El principal evento turístico del país articula negocios, análisis estratégico y cambios en la demanda, en un contexto donde el sector busca crecer con mayor diversificación y enfoque en el visitante.

El Dominican Annual Tourism Exchange (DATE) 2026 cerró con cifras que muestran no solo la escala del evento, sino también la evolución del turismo dominicano hacia un modelo más complejo. Con participación récord de empresas y mercados, la edición de este año mostró un cambio en la forma en que el sector articula su crecimiento: menos centrado en volumen y más en conocimiento del visitante, diversificación de la oferta y sostenibilidad del desarrollo.

En ese sentido, la dimensión internacional fue uno de los elementos centrales del encuentro. “Este año tuvimos más de 200 empresas que llegaron de más de 20 países”, afirmó Aguie Lendor, vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana, al destacar que se trata de “probablemente el año que más empresas hemos tenido y más países representados”.

La presencia de mercados como México, Brasil, Colombia, Puerto Rico, Francia y Alemania mostraron una ampliación del alcance del evento, que tradicionalmente ha funcionado como plataforma de comercialización del destino. Sin embargo, en esta edición, el componente de negocios se combinó con una agenda más amplia de análisis y discusión estratégica.

Ese dinamismo se expresó en la cantidad de encuentros comerciales generados. “Hemos tenido más de 8,000 citas confirmadas durante estos días”, explicó Lendor, al describir jornadas marcadas por una alta intensidad de negociación entre operadores, inversionistas y representantes del sector.

Pero más allá del volumen de contactos, el contenido del evento apuntó a una transformación en la lógica de desarrollo del turismo dominicano. Uno de los ejes más destacado fue el cambio en el perfil del visitante, una variable que comienza a incidir directamente en el diseño de la oferta.

“Cada vez más quienes visitan República Dominicana son adultos entre 40 y 60 años”, señaló Lendor, en referencia a datos que el sector viene monitoreando de forma sistemática. Este cambio implica un giro en las expectativas del turista, que demanda experiencias más segmentadas y personalizadas.

“Eso es conocer a tu turista, a quien nos visita”, agregó, al explicar que el comportamiento de segmentos específicos, como mujeres que viajan solas o en grupo, o familias, obliga a repensar aspectos como seguridad, servicios y experiencias.

En ese contexto, la diversificación deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en una necesidad operativa. El crecimiento de nichos específicos, como el turismo deportivo, ilustra este cambio. “Estamos viendo que hay un 12% que está llegando por turismo deportivo”, indicó Lendor, destacando que este tipo de visitante suele viajar acompañado, lo que amplía su impacto económico.

Este patrón también se vincula con la expansión de destinos y ofertas complementarias fuera de los polos tradicionales. Actividades asociadas al deporte, la naturaleza o experiencias específicas comienzan a integrarse como parte de una propuesta más amplia.

La gastronomía aparece como otro eje estratégico dentro de esa diversificación. “La gastronomía es clave, es transversal”, afirmó Lendor, al destacar que la experiencia culinaria se ha convertido en un componente central del producto turístico.

La estrategia incluye iniciativas específicas para posicionar este segmento, como la consolidación de un mes dedicado al turismo gastronómico y la realización de eventos en distintas ciudades del país. Este enfoque busca capitalizar un tipo de consumo que atraviesa todos los segmentos de visitantes.

A la par de estos cambios en la demanda, el sector también enfrenta la necesidad de incorporar herramientas tecnológicas. Durante el evento se abordó el uso de inteligencia artificial como mecanismo para optimizar operaciones y mejorar la experiencia del cliente.

Sin embargo, el discurso del sector mantiene una línea clara sobre el equilibrio entre tecnología y servicio. “El valor diferencial en República Dominicana está en nuestro personal”, sostuvo Lendor, al advertir que, pese a los avances tecnológicos, la experiencia humana sigue siendo determinante en la fidelización del visitante.

“Al final, el trato es esa diferencia por la que el turista va a regresar”, añadió.

Esta visión conecta directamente con uno de los principales retos estructurales del sector: la formación de capital humano. En un escenario donde la oferta se diversifica, la capacidad de adaptación del recurso humano se convierte en un factor crítico.

“Para nosotros seguir creciendo es importante hacerlo en una estructura… es educarnos”, planteó Lendor, al explicar que el sector ha iniciado una coordinación con universidades, el Ministerio de Educación y otras entidades para ajustar los programas formativos a las necesidades del mercado.

Este proceso incluye la capacitación de docentes, la actualización de contenidos y la incorporación de prácticas en hoteles y empresas del sector, con el objetivo de alinear la formación con áreas como turismo deportivo, de salud o de entretenimiento.

El crecimiento de la infraestructura sigue siendo un componente relevante, aunque ya no es el único indicador del desarrollo del sector. Actualmente, el país cuenta con cerca de 90,000 habitaciones hoteleras, con una proyección de 9,000 adicionales en los próximos años.

Este desarrollo está respaldado por la inversión extranjera, que representa cerca del 30% del total que recibe la economía dominicana. Sin embargo, el discurso del sector apunta a equilibrar este crecimiento con una mayor calidad en la oferta.

“Si bien es importante crecer en habitaciones… lo más importante es crecer en educación y diversificación”, enfatizó Lendor.

En paralelo, el turismo también se proyecta como herramienta de inclusión económica. Programas impulsados por el sector han comenzado a integrar a jóvenes y mujeres en condiciones de vulnerabilidad al mercado laboral turístico.

“Nosotros creemos que el turismo es para todos”, afirmó, al referirse a iniciativas que ya han permitido la inserción de personas en áreas operativas de hoteles y restaurantes.

Asimismo, se han desarrollado proyectos de encadenamiento productivo con comunidades agrícolas cercanas a los polos turísticos. “Trabajamos con agricultores… bajo un modelo de kilómetro cero”, explicó Lendor, destacando que este esquema busca conectar la demanda del sector hotelero con la producción local.

El componente ambiental también forma parte de la agenda, aunque con desafíos pendientes. El sector ha avanzado en la reducción de plásticos de un solo uso y en prácticas de eficiencia energética, pero reconoce la necesidad de un marco normativo más adecuado.

“La ley de residuos sólidos es fundamental… pero necesitamos que se revise y se modifique”, señaló Lendor, al indicar que la sostenibilidad del crecimiento turístico depende en parte de condiciones regulatorias que permitan mejorar la gestión de residuos y fomentar la valorización.

El balance del DATE 2026 mostró a un sector que, si bien mantiene su dinamismo en términos de negocios e inversión, comienza a reconfigurar sus prioridades. La ampliación de mercados, el cambio en el perfil del visitante y la necesidad de diversificar la oferta plantean un escenario en el que el crecimiento ya no depende únicamente de la expansión, sino de la capacidad de adaptación.

En ese contexto, el turismo dominicano enfrenta el reto de sostener su competitividad mediante una combinación de escala, especialización y gestión estratégica, en un entorno donde las condiciones del mercado y las expectativas del visitante continúan evolucionando.