Abinader defendió la estabilidad y la seguridad jurídica como los pilares que han llevado al país a captar cifras récord de inversión extranjera, mientras el economista Ricardo Hausmann planteó que el siguiente desafío ya no es atraer más capital, sino lograr que las empresas inviertan en investigación, desarrollo e innovación para cerrar la brecha de productividad.

República Dominicana parece haber resuelto una de las preguntas más importantes para cualquier economía emergente: cómo convertirse en un destino atractivo para la inversión extranjera. Sin embargo, durante el Americas Investment Forum (AIF) 2026, esa pregunta cambió y paso a ser una más compleja. Si el primer paso consistía en atraer capital, el próximo será conseguir que ese capital genere innovación.

Ese fue el punto de encuentro, y, al mismo tiempo, de contraste, entre los mensajes del presidente Luis Abinader, el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón, y el economista Ricardo Hausmann, fundador y director del Growth Lab de la Universidad de Harvard. Mientras el Gobierno defendió que la confianza, la estabilidad institucional y la seguridad jurídica explican el posicionamiento alcanzado por el país como receptor de inversión extranjera directa, Hausmann sostuvo que esos avances, aunque necesarios, ya no bastan para garantizar mayores niveles de desarrollo.

"La confianza es la moneda más valiosa de la economía moderna", afirmó Abinader al inaugurar el foro, al sostener que hoy los países "no compiten únicamente con incentivos o ventajas de costo", sino con la capacidad de ofrecer estabilidad, reglas claras, transparencia y cumplimiento de los compromisos asumidos.

Para el mandatario, esa estrategia explica parte de los resultados que exhibe la economía dominicana. Recordó que el país superó los US$5,000 millones en inversión extranjera directa el año pasado, recibió más de 11 millones de visitantes y consolidó un régimen de zonas francas que genera más de 200,000 empleos directos y representa más del 60% de las exportaciones nacionales. "Más importante que las cifras es lo que representan. Representan empleos, oportunidades, innovación, transferencia de conocimientos y confianza en nuestro país y en nuestra gente", expresó.

Abinader defendió que esos resultados responden a una visión orientada a convertir a República Dominicana en una plataforma estratégica para la inversión, la producción, el comercio y los servicios en las Américas. En un contexto marcado por la relocalización de las cadenas globales de suministro, aseguró que el país ofrece una combinación de proximidad geográfica, infraestructura, talento humano, conectividad y acceso preferencial a mercados de más de 1,000 millones de consumidores.

Esa idea fue respaldada por Sanz Lovatón, quien sostuvo que el ecosistema de negocios dominicano ha experimentado una transformación durante los últimos años. Según el ministro, la percepción que reciben del sector privado internacional apunta a que República Dominicana se ha posicionado entre los países con mayor seguridad jurídica, estabilidad política y crecimiento económico de la región. "Sería imposible no admitir el increíble cambio del ecosistema de negocios al que hemos asistido en la República Dominicana en estos casi seis años", afirmó.

Ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón. Foto cortesía de Aldward Castillo.
Ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón. Foto cortesía de Aldward Castillo.

El funcionario vinculó esa evolución con las transformaciones que vive la economía mundial. A su juicio, la inteligencia artificial, los cambios geopolíticos y la reorganización de las cadenas de suministro están redefiniendo la competencia por las inversiones, un escenario en el que República Dominicana parte con ventajas gracias a su ubicación geográfica, su marco jurídico y su experiencia en la administración de inversión extranjera.

Contraste

Fue entonces cuando Hausmann desplazó la discusión hacia el siguiente reto del desarrollo económico. El economista comenzó desmontando una idea ampliamente aceptada sobre el desarrollo económico. Explicó que América Latina ha logrado avances significativos en salud, educación, participación laboral femenina, urbanización, capital físico y formación universitaria. República Dominicana, dijo, figura entre los países que más han reducido varias de esas brechas respecto a economías desarrolladas.

"En el caso de República Dominicana hay mucho progreso en el cierre de la brecha educativa", señaló al mostrar indicadores comparativos sobre escolaridad y matrícula universitaria. También destacó avances en esperanza de vida, transición demográfica, participación femenina y urbanización.

