de desarrollo económico de largo plazo.
La República Dominicana se ha destacado en los escenarios internacionales con grandes atletas en diversos ámbitos como: la NBA, boxeo, atletismo, la UFC y el béisbol. Sin embargo, tenemos camino por recorrer en materia de turismo deportivo, el cual surge como una herramienta estratégica por su capacidad de generar valor más allá del turismo tradicional.
Para la República Dominicana, representa una oportunidad concreta de avanzar hacia un modelo turístico más diversificado, resiliente y alineado con objetivos de desarrollo económico de largo plazo.
Este tipo de turismo, entendido como el desplazamiento motivado por la práctica, participación o asistencia a eventos deportivos, debe definirse como parte de una visión país que incluya identidad, inversión, infraestructura y posicionamiento internacional. Su aprovechamiento y explotación no surge espontáneamente y las iniciativas aisladas del sector privado no bastan para garantizar su sostenibilidad; es necesario una estrategia nacional acompañada de reglas claras, políticas públicas alineadas y coordinación interinstitucional.
En la práctica, esa actividad constituye una industria donde convergen turismo, infraestructura, medios, entretenimiento, tecnología e inversión. Esta complejidad hace imprescindible una gobernanza bien definida, donde el rol del Estado resulta determinante para articular esfuerzos entre ministerios, autoridades deportivas, gobiernos locales y el sector privado, promoviendo asociaciones público-privadas, cohesionando esfuerzos e intereses y estableciendo estándares que permitan afianzar el turismo deportivo como un eje sostenible de desarrollo económico.
En términos de marca país, el turismo deportivo cumple una función estratégica. Los atletas, los eventos y las sedes proyectan narrativas de excelencia, disciplina y modernidad que trascienden la promoción turística tradicional. Integrarlo a la estrategia de posicionamiento internacional fortalece la reputación del país y mejora su atractivo como destino de inversión, siempre que esa narrativa esté respaldada por una ejecución profesional y consistente.
La República Dominicana no es ajena a esta corriente; hace tiempo viene disfrutando a modestas escalas del turismo deportivo por la celebración de competencias profesionales internacionales de Kitesurf, fútbol, nado, ironman, golf, tenis, voleibol, y el posicionamiento de atletas de primer nivel en disciplinas como beisbol, atletismo y voleibol, quienes sirven como embajadores y marca país. Como nación, hemos dado algunos pasos recientes para consolidar el turismo deportivo como política pública nacional, entre ellos: el lanzamiento de una Estrategia Nacional de Turismo Deportivo por el Ministerio de Turismo en la feria internacional de turismo (FITUR), la creación de una comisión especializada para la construcción de un estadio de beisbol con estándares de la MLB y la celebración de los próximos Juegos Centroamericanos y del Caribe y el remozamiento de nuestras instalaciones deportivas asociadas.
Ahora bien, una clave para que el turismo deportivo en República Dominicana adquiera un reconocimiento internacional es el perfeccionamiento de la logística de eventos y transmisiones, la operación profesional, la preservación de las instalaciones, la incorporación de tecnologías, la gestión de datos y el cumplimiento de estándares internacionales, lo que exige planificación a largo plazo, profesionalización de los actores involucrados y criterios de sostenibilidad ambiental y social. Esto determinará si la infraestructura se convierte en un activo estratégico capaz de generar valor sostenido en el tiempo o en una inversión subutilizada.
La República Dominicana se encuentra, así, ante un punto de inflexión. Si bien el país ha celebrado eventos importantes de carácter internacional, estos avances representan apenas un primer tramo del camino. El turismo deportivo puede ser una tendencia pasajera o una política pública estructural. La diferencia estará en la capacidad de asumirlo como una estrategia de desarrollo país, donde el deporte se consolide como un motor económico, institucional y reputacional. En esa intersección se juega una parte relevante del futuro de la diversificación turística nacional.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.
