El autor nos recuerda el aprendizaje más importante de la pandemia, “nadie se salva solo”; necesitamos comunidad, propósito y vínculos auténticos para mantenernos a flote y ser personas plenas.
Ya atravesamos el primer lustro desde la pandemia del COVID-19 y, en honor a la verdad, poco hablamos de ella. Fue un suceso estremecedor y lo conjuramos invocándolo lo menos posible. Quizás, muy en el fondo, nos embarga algo del complejo del sobreviviente. Pero Sergio Roitberg, que nunca ha renunciado a su sentido periodístico de darle sentido al mundo, nos lleva de la mano y nos pone frente al espejo a descubrir que, producto de ese golpe global, Somos otros.
Y ahora que no hay pandemia… pues, igualmente debemos mantener una conducción afinada en medio de la(s) incertidumbre(s) y desarrollar ya no una capacidad de cambio, sino casi de mutación.
Es iluso pretender volver atrás, resistirnos o soñar que volveremos al status quo que vivíamos. Muy por el contrario, nos concierne la reflexión sobre el lugar de la tecnología, el tipo de liderazgo que desempeñamos y las conexiones humanas que debemos suscitar en lo adelante.
Por ello, Sergio nos llama la atención sobre seis aspectos que bien vale la pena traer a la mesa, aunque sea brevemente:
- La pandemia como cambio de identidad colectiva. Generó la transformación social más rápida de la historia reciente. En pocos meses cambió la forma de trabajar, estudiar, comprar y relacionarnos. El teletrabajo, las reuniones vía Zoom, el streaming, el consumo y la digitalización se adoptaron como prácticas generalizadas a toda prisa, y se han quedado en nuestras vidas, ya para siempre.
- La era de la incertidumbre. Sergio plantea que vivimos en un tiempo donde el futuro es menos predecible que antes. Los cambios tecnológicos, económicos, políticos y sociales ocurren a gran velocidad. Esto nos obliga a adaptarnos, a romper viejos paradigmas, a cambiar imaginarios tradicionales, a movernos en escenarios cambiantes y administrar los miedos.
- La resiliencia como habilidad clave. Se entiende como la capacidad de adaptarnos, recuperarnos y seguir adelante frente a los cambios. Llevada a nuestra realidad ya no es solo una cualidad emocional, sino una competencia esencial para avanzar (y sobrevivir) en el mundo actual.
- El rol de la tecnología y la IA como infraestructura social. Permitió mantener la productividad, el trabajo, la salud, la economía, la educación y que el mundo se mantuviera en marcha. Vino a salvarnos la vida. Nuestro reto más próximo es balancear sus maravillosas posibilidades con la ética y el criterio humano.
- Un nuevo tipo de liderazgo. En la era de la incertidumbre, los nuevos líderes no debemos centrarnos en controlar procesos, hacer presentaciones o P&L, sino en interpretar el cambio, inspirar a las personas y ayudarlas a adaptarse, siendo más empáticos y humanos.
- La importancia de la conexión humana. El autor nos recuerda el aprendizaje más importante de la pandemia, “nadie se salva solo”; necesitamos comunidad, propósito y vínculos auténticos para mantenernos a flote y ser personas plenas.
Al leer Somos otros nos sentimos acompañados, nos damos cuenta de que la desazón que tenemos por los cambios no es solo nuestra. Preguntas como “¿Qué debo hacer con todo esto del micro-change management?”, “¿cómo acompaño a mis compañeros a ver nuevos horizontes?”, o “¿cómo cambio de targets a actores empoderados? A ellos les recomiendo, como primeros auxilios, este libro para ir hallando las respuestas pertinentes.
El autor es publicista, mercadólogo y especialista en comunicación estratégica, managing partner de NewLink Group.
Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de Forbes República Dominicana.