Sin embargo, planteó una pregunta que cambió el tono de su conferencia: si la región ha cumplido tantas tareas asociadas al desarrollo, ¿por qué el ingreso por habitante continúa rezagado frente a economías como Estados Unidos? La respuesta, según Hausmann, se encuentra en la tecnología. "Lo que está pasando es que la brecha tecnológica con Estados Unidos está aumentando más de lo que estamos cerrando todas las otras brechas", afirmó.

Para el académico, ahí reside el principal desafío que enfrentan economías como la dominicana. La pregunta ya no es solo cómo atraer inversión, sino cómo convertirla en innovación y productividad. En ese punto, Hausmann cambió el foco del debate desde los gobiernos hacia el sector empresarial. "La pregunta es por qué las empresas privadas invierten tan poco en investigación y desarrollo", planteó.

Lejos de atribuir esa situación a una falta de visión empresarial, sostuvo que el problema responde a la ausencia de un ecosistema capaz de convertir recursos en innovación. "No creo que las empresas estén cometiendo un error", dijo. "El problema es que no existe esa caja negra que transforme dinero en innovación".

Con esa metáfora explicó que, cuando las empresas no encuentran instituciones, universidades, centros de investigación y mecanismos de colaboración capaces de traducir la inversión en nuevos productos, procesos o tecnologías, el incentivo para destinar recursos a investigación disminuye considerablemente.

Economista Ricardo Hausmann, fundador y director del Growth Lab de la Universidad de Harvard. Foto cortesía de Aldward Castillo
Economista Ricardo Hausmann, fundador y director del Growth Lab de la Universidad de Harvard. Foto cortesía de Aldward Castillo

Para Hausmann, el debate sobre competitividad ya no debe centrarse únicamente en atraer capital y fortalecer el clima de inversión. El siguiente paso, afirmó, es que las empresas, tanto nacionales como extranjeras, asuman un papel más activo en la investigación, el desarrollo tecnológico y la generación de innovación.

El reto de innovar

Para explicar por qué la innovación se ha convertido en el principal desafío de América Latina, Hausmann recurrió a una comparación con economías que lograron transformar su estructura productiva. A su juicio, países como Corea del Sur no alcanzaron mayores niveles de ingreso únicamente porque invirtieron más en educación o acumularon más capital, sino porque consiguieron que sus empresas lideraran los procesos de investigación y desarrollo.

"Las universidades están patentando algo, pero las empresas no invierten en investigación y desarrollo", afirmó. Para el economista, esa diferencia explica por qué la región continúa ampliando su brecha tecnológica, incluso después de haber avanzado en múltiples indicadores de desarrollo.

Según expuso, el problema no radica en la capacidad de las universidades para generar conocimiento, sino en la escasa conexión entre la academia y el sector productivo. "Yo soy de los que cree que es más fácil que una empresa que tiene un problema busque al inventor que pueda resolverlo, que un profesor en una universidad se ponga a mirar al techo para preguntarse qué solución puede servirle al mundo", expresó.

Bajo esa lógica, sostuvo que las empresas deben asumir un papel mucho más activo en la construcción de un ecosistema de innovación. Eso implica identificar problemas productivos, invertir recursos para resolverlos y establecer alianzas con universidades y centros de investigación capaces de desarrollar soluciones.

Para ilustrar esa idea, Hausmann señaló que en República Dominicana ya existen casos de empresas que han establecido alianzas con universidades para desarrollar investigación y formar el talento especializado que requieren sus operaciones.

El economista indicó que esas alianzas ya han dado lugar al desarrollo de patentes, lo que demuestra que la inversión extranjera puede convertirse en un catalizador para crear capacidades tecnológicas locales cuando trasciende la instalación de operaciones productivas y se vincula con actividades de investigación y desarrollo.

"La inversión extranjera puede ser una forma de arrancar este proceso", sostuvo. Agregó que, en muchos casos, las empresas internacionales introducen prácticas que luego son replicadas por compañías locales, contribuyendo gradualmente al fortalecimiento del ecosistema de innovación.

Aun así, el mensaje reiterativo de Abinader fue claro: "La confianza convierte una idea en una inversión", pero, para Hausmann, el siguiente paso será convertir esa inversión en innovación.

"Necesitamos empresarios que cuenten el cuento de que sí se puede", concluyó el economista, al sostener que ningún gobierno puede sustituir el liderazgo empresarial en la construcción de un ecosistema de innovación.