Cuando no hay wifi ni señal de televisión o de radio convencional, la voz del piloto a 12.000 metros de altura parece tecnología punta: "¡España ha ganado el Mundial!". Están los bares, las terrazas, las plazas y los polideportivos municipales con pantalla gigante; lugares comunes para vivir la final de un Mundial, pero intentar seguirla […]

Cuando no hay wifi ni señal de televisión o de radio convencional, la voz del piloto a 12.000 metros de altura parece tecnología punta: "¡España ha ganado el Mundial!".

Están los bares, las terrazas, las plazas y los polideportivos municipales con pantalla gigante; lugares comunes para vivir la final de un Mundial, pero intentar seguirla desde el interior de un Airbus A350-900 sobrevolando el Mar de los Sargazos es "otra final".

Aunque el interior del avión da para lo que da, la respuesta de los pasajeros al mensaje del piloto no se hace esperar: "Campeones, campeones".

Algunos ya habían subido al avión con la camiseta de la selección puesta, otros han sacado la bandera de España de su maleta de cabina y los más confiados en la victoria han destapado un lote de jamón loncheado.

Ataviado con la camiseta de Xabi Alonso y unas chanclas con los colores de España, Lucas de Pingo, natural de Madrid, no ha dudado en darle al jamón desde uno de los asientos de la fila 13.

Al fondo y sin perder sus obligaciones, los tripulantes de cabina lo miran y sonríen.

Todo muy bien en ese preciso momento, el del mensaje del comandante Alex Villarejo informando de la victoria de España. Lo ocurrido antes es, a la vez, otra historia.

Desde que el avión partió a las 14,00 horas de este domingo desde el aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez -destino Cali-, el runrún de los pasajeros tenía sonido de pregunta, la del millón: '¿Cómo podemos ver el partido?'.

A esta se sumaban otras, como si fueran apéndices. "Yo creo que la compañía algo habrá previsto, ¿verdad?" o "una televisión no creo, pero ¿y una radio o algo?", pero también algunas reflexiones o comentarios: "¡Qué fuerte!, la final y nosotros en un avión".

La aeronave, de la compañía World2fly, sigue su vuelo. Alrededor de 500 pasajeros conviven entre alguna cabezada, una conversación con la persona de al lado, algún libro -pocos, la verdad- y muchos cascos de audio.

Vuelve el runrún de cómo tener noticias del partido.

Los pasajeros españoles se mueven en el asiento, como cuando Pedri o Rodri mueven la pelota de un lado a otro en el centro del campo, y miran de un lado a otro como si quisieran encontrar una pantalla gigante; los colombianos, la gran mayoría, van más relajados.

De Getafe es otro español. Bueno, nacido en Colombia, pero después de más de 20 años por "los madriles" se siente de la Roja.

De hecho, lleva puesta la camiseta de España. "La casualidad ha querido que juguemos la final y que yo vuele", relata a EFE con algo de rabia.

Llega el mazazo, como si de un gol en contra se tratara en el último minuto. "No disponemos de señal para ver el fútbol en las pantallas de los asientos y no es posible recibir conexiones de radio convencional, lo lamentamos mucho", comenta un auxiliar de vuelo.

"Es lo que hay", afirma Francisco a quien se le cae el mundo encima aunque esté sobrevolándolo.

Se acerca la hora de inicio del partido. "Muy fuerte esta casualidad", apunta una mujer extremeña mientras mira a su hijo. Este no contesta, la mira y hace un gesto de resignación con las manos.

El desespero lo calma el piloto por la megafonía del avión. "Cuando haya algún gol les informaré ", anuncia entre los aplausos de los pasajeros.

Para algunos no es suficiente. "¿Alguien sabe cómo va el partido?", pregunta un ciudadano colombiano mientras anda por el pasillo. "No, ni idea", le responde un alicantino. "Mare meua y mare meua (madre mía)", apunta con nervios un aficionado -remarca- también del Hércules".

Pasan los minutos y también los carritos de comida por los pasillos.

Vuelve la voz del piloto. "Acaba la primera parte y se mantiene el empate".

Tras el 'eterno' descanso del partido, vuelven las mismas preguntas para las que sigue si haber respuesta. "No sé cómo va".

Suenan las campanillas. "España ha marcado", afirma el piloto sin aportar algún datito más. "Olé y Óle", exclama un español.

Minutos después, el piloto corrige. "No sabemos bien lo ocurrido, pero no ha sido gol". "Que bajen al piloto", comenta una mujer entre bromas y desilusión.

"¡España ha ganado el Mundial!", afirma Villarejo. Se acabó el desespero. Comienza el júbilo. Los pasajeros aplauden y corean.

"Hemos vuelto a tocar el cielo", afirma De Pingo. Sin duda alguna. A 11.000 metros de altura es mucho más fácil tocarlo.

Alberto Santacruz/EFE