El encuentro reunió a líderes empresariales, representantes del sector financiero y especialistas para abordar inversión, infraestructura energética, transformación digital, competitividad y el posicionamiento del país como plataforma productiva y logística.

La discusión sobre hacia dónde debe avanzar la economía dominicana encontró un punto de encuentro en el primer Foro Economía & Negocios 2026, una iniciativa articulada por Forbes República Dominicana junto a la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), que reunió en el Hotel InterContinental a representantes del sector productivo, financiero y empresarial para abordar algunos de los asuntos que determinarán la capacidad del país para atraer inversión, elevar su competitividad y generar mayor valor dentro de su economía.

Más que una sucesión de conversaciones sectoriales, el encuentro colocó sobre la mesa una agenda transversal: qué condiciones necesita República Dominicana para pasar de ser un destino atractivo para la inversión a convertirse en una plataforma productiva con mayor capacidad de generar encadenamientos, incorporar tecnología, movilizar capital y responder a las nuevas exigencias del comercio y los negocios internacionales.

La participación de la AIRD en la articulación del foro parte de una premisa que ha atravesado su agenda institucional: el crecimiento económico requiere condiciones que permitan al sector productivo invertir y planificar con una perspectiva de largo plazo.

Ese planteamiento estuvo presente desde la apertura del encuentro, cuando Julio Virgilio Brache, presidente de la AIRD, situó el desafío en la capacidad del país para transformar las ventajas que ya posee en capacidades productivas que generen mayor valor agregado. Para el dirigente empresarial, la diferencia entre un destino y una plataforma está precisamente en lo que ocurre alrededor de la inversión una vez que esta llega al país.

“Un destino recibe inversión, visitantes o mercancías. Una plataforma, además de recibirlos, crea las condiciones para que alrededor de ellos se construyan nuevas capacidades. La empresa que encuentra una verdadera plataforma productiva no solamente invierte capital y genera empleos; desarrolla proveedores, demanda servicios especializados, forma talento, incorpora tecnología y establece vínculos que terminan fortaleciendo el conjunto de la economía”, planteó Brache.

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Desde esa perspectiva, la AIRD identificó tres fundamentos para esa transformación: infraestructura y conectividad; estabilidad macroeconómica y jurídica; y un ecosistema productivo acompañado por la transformación digital. La organización los plantea como partes de un mismo sistema, en el que una debilidad puede limitar la capacidad de los demás componentes para generar resultados.

La infraestructura energética fue uno de los puntos donde esas condiciones se cruzan. Para la industria, contar con energía competitiva y confiable y con las condiciones de financiamiento necesarias para modernizar procesos forma parte de la infraestructura que requiere una economía cada vez más dependiente de la tecnología.

La dimensión financiera también mostró la magnitud de las inversiones que demanda esa transformación. Durante el encuentro, Banco Popular informó que mantiene una cartera de proyectos energéticos aprobados cercana a 1,600 millones de dólares (mdd), incluyendo República Dominicana y su operación internacional, mientras que 46 % de la cartera correspondiente al mercado dominicano está destinada a proyectos de energías renovables.

El vínculo entre infraestructura y actividad productiva fue uno de los elementos que permitió conectar las diferentes conversaciones del foro. La disponibilidad de capital, las condiciones regulatorias, la energía, la infraestructura física y digital y la capacidad empresarial no funcionan como agendas aisladas cuando el objetivo es atraer y desarrollar inversión de largo plazo.

En esa misma lógica, la AIRD puso el foco en los encadenamientos productivos como una de las oportunidades para aumentar el impacto de la inversión dentro de la economía dominicana.

Brache destacó que las zonas francas exportaron alrededor de 8,549 mdd en 2025, pero sus compras y contrataciones en el mercado dominicano alcanzaron unos 2,176 mdd, equivalentes a cerca de una cuarta parte de sus exportaciones. Para la AIRD, esa diferencia representa un espacio para desarrollar proveedores nacionales capaces de responder a las exigencias de las cadenas internacionales.

La apuesta no se limita a incrementar la participación de empresas locales como suplidoras. La organización plantea que una inversión con mayores vínculos con proveedores nacionales, trabajadores especializados, universidades, centros tecnológicos y servicios locales desarrolla raíces más profundas y puede generar más empleos, conocimiento y valor agregado que permanece en el país.

El planteamiento adquiere relevancia en un país cuya ubicación, cercanía con Estados Unidos, acuerdos comerciales, experiencia manufacturera, conectividad logística y estabilidad constituyen ventajas para competir en el escenario internacional. Sin embargo, Brache advirtió que ninguna ventaja geográfica garantiza por sí misma el liderazgo económico: el reto es convertirla en productividad, innovación, talento y capacidad empresarial.

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Esto requiere, según la visión expuesta por la AIRD, una mayor articulación entre industria nacional y zonas francas, grandes empresas y MiPymes, universidades y sectores productivos, así como entre financiamiento e innovación e infraestructura física y transformación digital.

El foro permitió llevar esa visión a una conversación más amplia con actores vinculados al financiamiento, la energía, la tecnología y los negocios. En ese sentido, la AIRD actuó como un punto de articulación entre las necesidades del aparato productivo y las distintas capacidades que deben acompañar su expansión.

La discusión también colocó sobre la mesa el papel del sector empresarial en la construcción de ese entorno. La AIRD plantea que no corresponde exclusivamente al Estado generar las condiciones para el desarrollo: las empresas también deben invertir en tecnología, capacitación y productividad, desarrollar proveedores nacionales y contribuir a un entorno competitivo basado en reglas claras.

El objetivo final es que la inversión internacional no encuentre solamente una ubicación conveniente, sino un ecosistema capaz de ofrecer proveedores competitivos, trabajadores capacitados, infraestructura eficiente, energía confiable, financiamiento, tecnología e instituciones que generen confianza. Al mismo tiempo, que las empresas dominicanas puedan crecer, innovar, exportar e integrarse a las cadenas internacionales de valor.

En ese punto convergieron los distintos temas abordados durante el foro. La competitividad no depende de una sola infraestructura ni de una única política: requiere articular capital, energía, conectividad, tecnología, talento, instituciones y capacidad productiva.

Para la AIRD, esa articulación es precisamente la condición para que República Dominicana avance desde un modelo basado en recibir inversión y movilizar mercancías hacia otro capaz de retener y multiplicar una mayor proporción del valor generado.

El primer Foro Economía & Negocios 2026 funcionó así como un espacio para reunir esas conversaciones y colocar en el centro una agenda de largo plazo: cómo construir las condiciones para producir, invertir, innovar, exportar y competir desde República Dominicana. La AIRD llevó a esa conversación la perspectiva de la industria y su apuesta por un ecosistema productivo en el que las ventajas actuales del país puedan convertirse en capacidades económicas duraderas.